Dejaron atrás un cáncer que les marcó la vida y ahora, sin experiencia previa en navegación, están dispuestas a embarcarse en un velero para recorrer más de 2.500 millas náuticas sin escalas, desde Vigo a Groenlandia, si consiguen pasar la prueba final la próxima semana en Denia (Alicante).

Son las malagueñas Ada de Luque y Silvia Albújar, dos de las 13 finalistas seleccionadas entre cerca de 400 mujeres de toda España, que han vencido al cáncer y que se han apuntado al Reto Pelayo Vida, que cada año cambia de objetivo y en 2021 se transforma en el ‘Reto Pelayo Vida 66 Norte’, en referencia al Paralelo 66 Norte, el famoso Círculo Polar Ártico. Se calcula que esta travesía les llevará entre 15 y 20 días.

Las dos malagueña, entre las 13 finalistas para navegar desde Vigo a Groenlandia sin escalas. A.V.

«Cualquiera que haya pasado por una quimio, como todas las que estamos aquí, vamos al Polo Norte y a la Luna si hace falta. Vas al Polo Norte pero lo haces sin dolores y de forma voluntaria», señala Silvia Albújar, que ha superado un cáncer de pulmón con metástasis en otros órganos.

A su lado está Ada de Luque, que ha dejado atrás un cáncer de mama y que subraya que de esta posible aventura rumbo a los hielos perpetuos «lo que más me está llenado está siendo el camino y la posibilidad de que mi mensaje llegue alto y claro a todas las mujeres que están pasando por un cáncer, para que sepan que después de un cáncer hay muchísima vida».

Ada, socia del Real Club Mediterráneo, cuenta que el año pasado fue a recibir con un grupo de socias a las expedicionarias del Reto Pelayo Vida 2020, que a causa de la pandemia modificaron su reto y rodearon en barco toda la Península. «Llegaron el Día Internacional contra el Cáncer de Mama y ahí me enamoré del Reto Pelayo», confiesa.

En el caso de Silvia, fue su amiga Blanca Espinosa quien le animó a apuntarse. «Y me apunté sin saber cuál era el reto, me daba igual que me metieran en una mina o a subir un monte», explica.

Después de pasar varias fases mediante encuestas y entrevistas, la próxima semana las 13 finalistas deberán navegar entre Denia y las Baleares. Las cinco mujeres elegidas saldrán de Vigo el próximo mes de septiembre y tendrán que manejar y atender el barco y hacer guardias de tres horas como unas tripulantes más. Les acompañará Diego Fructuoso, seleccionador de la clase Finn en las Olimpiadas de Tokio.

Una clase práctica

El reto es doble porque ninguna de las dos ha llevado un barco antes. La Opinión se embarcó la pasada semana en el ‘Cabo Negro’, un velero del abogado malagueño Juan Febrero, en el que Silvia Albújar recibe clases del también malagueño Oliver Góngora, campeón del mundo en 2012 de la clase RC44 y profesional de la vela desde 2006. «Silvia como alumna es estupenda», resume Oliver.

El ‘Cabo Negro’ sale del puerto del Candado para la clase en una tarde de aguas tranquilas en la que brilla la plata de la sardinas al saltar, mientras un par de gaviotas pasan sobre ellas en vuelo rasante. El velero navega siguiendo la costa rumbo al Rincón, y en paralelo desfilan el Monte San Antón, la fábrica de cemento de La Araña y el cantal de la Cala del Moral.

«Vamos a hacer una cosa, vamos a virar para coger un poco de velocidad», comenta Oliver a Silvia, que en ese momento lleva el timón. También le detalla cómo hay que ‘trimar’ las velas, es decir, ajustarlas lo mejor posible, con la ayuda de los cabos, para aprovechar mejor el viento que en ese momento sopla. La malagueña tira con fuerza de los cabos para trimarlas bien y el velero aumenta la velocidad.

El campeón del mundo enseña a Silvia a atar cabos de forma eficaz. A.V.

«Este calorcito lo vas a echar de menos cuando estés entre los hielos», bromea el campeón del mundo, que le da consejos sobre cómo orientarse de noche, con la luna y la bóveda de estrellas como referencias.

Tras un par de horas surcando el Mar de Alborán, el ‘Cabo Negro’ regresa al puerto del Candado. Tanto Silvia Albújar como Ada de Luque recalcan que lo importante es todo lo que están viviendo, consigan o no formar parte de la tripulación. «Me gusta mucho aprovechar el momento, si me cogen, bien y si no, estoy disfrutando del proceso; así he vivido toda mi vida», subraya Silvia.

«Es un desafío personal pero lo bonito es lo que transmitimos a las mujeres que están pasando un cáncer», remarca Ada.

Groenlandia está un poco más cerca para estas dos malagueñas.