Todos los condicionantes se han juntado para que Natalia Kúrkina, de 29 años, casada con un malagueño y vecina de La Roca, haya quedado atrapada en la burocrática tela de araña de su país de adopción.

Porque esta licenciada en Filología Hispánica, ciega de nacimiento y que estudió la carrera en su país , a pesar de tener un tumor en la médula que le ha dejado con un 78 por ciento de discapacidad y en silla de ruedas, no tiene acceso a ningún tipo de ayuda oficial.

Para empeorar la situación, a su marido, Ismael Aguado de 30 años, técnico informático, le vence el paro el mes que viene.

«Vine a España por amor, por mi marido. Nos conocimos por casualidad por Skype, él vino a Ucrania y estuvo conmigo tres meses en plena guerra civil», cuenta Natalia en un excelente español.

La pareja contrajo matrimonio el 5 de febrero de 2020, un mes antes de decretarse el estado de alarma. El año anterior le habían operado de un tumor, que no consiguieron extirpar del todo. « Se eliminó todo lo que se podía pero quedó integrado dentro de la médula. Ahora, andar puedo un poco por la casa pero con las manos no puedo hacer nada», detalla.

La situación ha hecho que Yulia, su madre, se haya venido a Málaga a vivir con su hija y su yerno para echarles una mano.

Y aquí empieza la madeja de la burocracia porque, aunque sea ciega de nacimiento, y pese a que Natalia recalca que en la ONCE le han atendido muy bien, «no me puedo afiliar porque todavía no tengo la nacionalidad española».

Y pese a llevar cinco años en España y estar casada desde hace más de un año con un español, «la obtención de la nacionalidad está parada porque necesito demostrar que me puedo mantener económicamente y, obviamente, sin tener ingresos no puedo demostrarlo».

Yulia, la madre de Natalia, atiende a su hija. | ÁLEX ZEA

Sin dependencia ni IMV

Tampoco tiene concedida la dependencia, que solicitó en febrero «y me han dicho que va para largo, lo mismo que cuando he pedido la pensión no contributiva». Y eso que, tras la operación de su tumor, explica que «se trata de una lesión muy complicada, puede haber mejoría pero tampoco muy grande y con muchísimo trabajo y rehabilitación».

Por si fuera poco, le denegaron el ingreso mínimo vital (IMV). «Me dijeron que tenía patrimonio», comenta y su marido apunta con ironía: «Me gustaría saber dónde está ese patrimonio porque nos vendría muy bien. En la Seguridad Social nos dicen que no consta».

Como explica Ismael, los tres salen adelante con los 783 euros de paro que recibe, prestación pero que termina en junio, y si pueden pagar el alquiler es porque un tío del malagueño les paga la mitad. Durante el día, el técnico informático no deja de enviar currículum, «pero por mucho que busco y rebusco, no tengo nada todavía en el horizonte».

Además, hace tres semanas que esperan una llamada del asistente social por si pueden entrar en algún economato. «Tenemos que seguir luchando para conseguir lo que se pueda», comenta Natalia. No pierde la esperanza.