En el calendario laboral de cada año figura desde no sé cuándo la festividad o día de Todos los Santos; este día, desde que tengo uso de razón, es el 1 de noviembre.

Quizá sea prematuro escribir ahora, que falta aún mucho tiempo para el próximo primero de noviembre y que no sé si dará lugar a eso que gusta tanto a los trabajadores, un «puente», un respiro laboral que pone en las carreteras españolas a varios millones de automóviles con otros varios millones de personas dentro de los vehículos, aparte los que emplean otros medios de transporte como los aviones, autocares, trenes, barcos…

La tradición del primero de noviembre se respeta en España salvo que algún progresista lo cambie, pero no así el día 2, festividad de los Fieles Difuntos o Día de los Muertos. Pero este día es laborable, o sea, que se trabaja aunque miles de españoles se acerquen a los cementerios a depositar flores en las tumbas, sepulcros, nichos o columbarios en los que yacen los restos o cenizas de sus deudos.

¿Por qué me ocupo en este mes de celebraciones tan arraigadas en los españoles creyentes o no creyentes? Pues muy sencillo: las defensoras del feminismo, que tanto interés manifiestan en erradicar el lenguaje machista, todavía no han levantado el hacha de guerra para exigir que el día no laborable de Todos los Santos no se haya enriquecido con el matiz femenino.

Quizá dentro de unos años se acabe con este atentado hacia las mujeres y en los documentos oficiales sobre las celebraciones aparezcan, como es de justicia, el Día de Todos los Santos y Santas, con la indelicadeza de dejar el femenino en segundo lugar, y para que todas puedan cantar el alirón del triunfo, Día de los Fieles y Fielas Difuntos y Difuntas.

¡Qué triunfo del feminismo! Estamos en la etapa del progresismo, que según la RAE es «conjunto de ideas y doctrinas progresivas».

Como en España no tenemos problemas importantes que afrontar porque todo marcha sobre ruedas –educación, sanidad, pensiones, paro, comunicaciones, productividad, cambio climático, agua, contaminación, despoblación, economía, incendios forestales, muerte de mujeres a manos de sus maridos o parejas sentimentales (¡vaya sentimientos!), violaciones, llegada de pateras, menores abandonados, deuda…- quizá sea el momento indicado para oponernos a la actitud de los confiteros y pasteleros de elaborar cada inicio del mes de noviembre «huesos de santos»… ¿Es que no hay santas en el santoral? Hay que obligar a los propietarios de confiterías, pastelerías y obradores que, a partir de la publicación en el BOE, en la próxima festividad de Todos los Santos se ofrezcan al público «huesos de santos y de santas» al cincuenta por ciento.

Con esta orden, uno de los graves problemas del país, se resolverá con un decreto ley.

¡Más fiestas!

En España tenemos varias fiestas que aparecen en colorado en los almanaques que se reparten y venden con fines benéficos; unas veces son bomberos, otras personas de uno y otro sexo que se desnudan para incrementar las ventas, otros con fotografías de monumentos, reproducciones de cuadros de pintores famosos… Salvo error u omisión tenemos la Fiesta de los Reyes Magos el 6 de enero (la celebran hasta los agnósticos), el 1 de mayo, la Fiesta del Trabajo (que se festeja no trabajando; un contrasentido), el Viernes Santo, fiesta movible (los agnósticos también la celebran a su manera), el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen, con fiestas en la mayoría de los pueblos de España porque en la Virgen de Agosto se congregan más de veintitrés mil advocaciones de la Virgen María que hay en España (según Luis Carandell en el programa ‘Las mañana de Radio 1’ en julio de 1996).

Saltamos al 12 de octubre, Fiesta de la Hispanidad (a algunos les repele lo de la Hispanidad o Día de la Raza); el 6 de diciembre, Día de la Constitución Española (otro mal rato para algunos); el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada (no les gustará a los no católicos pero se acogen a la solemnidad para no trabajar) y, finalmente, el día 25, Navidad, otro tanto de lo mismo.

En los almanaques -no en todos- aparecen en azul el Día de Andalucía, el Día de las Islas Baleares, el de Castilla-León, el de Canarias, el de Madrid… y así hasta todas las comunidades.

Después tenemos las fiestas locales –en Málaga la Virgen de la Victoria y San Ciriaco y Santa Paula- y en otras ciudades el Día de la Resaca, el Día de San Valentín…y el Día de la Reflexión, que no es festivo y que precede al de las elecciones municipales, autonómicas, generales… porque somos muy dados a convocar elecciones. Esos comicios tienen por tradición un día la semana: los domingos.

Yo no sé cuántas fiestas tienen los suecos, los daneses, los colombianos y los nacidos y residentes en cualquiera de los doscientos y pico de países que hay en el mundo.

En cada país, con motivo del Nuevo Año, hay alguna costumbre o rito tradicional que se cumple en muchos casos. Por ejemplo, los italianos festejan la Nochevieja comiendo lentejas; en otros países –quizá también en Italia-, las mujeres estrenan bragas rojas. Yo, y varios millones de habitantes del mundo mundial, lo festejamos encendiendo la televisión para ver y oír el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena que casi siempre parece el mismo y que atrae a medio mundo.

Si me llama alguien por teléfono el Año Nuevo próximo por la mañana, si vivo para entonces, estaré escuchando y viendo la música de los Strauss con los imprescindibles ‘Danubio Azul’, de Johann Strauss II y la ‘Marcha Radetzky’ de Johann Strauss vater, que en alemán es padre y en español, con tilde –váter- es retrete.