En ocasiones, irse por las ramas puede deparar agradables sorpresas, sobre todo si se trata de las de un profuso árbol genealógico como el de la familia de Encarnación Serrano Ramos, profesora jubilada de Arqueología de la UMA y doctora en Historia.

«Estaba investigando las raíces de mi bisabuelo, Enrique Ramos Marín y en el Archivo Histórico Provincial doy con el testamento de su madre, Encarnación Marín Evangelista. En uno de los párrafos se dice que hereda de su padre dos ‘vínculos’, uno fundado por Hernán Vázquez de Loaysa y otro por Diego Gutiérrez de Silva y María Vázquez de Loaysa (sobrina de Hernán)».

La institución de los mayorazgos o ‘vínculos de mayorazgo’, regulada por las Leyes de Toro de 1505 y suprimida en 1820, permitía que los bienes ‘vinculados’ pasaran normalmente al hijo mayor. Se podían añadir bienes a ese vínculo pero no podían ser enajenados ni repartidos en herencia.

Enrique Ramos Marín y su mujer Carmen Puente Mendigorri.

Enrique Ramos Marín y su mujer Carmen Puente Mendigorri. Archivo Familia Ramos

¿Pero quién fue ese Hernán Vázquez de Loaysa cuyo vínculo llegó hasta Encarnación Marín Evangelista y su hijo, el famoso decano de los abogados Enrique Ramos Marín (1847-1920), con calle en Málaga?

«Como suelen ocurrir las cosas, me entero de los dos vínculos un viernes, miro en internet y resulta que este Hernán Vázquez de Loaysa intervino en la rebelión de los moriscos del Reino de Granada», explica la historiadora, que recuerda que ecos de esa historia ya los había escuchado en la familia: «Había oído que descendíamos de los infantes de Lara porque el segundo apellido de la madre de Encarnación Marín era Lara y también que había algo de la sublevación de los moriscos», recuerda.

El lunes siguiente decidió acudir al bufete en el que se conserva el archivo de la familia. Para su agradable sorpresa localizó siete documentos que en buena parte desvelan las aventuras y andanzas de Hernán Vázquez de Loaysa, un militar hijo de una familia malagueña del Siglo de Oro, testigo de muchos avatares del imperio español y que logró ganarse la estima de don Juan de Austria y del mismísimo Felipe II.

La profesora Encarnación Serrano ha expuesto las conclusiones sobre esta valiosa documentación en el número 109 de la revista Jábega.

En el trabajo se recoge que el capitán fue hijo de Martín Vázquez de Loaysa y Beatriz Vázquez y tuvo hermanos que fueron regidores y jurados de Málaga en el siglo XVI.

Vista de Málaga por Anton van den Wyngaerde en 1564. L.O.

Gracias a la hoja de servicios que conserva la familia Ramos, ortorgada en julio de 1570 por Íñigo López de Mendoza, marqués de Mondéjar, sabemos que Hernán Vázquez de Loaysa fue sargento en la compañía de infantería que vigilaba Málaga.

Más tarde sirvió como alférez en la toma de Túnez de 1535, que logró expulsar de esta capital al famoso pirata Barbarroja, además de liberar a miles de cautivos cristianos.

Cinco años más tarde, en 1540, participó en una batalla naval contra una flota de piratas berberiscos, contienda en la que venció la marina española pero de la que salió gravemente herido. Un año después intervino en la batalla de Argel, ganada por los turcos, en la que Vázquez de Loaysa logró al menos salvar su galera en torno a la isla de Ponza, donde se perdieron siete.

Ya nombrado capitán de infantería fue destinado a Italia. La documentación conservada ensalza la labor del militar malagueño.

También participó en el sofocamiento de la rebelión de los moriscos del Reino de Granada: en los inicios de la revuelta, en enero de 1569, intervino con vecinos de Málaga en Adra (Almería) y al año siguiente don Juan de Austria le nombra gobernador del presidio de Serón, también en Almería. El hermano por parte de padre de Felipe II asegura en un escrito que el militar malagueño concurren «experiencia» y «valor».

No son meros adornos estos adjetivos, recuerda la profesora Encarnación Serrano Ramos, ya que en Serón había muerto don Luis de Quijada, mentor de don Juan de Austria.

En 1570, gracias a otro documento, se constata que Hernán Vázquez de Loaysa, junto con doscientos soldados, se marcha a la villa de Estepona para guardarla y defenderla. De ella será nombrado alcaide.

Felipe II

También conserva la familia un escrito de Felipe II dirigido al capitán, en el que le pide que no tenga efecto la cláusula de «herrar en el rostro» a los desertores de la guerra contra los moriscos.

Cédula de Felipe II para el capitán malagueño de 1570. Álex Zea

En el último escrito que sigue la pista al militar, de abril de 1572, el prior de Castilla y coronel de infantería Hernando de Toledo ordena al capitán que escoja doscientos hombres para marchar a Italia y se ponga al mando «por lo bien que habéis servido a su Majestad y lo seguiréis haciendo».

Aunque dejó escrito en su testamento que fuera enterrado con hábito franciscano en la iglesia de San Juan de Málaga, donde descansaban sus padres, se sabe que falleció en Fuenterrabía, al servicio del rey, en una fecha anterior a diciembre de 1574.

Además de repartir entre sus parientes bienes muebles, joyas, dinero y el usufructo de un vínculo a su sobrina Isabel, que después pasaría a su sobrino Juan Vázquez, también les dejó tres esclavas llamadas Isabelica, María y Luisa.

Los vínculos

Los dos vínculos de mayorazgo de los Vázquez de Loaysa fueron pasando de generación en generación hasta que confluyeron en Petronila Vázquez de Loaysa, quien en 1668 se casó con Benito Crespo Marín, antepasado de Enrique Ramos Marín.

Petronila contrajo matrimonio un año después de ganar un pleito al deán de la Catedral de Málaga y a los priores de los conventos de San Agustín y Santo Domingo, para evitar que uno de los dos vínculos terminaran en un patronato benéfico por falta de descendencia.

Petronila Vázquez de Loaysa demostró ser la legítima sucesora y de esta manera los dos vínculos pudieron continuar dentro de la familia del reconocido capitán.