Querer remontar los orígenes de los barrios más apartados del Centro de Málaga a tiempos relativamente remotos es un ejercicio de ciencia ficción, con la salvedad de los antiguos pueblos luego incorporados a la capital como Churriana y Olías.

La imposibilidad de que hubiera núcleos de población importante -no caseríos dispersos tierra adentro- tiene que ver con la seguridad. Los piratas no fueron ninguna broma en las costas malagueñas durante siglos, como bien sabía don Miguel de Cervantes, de ahí que lo normal fuera agruparse en torno a Málaga capital, mientras la costa se dejaba a la vigilancia de las torres de defensa y los castillos.

Bandoleros y piratas despejaron el panorama costero hasta que fue avanzando el siglo XIX. Lo podemos apreciar en planos de mediados del XVIII en los que más allá de La Trinidad y El Perchel hay huertas y tierras de labranza y poco más.

Y en la parte Este, de 1747 es un plano en el que El Limonar es otra tierra de huerta con cuatro simbólicas y dispersas casas.

El caso de Pedregalejo es similar, en el sentido de que su conversión en barrio es imposible que tuviera lugar antes del siglo XIX. Otro asunto bien distinto son los nombres de los barrios, que muchas veces enlazan con los de antiguas fincas o tierras, como ocurre con El Limonar o las de sus propietarios, como son los casos de Carranque y Suárez, este último apellido, transformación del original Swerts.

Aunque se ha querido relacionar el origen de Pedregalejo con la demolición parcial del cerro de la Torre de San Telmo, para despejar el estrecho Camino de Vélez, cuya voladura en el último tercio del XIX habría dejado el lugar lleno de enormes rocas, no es esta tardía voladura su origen. De hecho, en un mapa de la Costa del Reino de Granada de 1761, mostrado a doble página por los académicos Francisco Cabrera y Manuel Olmedo en su magnífico libro ‘Monumenta cartographica malacitana. Civitas & Portus’, se menciona la playa de ‘Pregalejo’ (sic) entre las de San Telmo y El Palo. Sin duda, ese ‘Pregalejo’ fue la transcripción errónea de un Pedregalejo tomado a vuelapluma.

Este barrio se desarrolla principalmente desde el último tercio del XIX en adelante, como queda testimonio en pinturas y luego en fotografías, con las casas de la playa y las que se se levantaron a los pies del monte del Colegio de las Esclavas, con la calle Juan Valera como su columna vertebral. Justamente en esta calle, aprovechando el espacio de un solar sin edificar, hay un ‘mirador’ fastuoso del núcleo que dio origen al barrio, esfumados ya bandoleros y piratas berberiscos.