Primero, José Villena Jurado estudió durante cinco largos años montañas de documentos para devolvernos, llena de vida, la Málaga de Felipe III. Fruto de esa labor es el resumen de su tesis doctoral ‘Málaga por el Rey don Felipe, nuestro señor, tercero de este nombre (1598-1621)’, una obra publicada en octubre del año pasado en Ediciones del Genal.

Ahora, este doctor en Historia, maestro, inspector jefe y facultativo del Cuerpo Nacional de Policía, nacido en Hinojosa de Calatrava (1949), hijo de malagueños y en Málaga desde los cuatro años, ha querido rescatar, por medio de la literatura, un episodio real de esos tiempos: la epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad en 1599 y que duraría cerca de un lustro. El resultado se titula ‘La sombra de un jinete planeó sobre Málaga. Una epidemia de peste en la Málaga de los Austrias’ (Ediciones del Genal), una novela que está acompañada por las ilustraciones del pintor malagueño Mario Jesús García Pelegrín (‘Pelegrín’).

Una de las ilustraciones de 'Pelegrín' con el traslado de fallecidos por la peste de 1599. Pelegrín

«Cuando escribí la tesis no pensaba en la novela. Me vino la idea por la situación de la pandemia, me recordaba los confinamientos y medidas que se tomaban en el XVII. Además, también porque el Covid-19 se llevó a un buen compañero y amigo, Sebastián Sabariego, inspector de Policía de 54 años, a quien está dedicada la novela», explica.

La particularidad de estaba obra es que la Literatura y la Historia están estrechamente unidas, por eso, aparte de recrear la epidemia real de peste y de ofrecernos un panorama de cómo era la ciudad durante el Siglo de Oro, el historiador ha querido que aparezcan en la trama un buen número de personajes reales de esa Málaga que transitaba del XVI al XVII y que despedía a Felipe II -fallecido en 1598- para dar la bienvenida al nuevo monarca, su hijo Felipe III.

Entre los personajes, Miguel de Cervantes, que visitó Málaga capital en dos ocasiones, en 1591 y 1594, datos que el propio José Villena pudo constatar mediante documentos localizados en el Archivo General de Simancas y que dio a conocer en Málaga en 2016, en el 500 aniversario de la muerte del gran escritor.

Miguel de Cervantes estuvo dos veces en la ciudad de Málaga. L.O.

«La primera vez acudió en misión de recaudar cereal, trigo y cebada en el interior de la actual provincia de Málaga para las armadas y ejércitos del Rey. Cerca de la llamada Torre Gorda estaba la Real Casa de Bastimentos y Munición. Vino a rendir cuentas de lo que había comprado con el veedor de la Armada y el proveedor». La segunda vez, explica, «acudió a recaudar impuestos que se le debían a la corona».

Otro personaje real de la obra es el corregidor Alonso de Luzón, el ‘gobernador civil’ de la época, con casa en la plaza mayor, aunque con una jurisdicción más pequeña que la provincial de nuestros días porque en Málaga había cinco corregimientos (Málaga capital, Vélez, Ronda, Marbella y Antequera). Además, el corregidor de Málaga lo era también de Vélez «y cobraba los dos sueldos», comenta irónico el historiador.

Plano de Málaga de comienzos del XVI, elaborado por Juan Caro Cals, que aparece en la novela. Cortesía del autor. PLANOSCARTAPUEBLA.COM

En todo caso, José Villena subraya que la novela «es un poco atípica porque no tiene un personaje en torno al cual gira la trama sino que el personaje es la enfermedad y alrededor de ella va girando todo».

Gracias sobre todo a la consulta de las actas capitulares ha podido desentrañar cómo reaccionó la ciudad ante los rumores cada vez más evidentes de una epidemia de peste que avanzaba por Andalucía. Se puso en marcha un operativo especial: «Al principio van a asegurarse si son ciertos esos rumores y envían gente; cuando se confirman, limpian la ciudad, echan a los pobres forasteros, quitan las inmundicias, revisan las boticas para que estén bien surtidas y llenan el almacén del pósito y de la alhóndiga para, en un confinamiento tener dónde comer».

Los pobres foráneos

Con respecto al pobre que era forastero -pues los de Málaga contaban con un permiso para ejercer su oficio- «se le acompañaba a las afueras de la urbe, se le entregaba una hogaza de pan y se le ponía en el arranque del camino más acorde según el lugar del que declaró proceder», puede leerse en la novela.

También se organizaban hospitales para apestados, como el de San Lázaro, inicialmente para leprosos. Precisamente, uno de los médicos que atendió a los enfermos durante la peste de 1599 fue un tal «licenciado Acevedo», como consta en algún documento, fallecido en el desempeño de su deber y que el escritor ha convertido en personaje con el nombre de Juan Acevedo.

Quienes trataban a los enfermos, recuerda el historiador, empleaban «una ropa de lienzo que la resinaban para protegerse más».

Y si el apestado fallecía, era conducido hasta los llamados ‘carneros’, zanjas para enterramientos colectivos practicadas primero en un rincón de El Perchel conocido como la Huerta del Cura, ya empleado en epidemias anteriores y ante el aumento de los fallecidos, en el Camino de Vélez, en concreto en el tramo entre la desaparecida Puerta Oscura y la bajada de Gibralfaro por el actual Camino Nuevo.

El antiguo Camino de Vélez hasta el actual Camino Nuevo era zona de enterramientos colectivos durante las epidemias. C.C.

La obra de José Villena recrea esa ciudad estamentaria con zanjas en las calles por las que bajaban las aguas mayores, las menores y el agua de lluvia; esclavos en semilibertad o ‘cortados’, llamados así porque muchos tenían la cara marcada, y penas severísimas para quienes no respetaran el confinamiento, que iban desde los azotes hasta la condena a galeras y la pena capital, «aunque no he encontrado ningún documento que acredite que se condenó a alguien a la pena de muerte», apunta el autor.

Y también, en medio de la tragedia, la picaresca institucional en forma de un levantamiento oficial de las medidas, al declarar que «Dios ha sido servido de librar a esta ciudad del mal contagioso...», con el fin de que se pudiera realizar la vendeja y a los dos meses volver a declarar la peste... con un espectacular aumento del los contagios. «No hay nada nuevo bajo el sol», ironiza el doctor en Historia.