Un señor de Málaga cuyo nombre oculto porque no viene al caso, aparte su profesión y familia, era un furibundo seguidor del entonces C.D. Málaga, hasta el punto de no tener otra afición ni otras metas: el Málaga era el centro de su atención. Todo lo demás, con excepción de lo apuntado antes (profesión y familia), le traía al pairo, vamos que no le interesaba nada de nada. Ir a La Rosaleda, aplaudir al Málaga y celebrar los goles y las victorias llenaban su vida. Eso sí, cuando su equipo favorito perdía, se llevaba unos cabreos tremendos, si bien le duraban poco porque su amor al club estaba por encima de todo.

Dentro de su admiración por lo que significaba el equipo, sentía casi una devoción por un futbolista: Bazán. Pedro Bazán era una figura, un goleador nato que acaparó no solo las páginas deportivas de la prensa malagueña sino de algunos diarios españoles el día que marcó los nueve goles que el Málaga le encajó al Hércules de Alicante en La Rosaleda.

A raíz de aquella hazaña que no se ha repetido en el fútbol español, nuestro hombre le obsequió con un anillo especialmente diseñado para su ídolo. Era una jaulita de oro en cuyo interior había una bolita del mismo metal que al mover la mano se movía en su encierro. Y cuando se la regaló le dijo: «Es para que cuando estés en el campo te acuerdes de que tienes que marcar goles».

Ninguno de los dos protagonistas puede aseverar la historia porque ambos fallecieron, Bazán concretamente en 1992.

Números uno

Cuando la Transición -1975- nuevos medios de comunicación salieron como los caracoles y setas después de la lluvia. Se fundaron diarios y semanarios por doquier, muchos de los cuales fenecieron a los pocos meses. Alguno sobrevivió hasta no hace mucho. Me refiero a ‘Interviú’. Números de todas aquellas publicaciones estarán en la Biblioteca Nacional y en hemerotecas.

Un malagueño tuvo la curiosidad de adquirir todas las novedades que iban a terminar con (o desplazar a) las publicaciones arraigadas, algunas con una larga y consolidada historia –ABC, Las Vanguardia…- y otras fundadas después de terminar la Guerra Civil, al amparo de las doctrinas del nuevo régimen. Las nuevas publicaciones nacieron con la ilusión y esperanza de ganarse el favor de los españoles que reclamaban una prensa libre, sin consignas ni mordazas.

Este señor fue a la caza y captura de todas las novedades que se publicaban, tanto diarios como semanarios. Cada día buscaba en los quioscos de Málaga los números uno.

Varios años después de aquella marabunta de publicaciones y el uso y abuso de palabras como libertad, progreso, cambio, democracia, «la calle es nuestra», «la tierra para el que la trabaja»... pocas resistieron por motivos económicos.

Un periódico no es un huevo que se pone a freír y ya está; hay que ganarse lectores (y sobre todo compradores), una línea editorial clara, buena distribución y reparto. Detrás de un periódico hay un complicado entramado industrial que requiere un capital inicial importante.

La historia de adquirir los números uno de cada publicación para convertirse en cliente habitual me la relató hace años. Como falleció, ignoro qué fue de esa curiosa colección. No sé si alguno de sus hijos o nietos la conserva… o si fue a parar a un contenedor azul, tumba de muchos libros, periódicos y revistas leídos por sus compradores.

Cuchillas de afeitar

Otro extraño coleccionista (no sé qué habrá sido de la colección) tuvo la curiosidad de adquirir todas las marcas de cuchillas de afeitar que se ofrecían en los comercios del ramo.

En aquellos años –hace más de medio siglo- había muchas marcas nacionales y extranjeras en el mercado. La más famosas entre estas últimas, la Gillette, que todavía anda por el mercado; se llegó a fabricar en España, pero después la fábrica, que estaba en Sevilla, se desmanteló para irse a países con mano de obra más barata, concretamente a Turquía, Polonia y Rusia según se publicó en 1994.

De las cuchillas españolas no sé si quedan muchas porque yo me pasé a la eléctrica; sin embargo recuerdo las hojas Palmera (plata, oro y platino), las que se fabricaban en Málaga (Maruxa y Venus), Mezquita e Iberia. Hubo más cuyos nombres se han volatilizado de mi mente. Nuestro coleccionista seguramente tendría muchas más. La incógnita está en saber si sus hijos o nietos atesoran la curiosa colección.

Planchas de periódicos en el homenaje a la Constitución inaugurado en 2004 en la plaza de la Constitución

El censo

Otro malagueño que conocí tuvo algunos problemas de identidad porque consideraba – y lo decía tan pancho - que hacer el censo era cosa de los pobres, y así nunca se tomaba la molestia y obligación de rellenar el impreso del censo que entonces, creo, que se repetía cada cinco años.

Su concepto era erróneo, considerar que rellenar el censo era cosa de los pobres. El pobre, en conocimientos era él, que ignoraba que el censo de población es tan antiguo que está recogido en la Biblia, e indispensable para el funcionamiento de la sociedad.

En el Evangelio de san Lucas aparece el siguiente texto: «En aquel tiempo, apareció un edicto de César Augusto, para que se hiciera el censo de toda la tierra».

El primer censo que se recuerda tuvo lugar cuando Quirino era gobernador de Siria.

Y más adelante dice: «Subió también José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, para hacerse inscribir con María su esposa, que estaba encinta».