Si preguntamos qué es lo que caracteriza a España en lo referido a la moda, la respuesta seguramente sería una mujer vestida de flamenca. Los volantes y los lunares han creado tendencia tanto fuera como dentro de nuestro país; incluso algunos vestidos han sido lucidos por estrellas de Hollywood en eventos internacionales.

El sector actualmente se encuentra abatido, tras la catástrofe que vivió el año pasado debido a la crisis sanitaria. Es el segundo año en el que los trajes de flamenca, los mantones de manila, peinetas y flores aguardan en el armario. Sin ferias ni romerías el sector agoniza lentamente.

Y detrás de esos negocios se encuentran familias y rostros como el de Moisés Guerrero. Él es el gerente de Viva la Feria, una tienda de moda flamenca, de traje y zapatos flamencos. Guerrero asegura que su facturación ha bajado en un 80% y «cada vez va aumentando la deuda».

«Actualmente hemos potenciado la línea de complementos, como zapatos o mantones de manila para la línea de baile», dice.

Con la crisis sanitaria y el cierre de los comercios, Moisés optó por la venta online pero aún así no tuvo el éxito que esperaba: «Hasta el negocio online se ha visto afectado por la Covid. Hemos sentido que la moda flamenca ha sido muy señalada al no ser de primera necesidad», denuncia.

El Rocio, una de las tiendas de referencia en moda flamenca Álex Zea

Por estas fechas, ya habría cientos de encargos para ferias, romerías o para una de las tantas fiestas que se celebran por toda Andalucía hasta final de verano, pero la realidad es bien distinta. La cancelación y aplazamiento de estos eventos ha dejado a la moda flamenca en bancarrota.

El gerente de Viva la Feria mantiene el negocio gracias a la venta online internacional, «porque apenas hay venta nacional».

Como otros muchos compañeros, la propietaria de Astrid Hohle Flamenca tuvo que cerrar su negocio y despedir a toda la plantilla: «Mi facturación cayó en un 100% y ahora he abierto y estoy sola». Ella decidió cambiar el modelo de negocio y dedicarse a hacer mascarillas, ropa para bebés y señoras.

Negocios familiares como la tienda Dos Lunas sobreviven a base de préstamos: «Ya no hay ni ahorros, porque ya están agotados», dice Mari Ángeles de la Luna, propietaria.

De la Luna calcula que su facturación ha caído en más de un 90%, y denuncia el abandono de su sector: «No todo es la hostelería, también hay otros negocios. Es que no vendemos nada y escucho a los hosteleros quejarse, pero ellos al menos tienen gente en los bares», dice.

Moisés Guerrero, gerente de la tienda Viva la Feria. ÁLEX ZEA

Pocas ayudas

Aunque no hay datos oficiales sobre lo que puede mover el negocio de la moda flamenca en cuanto a facturación, lo cierto es que supone una importante aportación al PIB.

Durante estos meses de agonía, los empresarios han podido acudir a ayudas proporcionadas por el Gobierno, pero critican la escasez de las mismas: «Hemos acudido a todas las ayudas y actualmente la única subvención a la que hemos podido acceder es a la de modernización del comercio», dice Guerrero. Por su parte, la propietaria de Dos Lunas afirma que en su caso sólo pudo acogerse a un cese de actividad durante el confinamiento y a la ayuda por la reducción en la facturación superior al 75%.

Tras el anuncio del Ayuntamiento de Málaga acerca de una posible celebración de algún tipo de feria en la ciudad, los comercios de la moda flamenca esperan que así sea: «Somos conscientes de lo que tenemos, la tendencia es mejorable y estamos ilusionados. Si no tenemos una feria al 100%, al menos tener algo», sostiene Moisés Guerrero.

Y aunque ven el futuro con incertidumbre, mantienen la esperanza de que su situación cambie; y que los lunares, los volantes y los trajes coloridos paseen de nuevo por las calles de la Málaga.