El alcalde, Francisco de la Torre, lanzó hace ya más de un año la idea de que Málaga acoja en 2027 una exposición internacional relacionada con la sostenibilidad en las ciudades. Esa idea, que en principio parecía descabellada y amenazaba con convertirse en otro bluf de proporciones hercúleas como la de la candidatura a ser Ciudad Europea de la Cultura en 2016, donde se ninguneó a la ciudad a nivel nacional e internacional; esa idea, decía, se ha convertido, de facto, en el gran legado que, de conseguirse, dejará el regidor a la ciudad, porque su concreción no sólo supondrá una regeneración urbanística de decenas de miles de metros cuadrados en la zona en la que se celebrará, sino que supondrá un impulso importantísimo en la proyección internacional de la capital, vital para luchar por traer citas mayores y para ayudar a que sigan viniendo empresas tecnológicas. Es, ahora, la medalla que todos quieren ponerse. El miércoles pasado se reunieron el regidor y el líder de la oposición, Daniel Pérez, portavoz a la sazón del Grupo Municipal Socialista. Así, se habló en esa reunión de la Expo de 2027, aunque según quién cuente lo sucedido la versión difiere: los socialistas dicen que el regidor malagueño pidió apoyo a Pérez y, dado su peso en el organigrama del socialismo nacional y su cercanía a varios miembros del gobierno e instancias gubernamentales, en palacio, para ampliar el foco, se le solicitó ayuda material, es decir, que ponga sus esfuerzos al servicio de la causa común que es traer esa exposición aquí. Dicen que la idea ha sido del alcalde, pero el que la inaugure tal vez sea, como regidor, Daniel Pérez, y este, con sus contactos en diversas ventanillas ministeriales, estaría haciendo esfuerzos decisivos por traer la muestra a la ciudad. Si esa versión se contrasta con la del PP, lo que surge son una sucesión de comentarios irónicos acerca del papel del líder municipal del PSOE, en todas estas gestiones. Dicen, por ejemplo, estas fuentes cercanas al PP que los socialistas han pedido durante más de un año información sobre la exposición, porque no han acudido a ni una sola de las reuniones con empresarios o eventos celebrados para dar a conocer la candidatura. «El alcalde lleva más de un año al habla con varios ministros del Gobierno, planteándoles distintas opciones para plantear la candidatura». La debe presentar, de hecho, el Consejo de Ministros. Hay más de doce meses de negociaciones con la Sociedad Estatal de Suelo (SEPE) encima de la mesa, dicen estas fuentes, para llegar a un convenio. La idea era que el Ejecutivo cediera la propiedad de una serie de suelos al Ayuntamiento y este, a su vez, le diera los de un sector cercano ala Universidad para hacer VPO (SUP. T-8). Una permuta en toda regla que ya, de hecho, dicen las fuentes, ha rechazado el Gobierno central. Ahora, «para que no digamos que bloquean el proyecto, la idea es poner a nuestra disposición el suelo, no se habla de titularidad. Eso es lo que estamos negociando». El suelo es el de Buenavista, en Campanillas. (la superficie es de 250.000 metros cuadrados, más otros terrenos al este y al oeste, llegando a los 800.000). «En todas esas conversaciones con el ministerio no hemos sabido nada de Dani Pérez». Recuerdan estas fuentes que el PSOE tachó de «faraónica y electoralista la idea», pero se congratulan de que Pérez se haya sumado finalmente a la misma. «Damos la bienvenida al hombre fuerte de Pedro Sánchez en Málaga a este proyecto», ironizan. También ha habido una gran relación epistolar del regidor con muchos ministros y conversaciones hasta con los más insospechados. En la orilla socialista, incluso, hacen chanza con la «manía de mandar cartas» del alcalde, queriendo así resolver la candidatura de Málaga a la Expo de 2027. Fuera de esta disputa por la medalla acerca de una exposición que, ahora sí, podría dar mucho vuelo a la ciudad, explican las fuentes consultadas que la oportunidad es también urbanística porque esa enorme pastilla de terreno tendrá un gran futuro (dividido en tres grandes terrenos): el primero de ellos acogerá una serie de VPO que servirá a los trabajadores de la exposición antes y durante la muestra, y luego serán la morada de los ciudadanos (la cantidad de VPO estaría en torno a un millar, en la zona de la Universidad) -se trata de la parcela más al norte-; habría un segundo terreno intermedio, el que acogería la exposición propiamente dicha, de forma que los pabellones, una vez concluido el evento, serán la sede de las empresas tecnológicas o de innovación que acoja la ciudad en los próximos años, (sería una especie de polo tecnológico entre el PTA, la Universidad y la ciudad propiamente dicha, dicen); y una tercera pastilla, al sur, que en la parte previa y durante la celebración del evento será el espacio logístico, es decir, donde estarán los aparcamientos y la zona auxiliar de bares, restaurantes y empresas de servicios. Tras el evento, esta pastilla será la ampliación natural del Centro de Transportes de Málaga. Sólo queda, por tanto, de toda esta infraestructura, desdoblar la carretera del Tarajal, que ha de ejecutar la Junta de Andalucía (cuesta en torno a 30 millones de euros). «Lo importante es que nosotros al Bureau Internacional de Exposiciones (BIE) podemos decirle que ya tenemos todas las infraestructuras, todo conectado con las rondas». Ahora se está redactando el documento en el que se plasma la «envolvente arquitectónica», las necesidades reales de aparcamiento y logística, etcétera. La ministra María Jesús Montero ya ha bendecido el proyecto (visitó el Oceanográfico sin invitar, por cierto, al alcalde) y la Junta ya está en el barco. Eso sí, se ha escuchado que Barcelona podría presentarse también. Habrá que verlo, pero ahora le tocaría a Málaga. Por una vez.