El pasado martes, la sección se dio una vuelta por la calle Santa María que, misteriosamente, pese a su deslizante pavimento, necesitado de un urgente recambio desde que se instaló, es de las pocas calles de Málaga que lleva unos veinte años sin abrir por obras.

No es el caso del Camino de la Cizaña, que como el mismo martes nos contaba Curro Escalona, vecino del barrio, lleva cortada por unas obras públicas desde el pasado octubre.

Lo llamativo de la situación es que, como explica, no hay a la vista ningún cartel oficial de las obras, así que los vecinos de La Cizaña ignoran qué administración las promueve, qué empresa las realiza, cuánto nos va a costar a todos y lo más importante para ellos: cuándo está previsto que finalicen, pues ya llevan ocho meses con el camino cortado, lo que les obliga a hacer una pequeña ‘tournée’ por Torremolinos.

Al menos el miércoles esta sección no encontró ningún cartel oficial informativo de las obras ni a la entrada del Camino de la Cizaña ni al final, pese a que lo que asomaba bajo tierra eran un par de tuberías que no habrían desentonado junto a la pirámide de Keops.

Para suplir la cartelería, Emasa informa en su web del corte al tráfico desde el 19 de octubre de 2020, por obras de una nueva conducción para la Estación de Bombeo de Aguas Residuales del Campo de Golf , y, en un exceso de optimismo, asegura que durarán cinco meses, es decir, hasta el 19 de marzo pasado.

El caso es que el pasado martes se veía cómo avanzaban con el hormigonado de la carretera, lo que quizás signifique que el fin, ahora sí, está más próximo.

De todas formas, aparte del rodeo para los vecinos y la confusión para los playeros que desconocen la situación y se meten por vías cortadas de la urbanización, el estrecho pasillo peatonal durante las obras ha sido casi testimonial.

Para empezar, lamenta Curro, que vive en el lado derecho del Camino de la Cizaña, no ha habido ningún paso peatonal para que los vecinos pudieran pasar a ese lado, pues el pasillo transcurre por la izquierda, si nos ponemos en dirección a la playa.

Además, los tablones empleados en algunas partes para evitar zanjas han estado bastante cortos de ambición y cualquier día se caen con todo equipo, es decir, con cualquier peatón.

En resumidas cuentas, que los vecinos de La Cizaña llevan ocho meses con lógicas molestias, un pasillo peatonal mejorable y unos carteles oficiales informativos que, de haberse instalado con claridad, habrían despejado bastante más las dudas que tienen los vecinos.