Isabel Núñez cumplió 101 años el pasado noviembre y lo celebró rodeada de su amiga Remedios Villalba, su gran pilar desde hace un cuarto de siglo, de sus cuidadoras y del personal del Hospital Quirónsalud de Málaga. Desde hacía dos años, una de las habitaciones de este centro hospitalario de la capital se había convertido en su casa, los pasillos en su zona de paseo y la plantilla, en su gran familia. Con esa gran compañía, Isabel sopló las velas.

En mayo de 2019, esta malagueña nacida en Ronda ingresó debido a un problema de espalda y, aunque sus huesos consiguieron recuperase, volver a casa resultaba imposible debido a ciertos asuntos familiares que se lo impedían.

De manera que un acuerdo entre la dirección hospitalaria y la compañía aseguradora permitió que Isabel permaneciese en el centro mientras se le buscaba plaza en una residencia, ya que en Málaga no tenía parientes cercanos con los que poder marcharse.

«Cuando quisimos dar de alta a Isabel, que tenía un apoyo tanto por parte del Ayuntamiento como por La ley de Dependencia, pues no podía irse a casa», explica el director del Hospital Quirón, Miguel Marcos. «Lo pusimos en comunicación de su centro de salud, de su trabajador social y, por supuesto, decidimos que Isabel no se podía ir. Y ahí empezó un camino de casi dos años».

Celebración de su 100 cumpleaños.

Celebración de su 100 cumpleaños. L. O.

Pandemia

La irrupción de la pandemia complicó la búsqueda de una plaza en una residencia de mayores, ya que se convirtieron en los focos más vulnerables al contagio de Covid-19, lo que prolongó su estancia en el Quirón. Allí se convirtió en la «abuelita» del hospital.

«La queríamos muchísimo, estableció lazos con toda la enfermería, la teníamos como una más», explica la enfermera Sara Vilches. El avance de la crisis sanitaria y el aumento de los contagios hizo que fuera trasladada de planta en varias ocasiones a medida que se llenaba el área de hospitalización con pacientes contagiados, por lo que pocos empleados había en el hospital que no se hubiesen pasado por la habitación de Isabel. Y si quedaba alguien que no había coincidido con ella aún, acudía en su busca y se presentaba.

Antes de que empezase el turno o incluso después de acabar, el personal pasaba a visitar a Isabel y aprovechaba para darle esos cuidados que, según la enfermera Vilches, no están recogidos «en ningún documento»: le arreglaban las uñas, le cortaban el pelo, le traían bombones, regalos... aunque también aprovechaban para charlar, echar algún que otro baile, unas risas o simplemente preguntar qué tal el día. María, la cocinera, le preparaba sus propios platos, a su gusto, ya que solía comer muy poco.

Isabel en una ‘sesión’ de peluquería.

Isabel en una ‘sesión’ de peluquería. L. O.

«Un paciente así enorgullece la profesión del sanitario. Lo que mantenía esa llama de vida que tenía ella era esa alegría que, por lo menos nosotros, tratábamos de transmitirle», cuenta Pablo Navarro, auxiliar de enfermería, que recuerda los desayunos compartidos con Isabel y sus compañeros en la oficina de planta y las conversaciones en las que esta paciente prometía hacerle un jersey para su futuro hijo.

«Hay mil anécdotas de cosas que se hacían con ella. Todo el mundo estaba muy pendiente y todo el mundo sabía además que una persona de 100 años estaba totalmente sola en el mundo», añade Miguel Marcos, que recuerda con cariño a Isabel cantando junto a Andrés Olivares y los voluntarios de su Fundación.

Finalmente hubo plaza para Isabel en una residencia y, tras empeorar su salud a raíz de una neumonía con complicaciones, volvió a ingresar en el Hospital Quirónsalud de Málaga en un estado crítico. Enfermeras, auxiliares, médicos, el director... todos acudieron a despedirse y poco después acabó falleciendo.

«Siempre he creído en nuestra profesión, porque es vocacional, pero ante la insensibilidad que tenemos hoy en día que veas esto. Cómo la han protegido...», agradece profundamente Remedios, de profesión sanitaria y unida a Isabel por una amistad desde hacía más de 25 años pese a la diferencia de edad, que la cuidó y la sintió «como a una madre». «No hay palabras para agradecer este comportamiento. A Isabel la querían».