Como sabrán tan bien como el firmante, la hemeroteca digital de este periódico, como la de cualquiera, permite al usuario consultar la evolución de cualquier asunto a través del tiempo.

En 2016, esta sección se hacía eco de ‘El blanqueo de un mirador psicotrópico’, en Campanillas, es decir, el adecentamiento de un rincón próximo a la calle Jacob, que había sido objeto de una desigual furia pictórica, pues desigual era el resultado artísticos de las pintadas allí reunidas, a pocos metros de un precioso mirador.

En la siguiente visita, en 2018, con ‘El mirador de Campanillas y los dientes de Dickens’, la sección se hacía eco de la lejana visita del gran escritor inglés a Estados Unidos, en la década de 1840, lo que fue aprovechado por un avispado fabricante de pasta de dientes para anunciarse en la prensa y recomendar su producto, con el fin de que nadie luciera los dientes amarillentos del autor de ‘David Copperfield’.

Tan malsano uso publicitario enlazaba con la situación de este mirador de Campanillas , pues en 2018 se encontraban los restos de un enorme anuncio de una promotora o constructora, que se había quedado en los huesos, porque exhibía la estructura metálica salvo un trozo de panel que el viento podía convertir en un objeto volante no identificado.

Sin embargo, con ‘Un mirador renovado en lo alto de Campanillas’, del verano de 2019, la sección constató la mejoría del entorno y el esperanzador estado de revista. Las cosas habían cambiado y mucho.

Dos años más tarde, volvemos a este paseo esplendoroso para comprobar que el mirador está todavía en mejores condiciones. La estructura metálica oxidada se fue por donde vino y dejó de emular de forma peligrosa al ‘Peine de los vientos’ de Chillida.

La basura, tradicionalmente relacionada con la ingesta grupal de alcohol, era el pasado miércoles testimonial, apenas una bolsa y sin ‘espurrear’. Por otra parte, el riego automático del lugar y la aparición de nuevas plantas está convirtiendo poco a poco este rincón poco frecuentado del barrio en un vergel.

Se accede a él por la mencionada calle Jacob, tras bordear la iglesia del Carmen. En realidad se trata de una acequia de riego cubierta y convertida en sendero, con vistas estupendas a la Sierra de Mijas, Alhaurín de la Torre, la Vega del Guadalhorce y Cártama. Ahí es nada.

Es justo lo que querrían hacer los vecinos de Mangas Verdes con su tramo del acueducto de San Telmo, un parque en el que llevan atascados 19 años. En Campanillas lo consiguieron . Felicidades.