Una corriente de pensamiento defiende los edificios que tienen en cuenta el entorno donde se levantan, mientras otra aboga por obviar el entorno y, en su lugar, romper la estética del sitio para que la novedad ‘irradie’ su singularidad. Esta segunda corriente tiene sus riesgos.

Alguna vez esta sección ha hablado de la monumental metedura de pata de uno de los grandes arquitectos españoles de todos los tiempos, Rafael Moneo, que hace veinte años desgració la histórica plaza del Mercado Grande de Ávila, presidida por una iglesia románica y aderezada con la puerta de la muralla medieval y bellos soportales.

Con un informe en contra de la Unesco (¿les suena?) y con toda la oposición también en contra, el edificio de viviendas de Moneo salió adelante por el prestigio del autor y porque sería ‘emblemático’. Como resultado, los turistas que en nuestros días fotografían la plaza tratan de buscar el encuadre perfecto para que no salga este inmueble.

Por cierto que el loable efecto buscado por los políticos abulenses no era nuevo: numerosos rincones del centro de Budapest de aires austrohúngaros fueron agraciados con algún mustio edificio institucional de la época comunista.

Con el mobiliario urbano también puede ocurrir lo mismo, que desentone claramente con el entorno, aunque en este caso hay una feliz solución: el traslado.

Es lo que hace justo un año, en julio de 2020, propuso en una carta al alcalde la Real Academia de San Telmo, de la mano de su presidente, José Manuel Cabra de Luna, con respecto a la fuente de las Gitanillas de Adrián Risueño.

En la actualidad, la fuente pega tanto en la moderna plaza de Manuel Alcántara como ‘el coche fantástico’ en el Foro Romano. Situada en la Prolongación de la Alameda, un espacio concebido en su día como la moderna puerta de entrada a Málaga, con edificios que en su momento rompieron moldes, San Telmo propone que se traslade a algún barrio de la ciudad y que en su lugar se instale algo más acorde e incluso que se convoque un concurso internacional.

Hay precedentes: la propia obra de Adrián Risueño, que reinterpreta la Fuente de las Tres Gracias, se instaló en la plaza de la Constitución en 1960 pero previamente, la farola que la presidía desde 1902, conocida como ‘El Sonajero’, se trasladó a la plaza de la Biznaga, a la recién nacida barriada 4 de Diciembre o de García Grana.

También ahora habría que pensar en que la fuente de las Gitanillas encuentre su mejor acomodo en otro rincón de Málaga, para que deje de parecer un ‘artefacto’ fuera de lugar.