Hay comercios que son parte de la historia de la ciudad, esa Málaga detrás del mostrador que ha sido la predecesora de muchos e inspiración de otros. Atrás quedaron los días en los que el negocio local era el motor de la ciudad, ahora la realidad es que cada vez son más los comercios tradicionales que echan el cierre; que se encuentran en peligro de extinción. Muchos luchan por sobrevivir, entre las franquicias. Otros cierran porque sus herederos deciden cambiar el rumbo de sus vidas. Y a otros, la pandemia les ha golpeado de muerte.

Uno de los negocios que se esfuma es la joyería Rafael Martín, que bajará la persiana tras más de 40 años en el Centro de la ciudad. Es uno de los pocos negocios tradicionales y familiares que quedaban en la calle Larios.

Tras más de 40 años en el Centro de la capital malagueña, este negocio familiar echará el cierre por jubilación antes del 30 de junio y por ello ha comenzado a liquidar toda la mercancía del establecimiento

Su dueño, Rafael Martín, echa el cierre por jubilación «Nos jubilamos, es ley de vida», dice.

La joyería está especializada en la creación y venta de joyería clásica y moderna y reparación de joyas. También ejerce como distribuidor oficial de relojería para marcas como Eberhard, Tissot y Seiko y de joyería como Majórica y Vintage.

Aunque la razón principal de su cierre es la jubilación de los dueños, otro de los motivos que ha precipitado su cierre es la pandemia. El negocio ha sobrevivido con bastantes dificultades a la crisis sanitaria, ya que sus ventas se han desplomado en el último año: «Cerramos en parte por eso, cuando la gente no compra ni ropa, no va a comprar joyas», afirma con resignación. Y esto se nota en las ventas, ya que «no se está vendiendo mucho por la situación, además con la cara tapada las joyas no lucen», asegura.

Esta joyería familiar no pasará de generación en generación, ya que a los hijos de Rafael «no les gusta esto». Por ello, hasta final de junio colgarán los carteles de liquidación total: «Da pena irse, han venido muchos amigos nuestros a despedirse, en ese aspecto es una alegría», añade.

Martín hace balance de estas cuatro décadas detrás del mostrador, y aunque le cuesta despedirse de la que ha sido su vida, agradece todos estos años: «En estas calles he vivido de todo y visto de todo, son muchos años detrás de un mostrador», recuerda.

Ahora que Rafael echa el cierre, se apartará de la vida laboral pero seguirá teniendo trabajo: «Por lo pronto mi mujer me ha comprado un carrito para ir a hacer la compra, mucho descanso no tendré, seguiré trabajando en casa», bromea.