En la ‘Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy’, una obra maestra del irlandés Laurence Sterne que difícilmente habría escrito de no haber leído a su admirado Cervantes, el tío del protagonista, el tío Toby, es un forofo de la estrategia militar y en particular de las maquetas de ciudades asediadas.

El tío Toby, sin lugar a dudas, de haber vivido en nuestros días y haber visitado Málaga como crucerista se habría tirado en plancha nada más hollar el irregular piso de tierra que acompaña al recinto musical Eduardo Ocón, en el Parque de Málaga.

El lanzamiento en plancha vendría justificado por el hallazgo de una orografía en miniatura capaz de simular el asedio de una ciudad enclavada en lo más árido de Afganistán o del continente australiano. En suma, tendría a su disposición un accidentado escenario natural para jugar a los soldaditos.

Aparte del tío Toby y de algunos entregados maquetistas, pocos más encontrarán fascinante el lateral de tierra del Eduardo Ocón. Se asemeja a esa tierra compacta que tanto ha proliferado en los parques últimamente, como algunos de Teatinos y que se ha disuelto como azucarillo en cuanto caían cuatro gotas.

Como recordarán, la preciosa acera de la Travesía del Pintor Nogales se trasladó al patio del Museo de Málaga para, entre otras cosas, dejar espacio para una hilera de tierra compacta que a los pocos meses lucía despanzurrada.

Algo así luce el lateral del recinto musical Eduardo Ocón, que exhibe lo que en Málaga se conocen como ‘joyos’, con jota, que son los hoyos que transmiten especial inquina en el espectador.

De esta forma, junto a un registro para aguas pluviales se ha formado un modesto pero eficaz Cañón del Colorado, justo al lado del acceso del público a los asientos, con lo que el riesgo de ‘saleazo’ es evidente.

De hecho, hace unos días, el autor de estas líneas quedó para una entrevista con un músico malagueño y antes de poder saludarlo, el ‘joyo’ hizo que el firmante pegara un brinco humillante, como si hubiera sido atacado por el baile de San Vito o la gimnasia rítmica. El músico, por suerte, no había llegado, pero sí fueron testigos del ‘daleazo’ dos extranjeras, que demostraron no ser españolas al compadecerse del accidentado en lugar de soltar la carcajada previa de rigor.

Así que si no son maquetistas enfebrecidos, cuando frecuenten el recinto musical del Parque, vista al suelo, no vayan a terminar en urgencias, en lugar de en el Parnaso con las musas.