En el brumoso mundo de los apellidos hay cierta justicia cómica o poética cuando comprobamos, por ejemplo, que un expresidente autonómico, tradicionalmente ávido en arrancar competencias al Gobierno central para mayor gloria de su tribu imaginaria, se apellida Mas, aunque sea sin acento.

Con la familia de banqueros Botín y un parlamentario famoso en su día por su tono hosco y faltón, apellidado Rufián, ocurriría algo parecido.

En el proceloso callejero de Málaga también pasan estas cosas. Hace veinte años esta sección visitaba la calle Agatha Christie, en San José del Viso, para constatar que bien podría ser el escenario de algún crimen (literario) en el que husmearan miss Marple o monsieur Hércules Poirot, pues de calle sólo tenía el nombre, ya que ofrecía al mundo un terrizo bastante sucio e inquietante (hoy, por contra, ya no se encuentra en tan novelesco estado, afortunadamente).

Y qué decir de la calle dedicada al director Frank Capra, en Teatinos. Al final de esta vía sin salida se ofrece al paseante la peliculera escena del fallido centro deportivo Bizcochero-Capitán, con los pilares del aparcamiento subterráneo al aire libre y llenos de pintadas. con el suelo repleto de cristales y la Ciudad de la Justicia de fondo.

Sin duda, a este paisaje le vendría al pelo el título de una de las películas de este gran director: ‘Horizontes perdidos’.

Y no es de extrañar que la Asociación de Vecinos de La Trinidad comience en la calle Jara su proyecto piloto de embellecimiento del barrio con plantas y flores, para convertirlo en un atractivo turístico. En la calle Jara, por cierto, la iniciativa privada ya ha llenado un tramo de tiestos y maceteros.

Otra calle muy peculiar, esta vez en El Palo, es la dedicada a la cordillera de los Andes. El firmante ignora si el responsable de elegir la vía tuvo en cuenta las condiciones orográficas del terreno. Si fuera así, habría que felicitarle por su sentido del humor, puesto que la calle Andes es una empinadísima cuesta, hasta el punto de que está tomada por una gran escalera, con tramos de descanso para que tome aliento el vecino escalador.

Sin necesidad, eso sí, de bombonas de oxígeno para domar la altitud, la vía une la transitada calle Almería con la calle Martínez Falero.

Y para que el ascenso no se haga tan pronunciado, en el centro se han instalado grandes maceteros con plantas -cicas, cáctus, brachichiton y aves del paraíso-.

El ‘azar municipal’ del callejero, queda constatado, también nos regala ironía.