«El importantísimo volumen vendría a situarse en la que probablemente resulta la posición más visible de la ciudad y en cualquier caso alteraría profundamente la fachada marítima».

Tan rotundas palabras salieron de un informe de la Gerencia de Urbanismo de 2007, cuando rechazó un impactante proyecto hotelero en el mismo sitio donde hoy se quiere levantar el rascacielos del Puerto.

Que unos años más tarde el alcalde de Málaga defienda justo lo contrario, sin que haya cambiado ningún elemento, es algo insólito.

Pero es que todo lo que rodea al rascacielos catarí, tramitado todavía con 150 metros de altura, resulta insólito.

Recordemos el informe de la Consejería de Medio Ambiente de 2017, convertido a su pesar en una pieza memorable del humor español, cuando quitaba hierro al impacto visual del artefacto, al asegurar que «estas vistas son fácilmente modificables en función de la ubicación del observador». Es decir, que si nos movemos de sitio dejaremos de ver el mamotreto. Ni el maestro Gila lo habría expresado mejor.

También el actual responsable de la Autoridad Portuaria parece haberse alejado de la ventana, cuando con precisión acientífica duda de la veracidad de las imágenes sobre el impacto visual del rascacielos, realizadas con cálculos matemáticos por un equipo de expertos de la Universidad de Málaga.

Y sin duda, hay que dar mucho la espalda a la realidad para afirmar que sólo un colectivo critica con fuerza el rascacielos. El despistado cargo portuario se deja por el camino al Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), al Colegio de Arquitectos de Málaga, a las principales instituciones culturales de la ciudad, a más de 300 personalidades de toda España y a miles de malagueños de todos los partidos, algunos de los cuales presentaron casi 1.400 alegaciones al proyecto.

El próximo domingo, a las 11 de la mañana, los ciudadanos estamos invitados a ser dignísimos 'abrazafarolas', a abrazar la Farola para protestar contra otro hecho insólito: levantar la mole hotelera en este privilegiado suelo público tendrá entre sus funestas consecuencias el ‘fundido’ de la Farola, que se apagará tras dos siglos.

Casualidades de la vida, se aducen otras razones técnicas para apagarla pero lo cierto es que la llegada del ingente edificio precipitará una jubilación forzosa nunca antes ejecutada.

¿Cabe mayor ceguera política? Visto el panorama, por descontado.

Este domingo a las 11 horas, sin banderías ni partidos. Por la Farola y el paisaje de Málaga.