Le llamaron los hermanos Jerez, miembros del Grupo de Investigaciones Arqueológicas y Espeleológicas que él mismo fundó en 1959. «Estaban montando un tendido eléctrico por el Guadalhorce y me mostraron unas piezas. A mí se me pusieron los pelos de punta», recuerda esta semana Juan Manuel Muñoz Gambero (Málaga, 1942).

Corría el año 1965 y este joven arqueólogo recuerda que acudió de inmediato al lugar del hallazgo, un enorme cañaveral junto al río. «Pese a las cañas de azúcar había miles de piezas arqueológicas», recuerda.

El joven arqueólogo, en el cañaveral del Guadalhorce en 1965, cuando identificó las piezas fenicias. Archivo del autor

A Juan Manuel, que había sido formado por Julio Martínez Santa- Olalla y que acababa de volver de unas exitosas excavaciones en Egipto, no le cupo duda de que las piezas encontradas eran fenicias.

«Acudí a la ‘troika arqueológica’ de entonces en Málaga a mostrarles las piezas y me comentaron que eran griegas. Les dije que no y les razoné que eran fenicias, por las tipologías», explica.

El tiempo le dio la razón. Juan Manuel Muñoz Gambero había descubierto una colonia fenicia única en el mundo, la del Cerro del Villar, una ciudad excepcional porque nadie volvió a construir sobre ella cuando se abandonó definitivamente en el siglo V a. C. y todavía permanece intacta, a unos 30 centímetros de la superficie, cuando se calcula que se ha excavado mucho menos de un 10 por ciento del yacimiento.

Una imagen de la campaña de 2003 en el yacimiento fenicio. Gregorio Torres

Pero como explica este malagueño a quien a los 8 años ya le atraía «el mundo de la aventura y del misterio» y que se enamoró de la Helena de Troya que aparecía en un tebeo, el descubrimiento del yacimiento no fue un camino de rosas.

 «Según la ‘troika’ tuve la osadía de decir que este era el primer asentamiento de la Malaka fenicia y se armó la marimorena», resume. El arqueólogo, que sigue sosteniendo esta teoría, se basó en la famosa obra de Avieno ‘Ora maritima’. «Una de las cosas que dice es que la ciudad de Málaga está en la desembocadura del río que lleva su nombre, el río Málaga. Basándonos en esto y en que Malaka está en el estuario ya cegado de un río, decimos que esta ciudad es Malaka, porque lo que hay después es la bahía de Málaga, no la desembocadura de un río».

En este sentido recalca que «la primera Malaka fue la del Cerro del Villar y además hay que tener en cuenta que apenas está excavada. No hemos llegado a los estratos más profundos». En cuanto a la fecha de su fundación, defiende que los primeros fenicios pudieron arribar en el siglo IX a.C.

El joven malagueño fue nombrado en 1966 director de las primeras excavaciones del Cerro del Villar, pero a las autoridades no le gustaron sus declaraciones a la prensa.

En 1966, cuando dirigía las excavaciones del Cerro del Villar. Archivo del Autor

Finalmente, una mañana se presentó en su casa de la calle Dos Aceras una pareja de policías. «Me dijeron que, por orden del gobernador civil, no hiciera más declaraciones a la prensa».

Y tres días más tarde se presentó otro agente para que hablara con el secretario del gobernador. «Me dijo que había armado un follón con la Universidad de Granada. Yo me callé pero al poco tiempo se suspendieron las excavaciones y nombraron de director al catedrático de Prehistoria de la Universidad de Granada Antonio Arribas Palau y pasé a ser subdirector», cuenta.

Campamento y pionero laboratorio de análisis quimicos en el Cerro del Villar, en 1966.

Campamento y pionero laboratorio de análisis quimicos en el Cerro del Villar, en 1966. Archivo del autor

Entre los hallazgos de la campaña de 1966 recuerda el tapón de una jarra ritual fenicia en la que aparece un jinete con casco y lanza acompañado de lo que parece la figura de un perro.

También destaca, de 1965, el conocido anillo de plata, basculante y con escarabeo egipcio que, remarca, evidencia la dependencia y las estrechas relaciones del mundo fenicio con Egipto.

El anillo fue encontrado al quinto día del descubrimiento del Cerro del Villar. Álex Zea

En cuanto a estructuras de la colonia, excavaron una casa con un horno principal, «seguramente para hacer pan», y un almacén por debajo de la vivienda. También detectaron tres niveles de inundaciones. «En una de ellas improvisaron un horno con una cazuela de cerámica», detalla. Ese mismo año 66 abandonó las excavaciones.

En su larga carrera como arqueólogo, además del Cerro del Villar, el malagueño ha descubierto entre otros muchos los yacimientos del Monte San Antón, el Cerro de la Tortuga así como la Escritura Lineal Megalítica (ELM), que defiende que es mil años anterior a la cuneiforme, un hallazgo de alcance mundial expuesto en la reciente monografía ‘El origen de la escritura. La magia de los símbolos’ (Fundación Unicaja).

Dibujo de Juan Muñoz Gambero de la colonia fenicia del Cerro del Villar, en una isla en la desembocadura del Guadalhorce.

Dibujo de Juan Muñoz Gambero de la colonia fenicia del Cerro del Villar, en una isla en la desembocadura del Guadalhorce. Archivo del autor

Cuando se le pregunta por la colonia fenicia se muestra escéptico y desilusionado. Pese a la excepcionalidad de esta ciudad intacta, apenas ha sido excavada en estos 55 años, lo que le lleva a esta reflexión: «La desgracia, y lo digo con toda la contundencia, es que esto es Andalucía. Si esto sucede en Valencia o Cataluña, aquí ya tendríamos la Pompeya del Occidente mediterráneo».

Como muestra de la dejadez administrativa, recuerda que en 1997 ya presentó a la Junta un proyecto para que el Cerro del Villar acogiera un parque arqueológico. Incluso recuerda que consiguió un inversor privado. «El viceconsejero de Cultura quedó en contestarme (1997), estamos a 2021 y todavía no lo ha hecho». A su juicio, a los políticos andaluces les sigue faltando «concienciarse de que el Patrimonio es fundamental».

Proyecto de Parque arqueológico del Cerro del Villar, presentado a la Junta hace 24 años. Archivo del autor