Lucía Cervantes, licenciada en Biología y Técnica Superior del Laboratorio de Análisis y Control de Calidad, ha logrado dentro del programa de Doctorado de ‘Biotecnología Avanzada’ de la UMA, la obtención de nuevas variedades de frutos rojos más saludables. Con la repercusión que ha tenido su trabajo, Cervantes piensa que «la investigación debería ganar protagonismo en la sociedad ya que es un motor de progreso e innovación».

La tesis doctoral de la bióloga se ha desarrollado bajo la dirección de María Teresa Ariza y Elsa Martínez-Ferri, investigadoras del centro de Málaga del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de Andalucía (IFAPA Málaga). «Ellas me lo propusieron, me pareció un proyecto muy interesante y dije que sí sin dudarlo. Además, siendo de Huelva, el tema de los frutos rojos me tiraba muchísimo, así que me pareció buena idea poder especializarme en un sector tan importante para mi región», declara Lucía Cervantes.

La investigación sobre los frutos rojos no ha sido tarea fácil para esta licenciada, aunque era un proyecto ya pensado. «Unos resultados llevan a otros, luego resulta que no da el resultado que esperas y a veces no puedes avanzar ahí», explica. Por eso, Cervantes aconseja leer mucho para obtener una visión de conjunto y sobre todo discutir mucho los resultados e intentar buscar posibles explicaciones a los fenómenos que surgen a partir de los datos.

Lucía Cervantes se incorporó al IFAPA Málaga a mitad de 2016, pero no se matriculó en el programa de doctorado en la UMA hasta el curso 2017/18. Todo ese tiempo precisó la investigadora para, finalmente, entregar su tesis el verano pasado.

Actualmente, la investigadora trabaja en una empresa llamada Viveros California, en Huelva, que se dedica a la producción de planta de fresa y frambuesa en varios formatos. Es un vivero seleccionador, en el que ella trabaja en el departamento de I+D, «participando en el programa de mejora tanto de fresa como de frambuesa y en el laboratorio de cultivo de tejidos».

Ayudas y visibilidad

Ninguna investigación puede hacerse en solitario, sea del tema que sea. En este sentido, la bióloga considera que cualquier investigación requiere un esfuerzo conjunto de muchas personas en todos los pasos del proceso y recalca: «Aunque sea mi tesis doctoral, he contado con la ayuda de todo mi grupo, que además de formarme y guiarme también han estado involucrados en el desarrollo de la misma».

La labor del científico, según Cervantes, es generar conocimiento. También afirma que los científicos deben de ser capaces de transmitir ese conocimiento a la sociedad, de la misma manera que solicitan que se reconozca la figura como carrera profesional. «En España se forman buenos científicos y se investiga mucho para la poca inversión que se hace en ciencia», asegura la investigadora.

Además, la bióloga apoya iniciativas como la Noche Europea de los Investigadores y la semana de la ciencia que se celebran anualmente: «Hay que fomentar y visibilizar la imagen del científico».

Frutos rojos más saludables

Para el desarrollo de este proyecto, se han realizado ensayos de campo en una finca experimental del IFAPA en Moguer (Huelva), simulando las condiciones de cultivo de la zona productora de Huelva –que representa el 95% de la producción de los frutos rojos en España y es una de las principales zonas productores en el mundo, en los que se han analizado la calidad organoléptica, que aborda aspectos del fruto relacionados con la percepción de los sentidos, y nutracéutica o funcional, que insiste en los beneficios de los compuestos antioxidantes para la salud.

El ambiente es otro factor con repercusión en la calidad de los frutos rojos. Según Cervantes, este influye de manera directa en la manifestación de los caracteres de la planta. «Aspectos como la luz incidente, la variación de la temperatura o la humedad relativa pueden tener un alto impacto en la composición de estos frutos», asegura.

De hecho, uno de los resultados que ha constatado esta tesis es que, de los frutos de fresa estudiados, aquellos que recibieron distinta cantidad de luz presentaron diferencias en sus caracteres de calidad, entre ellos, en el nivel de antioxidantes.

Por otro lado, se ha investigado la afectación de los frutos durante la digestión. «Para que los antioxidantes hagan su efecto deben ser capaces de liberarse de la matriz del alimento y absorberse por el sistema digestivo. Así llegan a la sangre y a los tejidos y, una vez allí, hacen su acción beneficiosa», aclara Lucía Cervantes.

En este sentido, la doctora destaca que para poder aumentar la composición en antioxidantes mediante programas de mejora hay que evaluar no solo la composición que los frutos poseen propiamente, sino tras el proceso de digestión, ya que no son proporcionales.

«No obstante, esto es solo el principio del camino y aún queda mucho trabajo por delante, puesto que hay que seguir estudiando para encontrar un indicador de la capacidad antioxidante biodisponible en el fruto sin digerir, para así poder caracterizar las propiedades biosaludables de una forma más rápida, de cara a futuros programas de mejora que busquen frutos rojos más saludables», concluye la bióloga.