Muchos malagueños veteranos recuerdan con nostalgia la celebración de la Feria de Agosto en el Parque. La otra cara de la moneda fueron los destrozos en esta zona verde. Hubo tantos daños en las plantas y tantos ‘desagües’ a la vera de un tronco o detrás de una mata, que por la propia supervivencia del Parque el Ayuntamiento optó por hacer mutis por el foro y buscar otro emplazamiento feriante.

El anuncio de ‘tematizar’ el jardín de La Concepción estas navidades no puede tomarnos por sorpresa. En esta ciudad contamos con un gran cubo inspirado en el de la tienda Apple de Nueva York; con un barrio rebautizado Soho a imagen y semejanza de sendos barrios de Londres y La Gran Manzana; no nos falta una pequeña pirámide acristalada en calle Alcazabilla, pariente lejana de la del Louvre y la pérgola de nuestro Muelle Uno evoca las blancas ondulaciones de Santiago Calatrava repartidas por medio planeta.

La originalidad no es nuestro fuerte y espectáculos de luces navideñas ya hay, de postín, por ejemplo en el Jardín Botánico de Chicago; en el de Green Bay (Wisconsin); en los hermosísimos Kew Gardens de Londres y hace poco también se apuntó al carro (o al trineo) el Real Jardín Botánico de Madrid.

¿Debe Málaga inaugurar esta tradición porque ya se hace en otras ciudades? Son muchísimos más los jardines botánicos del mundo que se centran en el cuidado y estudio de las plantas y no en el ‘showbusiness’.

Por desgracia, en los últimos lustros se aprecia cómo la gestión del Jardín de La Concepción se aparta de su propósito fundamental para centrarse en la rentabilidad económica y así acoger todo tipo de eventos, incluidos bodorrios que molestan a los vecinos del entorno, ensucian, dañan las plantas y algunos de estos montajes incluso acaban con una furgoneta en la fuente del Tritón.

Sin duda, hay más interés en seguir aumentando el número de visitantes que en preservar el jardín y mostrar sus tesoros botánicos sin aglomeraciones.

Con el poco original desembarco de luces y elfos La Concepción ahonda en la senda del crecimiento económico. El crecimiento de las plantas parece cada vez más secundario.

En su último boletín, la Asociación de Amigos del Jardín Botánico-Histórico nos recuerda que La Concepción «es un Museo Vivo, no un parque». Las próximas navidades será un parque temático. Confiemos en que no termine como el Parque en los 60. Tiempo hay para pensar en otros rumbos.