Julio Cortázar, para el humilde firmante el mejor cuentista de la historia, con permiso de Chéjov, Edgar Allan Poe y Gareth Bale, tiene un premonitorio libro de relatos titulado ‘Todos los fuegos el fuego’.

En el cuento que da título al libro los protagonistas, separados por varios siglos, terminan tristemente envueltos en llamas. Estos días el título nos conduce obligatoriamente a Sierra Bermeja, donde uno o varios cerebros de piña reseca parece que han provocado la tragedia humana y medioambiental.

Salvando todas las distancias, la imagen del humo y el fuego ha hecho que los vecinos de San Julián se acuerden de un descampado en el que reinan la hierba reseca y la basura junto al casco urbano del barrio.

Se encuentra en la calle Londres, que en nada recuerda a la capital británica como no sea a su extrarradio más zarrapastroso una tarde de agosto.

Los vecinos consultados explican que la basura se acumula en la que fueron tierras de la familia Oliva, la misma que tenía en propiedad los terrenos contiguos que con el tiempo dieron lugar a Guadalmar, como deja constancia en la urbanización la calle Rogelio Oliva.

El problema de este descampado es que se produce el efecto llamada, con la excusa de que hay una hilera de contenedores. Y por otro lado, en lugar de depositar la basura dentro de ellos, nuestros mamíferos bípedos prefieren ‘espurrearla’ entre la maleza seca.

Además, haciendo caso omiso a los horarios para depositar muebles, durante toda la semana la calle Londres parece una Feria del Mueble Desvencijado.

Cuando esta sección visitó el paraje londinense, a comienzos de semana, un sillón viejo estaba coronado por un lavabo roto. Y que los de Limasa se las compongan.

Como explican los vecinos consultados, este foco de suciedad se debe a que sujetos de varios puntos de Málaga acuden a dejar sus porquerías.

No es el único punto de San Julián con este problema. En la calle Rimsky Korsakov se depositan escombros desde tiempos de los fenicios, pese a un gran cartel municipal disuasorio.

El riesgo de la calle Londres es, por otra parte, alto, porque al pie de los contenedores se acumula broza cortada. La parcela es rústica y de aprovechamiento agrario, según el catastro, y está destinada a uso productivo.

Lo más productivo para los vecinos sería limpiarla y desbrozarla -quien corresponda o de forma subsidiaria- para que el temor a un incendio se quede encerrado entre las páginas de un gran libro de Cortázar.