Un trozo de la Guerra Civil en Málaga lleva más de 80 años olvidado, a espaldas del Banco de España y a pocos metros del edificio del Ayuntamiento, en mitad del murallón de la calle Guillén Sotelo. Está muy cerca de la entrada al ascensor de la Alcazaba.

Son 50 metros de un estrecho pasillo excavado en la pizarra del cerro de la Alcazaba, en dirección a la Aduana. La Opinión acompañó el pasado jueves a la arqueóloga y jefa de la sección de Patrimonio Histórico-Artístico Fanny de Carranza y al operario municipal Alfonso Gómez en la inspección de lo que en realidad fue un refugio antiaéreo.

El académico de la Historia Manuel Olmedo explica su origen: «Se hizo el mismo año 36 para refugio de los políticos del Ayuntamiento. Hay una razón y es que la aviación de los nacionales tenía como principal objetivo el Banco de España».

Entrada al refugio, en la calle Guillén Sotelo, a pocos metros de la entrada al ascensor de la Alcazaba. A.V.

La entrada

Una puerta corredera de hierro y con malla impide la entrada de gatos y palomas. Alfonso Gómez tira con fuerza y se abre esta ruta al pasado, desconocida para la mayoría de los malagueños.

«El suelo está rellenado de tierra, el original tiene que ser más bajo y es posible que tuviera hasta losas», apunta Fanny de Carranza. Una suave rampa conduce a la única intersección del refugio. El camino de la derecha «es un pequeño hueco que no va a ninguna parte», precisa la jefa de Patrimonio. «Aquí hay un derrumbe», señala Alfonso Gómez, que alumbra esta gruta de apenas cinco metros. Quizás se tratara de una ampliación del refugio antiaéreo, interrumpida por la caída de la Málaga republicana en febrero del 37.

Porque el pasillo más amplio, el proyectado como refugio contra los bombardeos, es el de la izquierda: 50 metros que siguen la muralla de Guillén Sotelo y por tanto el pasillo se curva levemente hacia la izquierda. Para quien se sitúe en el exterior, el refugio está excavado hasta la entrada trasera del Rectorado.

Lo llamativo es que, pese a los años transcurridos, todavía cuelgan de la pared derecha algunos tramos del tendido eléctrico de los años 30 mientras que se ven cables por el suelo. El camino, iluminado por la linterna de Alfonso Gómez, hay que hacerlo en su mayor parte agachado y atento al piso de tierra, que sube y baja por los desprendimientos. A la izquierda, a pocos metros de iniciado el camino, pasa una corriente de agua y a la mediación, literalmente llueve sobre la gruta.

Una pequeña parte de la instalación eléctrica de los años 30 todavía se conserva. A.V.

«Es el riego de los Jardines de Puerta Oscura», apunta Alfonso Gómez. A su lado, Fanny de Carranza señala que nunca antes, en inspecciones anteriores, había visto caer tanta agua. «Tiene que ser una rotura», destaca, y comenta que enviará a que la reparen.

Tras el tramo de ‘lluvia subterránea’ ya no hace falta agacharse tanto. En mitad del camino aparece una bovedilla de ladrillo y trazada en cemento una inscripción:‘Junio 1939.’ Quién sabe si no fue un trabajador municipal el que dejó constancia de la fecha, dos meses después de finalizada la Guerra Civil.

La inscripción, realizada dos meses después de finalizada la Guerra Civil. A.V.

Como recuerda el académico Manuel Olmedo, el refugio antiaéreo sólo se utilizó durante el periodo republicano, pues a partir de febrero del 37, con la ciudad tomada por las tropas de Franco, «no hubo ningún bombardeo republicano a Málaga, no tenían posibilidad».

En el refugio, poco antes de llegar al final, a la derecha aparecen ocho huecos cuadrados en una pared de ladrillo, seguramente para guardar pertenencias.

Los huecos en un tramo de pared de ladrillo. A.V.

Al llegar a los 50 metros pueden verse muy bien las marcas de los picos en la pared de pizarra. Final del trayecto. Es imposible, en medio de este silencio, no imaginar el zumbido de los aviones, el estruendo de las bombas y la tensión en los rostros del alcalde de su tiempo y los concejales.  

Durante años, la entrada al refugio estuvo tapiada y fue vecina del suntuoso proyecto inconcluso de ascensor a la Alcazaba, presidido por una de las puertas del demolido palacio de los Larios.

Para Fanny de Carranza, podría estudiarse recuperar este refugio antiaéreo, tan ligado a la Historia de Málaga. «Se podría quitar la tierra del suelo, revisar y reforzar donde haga falta y se podría visitar y explicar. No tiene la entidad de otros refugios como pasa en Cartagena pero es una curiosidad», destaca.

Al salir al exterior, la Guerra queda atrás y asoma la Málaga de nuestros días, que empieza a ganar la batalla a un vírico enemigo.