Andalucía es la comunidad autónoma con la tasa de incidencia acumulada más alta de todo el territorio nacional. Este indicador está en 179,3 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, seguido de La Rioja, por encima de los 150 casos.

Más de un mes después de que la región andaluza echase a andar su propio plan de desescalada organizado en tres fases y con el 21 de junio como última parada, lo cierto es que los indicadores epidemiológicos no han permitido avanzar más allá de la primera etapa, prorrogando las medidas hasta en dos ocasiones.

El aumento de la movilidad, la prolongación de los horarios comerciales y de restauración, la proliferación de los contactos sociales y la celebración de grandes eventos típicos de estas fechas -bodas, bautizos y comuniones- han sacado la tasa de incidencia acumulada andaluza del estancamiento en el que ha estado vegetando durante el mes de mayo, para elevarla progresivamente hasta superar los 190 casos por cada 100.000 habitantes en la primera semana de junio.

Esta situación se explica porque aunque la campaña de vacunación avanza a muy buen ritmo, adelantándose incluso a las propias previsiones de la Junta, aún no llega a la población más joven, que es la que mantiene una relación social más intensa.

En esta situación, el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Junta detecta un promedio de 100 brotes de Covid-19 a la semana en Andalucía. Así lo afirma a este periódico Nicola Lorusso, epidemiólogo y miembro del Comité Asesor de Alertas de Salud Pública de Alto Impacto, más conocido como «Comité de expertos».

«Este aumento de incidencia se ha producido a expensas de la población por debajo de los 50 años. Con el aumento de la movilidad, los contactos sociales y, sobre todo, por el hecho de que todavía no tenemos cobertura muy alta en esta franja etaria, se ve más expuesta al riesgo de transmisión y claramente afecta a la incidencia», explica Lorusso, que sigue apuntando al foco familiar como el «más representativo» de los nuevos contagios, al que se ha sumado el social, debido al aumento de los brotes en este entorno en la última semana. 

No obstante, este epidemiólogo ve muy alentador los signos de descenso más recientes de la tasa de incidencia andaluza y, sobre todo, señala la buena situación de los hospitales andaluces, en riesgo bajo de saturación gracias a la cobertura vacunal de la población más anciana y vulnerable. Por ahora, la ocupación de camas de agudos con Covid es del 3,3% y en las UCI es del 7,6%. «Son indicadores asistenciales óptimos para avanzar de forma adecuada en la desescalada en las próximas semanas», añade.

Cepa India

A las puertas del verano y con la temporada alta arrancando en un contexto sanitario más delicado de lo que se esperaba en Andalucía, la comunidad se enfrenta a un aumento de la circulación propiciada por el turismo.

En ese equilibrio por reflotar el sector hotelero, hostelero y comercial, vascula también la introducción de nuevas variantes del virus, entre ellas, la india -ahora definida como «delta»-, de la que hay identificados ocho casos importados en la comunidad, donde predomina la variante británica -«alfa»- frente a una presencia inferior al 5% del resto de cepas detectadas, entre ellas, la sudafricana -«beta»- y la brasileña -«gamma»-.

«Claramente el mayor flujo de personas, especialmente de otros países, puede suponer la posibilidad de un mayor riesgo a la hora de la introducción en nuestro territorio de otras variantes que estamos secuenciando», reconoce el epidemiólogo. «Pero también la aplicación de medidas como el certificado de vacunación para la entrada puede ser una medida que mitigue este efecto y que haga que nuestro territorio esté preparado para coger a turistas».

Esta cepa, más contagiosa y con gran capacidad para infectar a la población en prima dosis, ya ha alcanzado la transmisión comunitaria en Madrid, Cataluña, Valencia y Castilla y León. Para tratar de blindar lo antes posible a los andaluces frente a la variante delta, Lorusso apunta que se está estrechando el intervalo entre la primera y la segunda dosis de AstraZeneca, de 12 a 10 semanas. «Seguimos muy de cerca la variante delta por la posibilidad que puede tener de introducción en nuestro territorio de forma comunitaria», añade el epidemiólogo.

Menos de 50 años, la población que concentra los positivos

Los servicios de vigilancia epidemiológica de la Junta siguen detectando una proliferación de los contagios en la población menor de 50 años, una extensa franja a la que la vacunación está llegando ahora de forma progresiva. Además, son las edades en las que los ciudadanos tienden a mantener mayores relaciones sociales y presentan una movilidad más intensa frente a las generaciones más mayores, ya vacunados, que interactúan menos.