Se nos ha ido una gran mujer, pero nos queda su enorme legado. Así relataban ayer los propios responsables de la ONG malagueña Cudeca lo que supone el fallecimiento de la fundadora del colectivo, la británica Joan Hunt, a los 92 años de edad.

Entre infinidad de reconocimientos por haber puesto las bases de una de las asociaciones fundamentales en la atención a enfermos de cáncer, La Opinión de Málaga le otorgó en 2015 el galardón más emotivo durante la entrega de los premios que conmemoraban la primera década y media de este diario.

«Para entender la grandeza de Joan Hunt es preciso remitirnos a su historia personal antes de retirarse a una merecida jubilación anticipada en la Costa del Sol. Quiero que conozcáis a la Joan niña, hija, estudiante, esposa, aprendiz, trabajadora, directiva, y, por último, la Joan líder, del gran proyecto solidario que es la Fundación Cudeca», defiende el propio colectivo.

Y nos remiten sus compañeros de viaje hacia el bienestar de los miles y miles de pacientes atendidos en las instalaciones de su propia casa, a las palabras que Hunt nos ha dejado escritas antes de su marcha: «No estéis tristes, celebrad mi vida, no mi muerte. He tenido una vida plena y muy feliz. He trabajado mucho, pero siempre a gusto, rodeada del gran equipo Cudeca, del cual me siento tan orgullosa y al cual admiro profundamente. Siempre me ha conmovido el amor, respeto y dignidad con la que todos en Cudeca cuidáis a las personas en el momento más difícil de sus vidas».

Asimismo ruega que no enviemos flores a su funeral, «enviad un donativo. Sabéis bien que el que pedí en el funeral de mi esposo Fred fue el impuso para crear un centro especial para cuidar la última etapa de la vida de muchos enfermos y sus familiares. Ahora me toca a mí, os digo lo mismo», aclara en el propio texto.

La Fundación Cudeca reconocía en un comunicado que la noticia de este jueves representaba la «más triste» en sus casi 30 años de historia. Asimismo, aclaraba que sus últimos días han sido «serenos, en paz, con algún momento de humor y risas, y otros en los que Joan decidió tomar el mando de la situación. En cada momento ha estado arropada con el cariño y cuidados de todos los que formamos Cudeca».

También aludían quienes han colaborado estrechamente con la residente británica que en sus últimos meses de vida les comunicó que se encontraba preparada «para este viaje y que necesitaba irse ya. Y se ha ido, como ella quería, sin ruido, sin alboroto, se ha ido justo en el día de su santo, San Juan».

La propia Joan en su texto de despedida arrojaba luz al respecto: «Aseguraos de que mi legado siga aportando vida a los días de los enfermos y sus familias, con la forma especial de cuidar de Cudeca. Y por último, recordadme con alegría. Ser recordado significa que una vez viví y estaré en paz. Os deseo mucho amor, éxito y crecimiento para Cudeca. Elegí el camino menos transitado y dejo a Cudeca en las manos compasivas de aquellos que decidieron hacer el viaje conmigo».