Ni ocho meses han pasado desde que comenzó la campaña de vacunación contra la Covid-19. A lo largo de ese tiempo, el discurso en torno a la ansiada inoculación ha ido «mutando» en función de la problemática candente.

Vacunas a cuenta gotas, efectos secundarios, bulos y teorías de la conspiración, criterios de reparto… la sociedad ha afrontado todos estos dilemas con la suficiente entereza como para que hoy por hoy, más de dos millones de vacunas después, en la provincia de Málaga se haya alcanzado el 67,5% de población en primera dosis y el 57,3% con la pauta completa, según datos de la Consejería de Salud del viernes 6 de agosto.

Por otro lado, los adolescentes ya están vacunándose por lo que se espera que la quinta onda pandemia, que se ha tildado de «ola joven», con un impacto asistencial más leve, vaya remitiendo.

Con todo este camino recorrido, se plantea un nuevo escenario: la tercera dosis.

En julio se cumplieron seis meses desde que los primeros vacunados se pusieron su segunda dosis contra la Covid-19, completando así la pauta.

La farmacéutica Pfizer ha anunciado recientemente la conveniencia de administrar una tercera dosis medio año o un año después de recibir los dos pinchazos a modo de refuerzo, previsiblemente empezando por los eslabones de la población más débiles frente al virus, como la población inmunodeprimida o anciana.

A esto se le suma un estudio de IrsiCaixa y la Atención Primaria Metropolitana Norte del Institut Català de la Salut (ICS), publicado esta semana, que concluye que en las personas mayores de 65 años vacunadas pero que no pasaron la Covid-19, los anticuerpos generados por la vacuna descienden tres meses después de la segunda dosis.

Y aunque la postura, por el momento, del Ministerio de Sanidad es descartar la dosis de refuerzo mientras no haya evidencias científicas sólidas que la respalden, algunos países europeos ya han anunciado el inicio de la campaña de revacunación, como Alemania o Francia, que, según han anunciado, empezarán este otoño.

Por su parte, el director del Plan de Vacunación de Andalucía, David Moreno, no cerró la puerta del todo asegurando que «se irá viendo durante el invierno» y, en todo caso, se priorizará a las personas «con más problemas».

En ese sentido, en las residencias de ancianos la tercera dosis se empieza a ver como una gran baza para frenar el auge de los contagios en estos centros debido a la variante Delta.

«Nosotros estamos totalmente a favor de que se haga», afirma con rotundidad Martín Durán, presidente de la Federación de Organizaciones Andaluza de Mayores (FOAM). «Aquí se empezó a vacunar a finales de diciembre del año pasado y estamos viendo ahora como están repuntando los contagios en las residencias».

En Andalucía, en las últimas dos semanas se han notificado cerca de medio centenar de contagios, de los que más de una decena se han localizado en centros de la provincia de Málaga.

No obstante, otros sectores aún no lo tienen tan claro, de hecho, consideran que el debate está demasiado inmaduro como para decantarse por la dosis de refuerzo de inmediato o bien, aplazarla. Es el caso del jefe del servicio de Oncología del Hospital Regional de Málaga, Antonio Rueda: «Me parece razonable administrarla pero no hay datos científicos, no puedo dar una opinión científica si no hay datos», confiesa este facultativo. En caso de que se aprobase la tercera dosis, los pacientes inmunodeprimidos estarían entre los colectivos prioritarios para recibir la tercera dosis. «Si me preguntan si yo la pondría, pues sí, la recomendaría entre los seis y los 12 meses después de la última pero de forma empírica porque desgraciadamente no hay estudios».

Priorizar el reparto

Por el contrario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo esta semana un llamamiento a los países que están liderando la vacunación para que no acaparen las dosis orientadas a ese refuerzo y, en cambio, las distribuyan a los países a los que apenas han llegado.

«Es moralmente cuestionable e imprudente que países ricos que ya tienen vacunada al 60,70% estén comprando dosis para poner la tercera de refuerzo, sin que haya evidencia científica, antes de vacunar a países de ingresos bajos, sobre todo a personas vulnerables y personal médico y sanitario que está trabajando en primera línea», critica Carlos Bustamante, delegado de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Andalucía. «En los países africanos, la vacunación no llega al 5% con una sola dosis pero en la mayoría de los países más pobres no se le ha puesto la vacuna ni siquiera al 1,5%».

En estos países, la población no puede permitirse medidas de prevención como el confinamiento ni tienen acceso a los tratamientos médicos para afrontar la infección, por lo que la incidencia aumenta más de un 40% de una semana a otra, según Bustamante.

«Esto es una pandemia mundial y hasta que no se frene en todo el mundo, por mucho que inmunices a la población de los países ricos, no vamos a acabar con el virus».

La inmunidad de grupo se retrasa al 90% de cobertura

Debido al impacto de la variante Delta, mucho más contagiosa que las anteriores cepas identificadas, las instituciones sanitarias han desechado ya el umbral del 70% de población inmunizada para considerar que se ha alcanzado la inmunidad de grupo, ya que entonces la estimación se realizó en función de la incidencia de las mutaciones previas.

Por tanto, ahora el objetivo de vacunación se fija entre el 85% y el 90% de la población cubierta con las dos vacunas contra la el Sars-Cov-2.