Como a tantos españoles, la Guerra Civil también cambió para siempre la vida del almeriense Luis Castellón Martínez (1916-1994). Maestro nacional por oposición y republicano convencido, fue movilizado por el Gobierno de la República, algo que, tras la contienda, le costaría cinco años de cárcel en las prisiones de Málaga y Almería, así como la inhabilitación como maestro.

«Mi padre quiso quitarse de en medio de Almería y se fue a Málaga, donde su hermano Pedro tenía una zapatería en calle Santa María. Allí empezó a trabajar pero luego le salió un trabajo en la Academia Cervantes, en la plaza de la Merced. Se le daban muy bien las Matemáticas y cogió fama de buen profesor», cuenta su hijo, el profesor Federico Castellón, que preparó las oposiciones a Magisterio en la academia de su familia.

Don Luis Castellón, fundador de la Academia Luis Vives. Archivo familiar

En la Academia Cervantes conoció a Ángeles Serrano, una alumna, con quien contrajo matrimonio en 1945 y un año más tarde se independizó para fundar en el domicilio familiar, en el 12 de la calle Huerto del Conde, la Academia Luis Vives, en homenaje al humanista valenciano.

Como explica su hijo Federico, pronto don Luis Castellón comenzó a ser llamado por muchos malagueños «don Luis Vives», en la creencia de que ese era su apellido. En cuanto a cómo se compaginaban una academia y el hogar, «si venía un alumno nuevo mi madre mandaba comprar una silla al Mercado de la Merced», sonríe Federico Castellón, que recuerda una frase de su hermano Luis: «Mi madre no nos ponía polvos de talco sino de tiza».

Y como la familia crecía -el matrimonio tuvo cuatro hijos-, en 1949 se mudaron al 22 de calle Frailes. En esos comienzos, recuerda Federico, se ofrecía preparación para Bachillerato, Perito Industrial y Perito Mercantil.

El fundador con alumnos en los años 50, cuando la academia estaba en calle Frailes, 22. Archivo familiar

Por fin, en 1955, como el centro de estudios marcha muy bien, don Luis se muda en alquiler a un piso en la plaza de Uncibay, que con los años terminaría adquiriendo y ampliando hasta ocupar toda la planta.

Muy próxima, en la calle Ángel, se encontraba la Academia Andrade, dirigida por don Vicente Andrade, otro antiguo maestro represaliado con quien tuvo muy buena relación, de ahí que se intercambiaran los alumnos:«Mi padre les mandaba los de Letras y él, los de Ciencias».

Y como ocurrió desde el inicio, la Academia Luis Vives se fue adaptando a los tiempos y a los cambios legislativos: se suprimieron las enseñanzas de Comercio; las de Bachillerato se especializaron en Ciencias y solo para cursos superiores; continuaron las de peritos industriales; aparecieron las reválidas de Cuarto y Sexto de Bachillerato; la Prueba de Madurez del Preu...

Folleto publicitario para el curso 1962/63 Archivo familiar

La nueva Ley de Educación del 70, que eliminaba las reválidas y el antiguo Bachillerato, fue un mazazo y hasta don Luis pensó en hacerse empleado de banca -ganó las oposiciones aprovechando que el centro las preparaba-. Pero la nueva EGB trajo también la solución y la Academia Luis Vives se convirtió en centro autorizado para la Enseñanza Básica a Distancia, lo que permitió a muchos adultos malagueños obtener el Graduado Escolar.

La llegada de la Democracia volvió a habilitar al maestro nacional y, en un ejercicio de justicia histórica, don Luis recuperó su plaza y unos cuatro años antes de jubilarse ejerció de profesor de Infantil en los colegios Sagrada Familia y San José de Calasanz, donde se jubiló con 68 años. «Pasó de dar clases a peritos industriales a ser maestro en Primaria. Se puso a enseñar a los niños circuitos eléctricos para hacer semáforos», recuerda su hijo.

Y en cuanto a la academia, aunque algunos profesores le ofrecieron formar una cooperativa, mostró su confianza por el profesor de Matemáticas e ingeniero agrónomo Guillermo Castilla Ruiz, incorporado a mediados de los 70.

El director Guillermo Castilla Ruiz, esta semana con libros clásicos de Matemáticas que todavía conserva y consulta. A.V.

«Recopilé profesores que había aquí, el primer año alquilé la academia y como le saqué un rendimiento muy grande, en 1979 le propuse a don Luis la compra», recuerda esta semana Guillermo Castilla, de 72 años.

Con él al frente, y lleva trabajando en la Luis Vives 45 años, el centro siguió adaptándose a los tiempos. Por eso, al igual que el fundador, este profesor de Matemáticas, Física y Química se amoldó a las necesidades del momento: a los alumnos de Económicas, a los primeros ingenieros industriales y de Telecomunicaciones...

Además, años más tarde se incorporó su hijo Guillermo Castilla Garijo. «Soy maestro, preparé oposiciones, estuve unos años en la pública pero decidí trabajar aquí», comenta.

En la actualidad, en la amplia oferta de la academia el plato fuerte son las oposiciones de Educación, desde Infantil a inspector de Educación y cuentan para ellos con una veintena de preparadores.

Imagen de una de las aulas en plena clase en 2018. Arciniega

Además, con la llegada del confinamiento a causa de la pandemia, la Luis Vives se adaptó de un día para otro para ofrecer clases telemáticas. «Eso es algo que se va a quedar porque tenemos un 30, 40 por ciento de opositores de fuera de Málaga y así se ahorran el dinero del desplazamiento» señala el director.

Con cerca de 700 matrículas este curso y casi 500 alumnos, la academia más antigua de Málaga sigue gozando de muy buena salud.

En el recuerdo quedan profesores excelentes como Antonio Ontiveros o los escritores Salvador Benítez y el premio Nadal Antonio Soler.

Y por supuesto, la huella de don Luis Castellón Martínez, ‘don Luis Vives’, de quien su hijo Federico resalta su «grandísima vocación»» y capacidad de trabajo mientras Guillermo Castilla Ruiz lo recuerda como «un profesor excepcional y una bellísima persona». Su gran obra continúa.