Esta misma semana la sección se hacía eco del desconchado supino de la valla que rodea la Fuente de Génova. Aunque la intención municipal siempre fue rodearla de una discreta protección, la discreción ha entrado en el terreno de la falta de mantenimiento, lo que evidencia que parezca salida de una abandonada nave industrial.

Hoy nos referimos a otra fuente, mucho más moderna, que fue inaugurada justo cuando La Opinión comenzaba a publicar ‘números cero’ de prueba, antes de aparecer por los kioscos, porque hablamos de abril de 1999 y este diario salió al mes siguiente.

Hablamos de otra fuente ‘monumental’, en el sentido de que tiene mucho más peso el monumento que la fuente. Se encuentra en una isleta triangular junto a la plaza de Capuchinos y se trata por supuesto del monumento al Miguel de Molina. El gran artista malagueño, con la copla ‘Ojos verdes’ puso música a nuestra guerra y posguerra. Su pasado republicano y una tendencia sexual ‘no admitida’ le obligaron a exiliarse a Buenos Aires, la ciudad donde murió en 1993. La película ‘Las cosas del querer’, por cierto, está basada en su vida.

Vino al mundo en Capuchinos, en otro mes de abril pero de 1908, con Málaga todavía secándose las lágrimas tras la riá del año anterior.

El monumento, costeado por el Ayuntamiento y los vecinos de Capuchinos, fue realizado de forma gratuita por el escultor y académico de San Telmo Suso de Marcos. Es una obra en la que aparece el positivo y negativo del sonriente rostro de Miguel de Molina esculpido en bronce. La cara del cantante está enmarcada en dos piezas cuadradas y todo ello sobre un muro de hormigón chapado de acero sobre el que resbala una lámina de agua.

Se trata de un diseño precioso, lástima que con el paso del tiempo se haya descuajaringado, porque todos los que pasen por la fuente verán que una de estas piezas cuadradas y horadadas por las que asomaba el rostro del artista se ha desplomado al suelo. En el aire han quedado los enganches y en el aire se ha quedado la atención municipal que, confiemos, sea pronta y resolutiva, por el especial significado del monumento para el barrio y por el valor artístico del conjunto,

Hasta la vuelta

El firmante se toma un mes de vacaciones, con el deseo de que ustedes descansen doblemente, tanto de un servidor como de sus ocupaciones en cuanto puedan. Saludos muy cordiales y hasta el regreso a finales de agosto.