A sus 46 años, Ana se define como una mujer polivalente, empática y con ganas de seguir aprendiendo y avanzando en su vida. Cada día consulta sus app para buscar trabajo e intercambia ofertas interesantes en los grupos de WhatsApp que comparte con los compañeros de los cursos que ha hecho en la asociación Arrabal-AID. Su hijo de 19 años la sigue apoyando y animando, aunque ya ha salido del túnel en el que se vio cuando se quedó en paro por primera vez en su vida hace un año y con una discapacidad reconocida del 51% tras un accidente laboral.

Ana Seco es una de las 430 personas atendidas por Arrabal-AID el pasado año en el área para los especialmente vulnerables. En concreto, esta malagueña de Campanillas siguió el programa FRES para la mejora de la empleabilidad a través de la formación y acompañamiento a familias en riesgo de exclusión social que son derivadas desde el área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga.

Sin poder seguir en su trabajo como limpiadora por su discapacidad, Ana recuerda que no sabía ni cómo buscar empleo. «Fue volver a empezar de cero. Me sentía perdida. Cuando tienes empleos fijos no piensas que esto te vaya a pasar a ti, y además en plena pandemia», explica. Había trabajado en hoteles, en rent a car, en hostelería, limpieza... En Arrabal-AID, además de ayudarla a tramitar su discapacidad, realizó varios cursos de carretillera, monitora escolar o manipuladora de alimentos. «Arrabal me enseñó como una novata a buscar trabajo o pedir un certificado», añade sobre lo que ha supuesto para ella su paso por la asociación.

Ana Seco, usuaria de Arrabal-AID. L. O.

A final de marzo terminó sus últimas prácticas, en un supermercado, y ahora sigue buscando trabajo. Su situación económica continúa siendo difícil, con su pensión por la discapacidad y una ayuda para alimentación, pero su actitud ha cambiado radicalmente. La ansiedad que sentía hace unos meses ha desaparecido y ahora se siente capaz de salir adelante e incluso de ayudar a otros. «Arrabal me ha servido para darme cuenta de que no estoy sola, que estoy buscando trabajo pero me están ayudando», dice y recuerda la «gente maravillosa» que ha conocido gracias a la asociación.

Luis Alfredo, usuario de la asociación Arrabal-AID. L. O.

Trabajo y formación

Este aspecto, conocer a otras personas en tu misma situación, lo destaca igualmente Luis Alfredo. De origen colombiano, llegó a España con 15 años para reunirse con su padre y dejando a su madre en su Buenaventura natal. La situación económica y familiar era complicada y aunque empezó a estudiar en el IES Fuengirola Nº1, sin terminar la Secundaria ya estaba trabajando. De una pizzería a un bar y a repartidor de publicidad... Empleos de unos pocos meses a los que seguían otros meses de inactividad hasta que «estuve parado más de lo normal».

En 2017, entró en contacto con Arrabal-AID y realizó el curso Auxiliar de Comercio con prácticas, dentro del programa Incorpora de Fundación la Caixa. A lo que siguieron unas prácticas en Carrefour y un contrato de un año. En 2020, este programa permitió atender a 186 personas y logró una inserción laboral superior al 76%.

Luis Alfredo, que actualmente trabaja como repartidor con moto en la cooperativa Givit de la que es socio y encargado, no ha perdido el contacto con Arrabal, al estar en la Escuela de Segunda Oportunidad para obtener el título de graduado en Secundaria. «He aprendido que siempre puedo tener la opción de mejorar, que puedo conseguir lo que me proponga, seguridad en mi mismo», detalla este joven de 30 años que aspira a dejar la hostelería y dedicarse a la bolsa de inversión. «Espero poder decir lo logré. No puedo dejar de intentarlo. Esta es una de las cosas que me han enseñado en Arrabal», destaca.

La historia de Jorge y Natalia es diferente pero su ansia de superación es común a Ana y Luis Alfredo. Esta pareja malagueña de «valientes», como le dicen familiares y amigos, decidió emprender en plena pandemia y hacer de su pasión su profesión. Jorge Palomo Campos, de 29 años, es profesor de Primaria pero el surf es hoy el centro de su vida. Mientras, Natalia Castillo Caña, de 30, estudió Psicología y, además de compartir la afición por el surf de Jorge, es una apasionada del yoga. De esta conjunción nació su sueño de crear una escuela de surf y yoga en Málaga que desde el pasado mes de marzo es una realidad: Los Feliz Village.

En el camino han contado con el asesoramiento de Arrabal-AID, a través de sus programas de emprendimiento, con los que en 2020 atendieron a 542 personas, consiguieron la inserción laboral de 79 y realizaron 187 acciones de apoyo a nuevos negocios como éste.

Jorge y Natalia conocían a la perfección el mundo del surf tras haberse formado y haber trabajado en Cádiz, pero les faltaban conocimientos a nivel empresarial y ahí fue fundamental la ayuda gratuita de la asociación para temas como el desarrollo del plan de empresa.

«Nunca te dicen ‘no puedes hacer esto’, sino que te dan claves para que tú solo puedas llegar a las conclusiones y perfecciones el proyecto. Es definir el proyecto desde la base hasta el final», explican sobre el seguimiento semanal que tuvieron por parte de un técnico de Arrabal-AID durante seis meses y con el que aún siguen en contacto.

Gracias a sus consejos vieron, por ejemplo, que no era necesario arrancar con un local propio y por ello quedan con sus clientes directamente en la playa para las clases de surf, las rutas de paddle surf o los campamentos de verano para niños que empezarán en julio. Las redes sociales son su mejor aliado y punto de comunicación y ya les están permitiendo comprobar la buena acogida de su proyecto.

Aconsejan la ayuda de Arrabal-AID a todo el que quiera emprender, además de tener constancia, fuerza mental, definir bien cuál es tu sueño y mucha ilusión.