«Para mí eso era un paraíso, era fantástico. No había nadie y todo eso era para nosotros», confiesa Clemente González Suárez.

Este malagueño de 65 años describe así los idílicos veranos que pasó en el pantano del Chorro, una tradición que comenzó allá por el año 68 o 69, aprovechando que su tío, José Olmedo, era el capataz de la presa del Conde del Guadalhorce. «Vivía con mi tía en la casa del maestro, que hoy en día está cerrada», recuerda.

Esa adolescencia en un lugar de ensueño le hizo descubrir el Caminito del Rey con las fascinantes paredes de piedra e iniciarse allí mismo en la escalada en el año 1972. «Fue mi gran pasión», destaca.

El escritor, en 1975, mientras escalaba las paredes del Chorro Archivo del autor

Como explica, en esa década de los 70 la zona sufrió un importante abandono: «Entubaron el agua desde el Gaitanejo hasta la central eléctrica Nuevo Chorro, con lo que el canal dejó de servir y Sevillana dejó de mantener aquello y después el vandalismo hizo el resto».

Por eso, en muchas ocasiones, ya sin sus tíos, cuenta que practicó la escalada en un entorno solitario por completo.

Ligado a este paisaje desde hace más de medio siglo, Clemente González, miembro del Colectivo Malagueño de Escritores, quiso homenajearlo y reivindicarlo en la obra ‘El Desfiladero de los Gaitanes’, publicada hace unos años por Ediciones del Genal.

Ahora, en 2021, el escritor malagueño, con una amplia obra que incluye desde crónicas montañeras hasta un libro sobre El Torcal de Antequera, acaba de publicar una tercera edición ampliada de este libro sobre el Chorro, con el subtítulo ‘Centenario de una visita real’.

Acto de colocación de la última piedra de la presa del Pantano del Chorro, con el rey Alfonso XIII, el 21 de mayo de 1921. | ARCHIVO DEL AUTOR

El libro, detalla, incluye un amplio apartado sobre la visita de Alfonso XIII a las obras de la presa del pantano del Chorro el 21 de mayo de 1921, para colocar la última piedra. En 1953 pasó a llamarse oficialmente Embalse del Conde de Guadalhorce, en homenaje al director del proyecto, Rafael Benjumea, fallecido un año antes, en 1952.

Para hacer realidad este libro, el escritor se ha pateado los principales archivos de Málaga y también la Biblioteca Nacional. «He tratado de revivir exactamente cómo fue la visita de Alfonso XIII hasta que termina en Pizarra», subraya.

El famoso Caminito del Rey, el camino de mantenimiento del canal de agua, se conoció de esta manera porque lo recorrió el monarca en mayo de hace un siglo. Pero como detalla Clemente González, «hay controversia, porque se decía que el rey había recorrido el camino entero, pero no pudo hacerlo porque no existía completo, sólo la mitad», precisa y recalca que «recorrió la pasarela hasta el puente de la Cueva del Toro».

Para distinguir la parte original del segundo tramo sólo hay que fijarse en que el camino que recorrió Alfonso XIII es el que cuenta con arcos de hierro de adorno que tienen un curioso origen: «Los mandó hacer Benjumea para imitar los balcones con arcos de la casa de los condes de Benahavís, en la Alameda, 32, la casa de su suegra».

En cuanto a la segunda parte del Caminito del Rey, el escritor explica que, a raíz del nombramiento de Rafael Benjumea como ministro de Fomento, «continuó las obras Manuel Giménez Lombardo, que era un hombre más pragmático y lo terminó sin los arquitos».

Otro detalle curioso de aquella visita real es el asiento y la mesa de piedra en la que Alfonso XIII tomó asiento para firmar en el acto de colocación de la última piedra.

Aunque las dos piezas se conservan, el escritor explica que la tabla de la mesa no es la original: «Cuando llegó la II República la mesa fue a parar al pantano, luego la rescataron pero la tabla no apareció, por lo que colocaron una imitación de la original».

Y tampoco se aprecia a la primera dónde está esa última piedra de la presa del Chorro, colocada por el bisabuelo de Felipe VI. «En 1947 se amplió la presa y la última piedra quedó unos 4,5 metros hacia abajo. Cuando el pantano está lleno no se ve». Como subraya, en el libro detalla por dónde se encuentra.

Clemente González, que conoció el Desfiladero de los Gaitanes en una soledad absoluta, ve con optimismo el cambio del último lustro, cuando se ha hecho famoso en todo el mundo. «Ha sido una cosa muy buena. La creación de puestos de trabajo ha sido un balón de oxígeno para una zona que estaba marchita».

Puente colgante y Caminito del Rey en la actualidad. L.O.

Además, cuenta que el arquitecto Luis Machuca, responsable de la transformación del Caminito del Rey, le invitó a recorrer las obras en los últimos días y pudo revivir así su adolescencia, homenajeada en este completo libro.