Los jóvenes de mi época teníamos pocas relaciones con el mundo de la cultura por una sencilla razón: porque apenas había actos culturales. La cultura se limitaba a los estrenos teatrales en el Cervantes, con más compañías de revista (frívolas), folclóricas (Conchita Piquer, Juanita Reina y Lola Flores)… que de teatro auténtico. El teatro como tal no era bien acogido, no por desinterés, sino porque los jóvenes no disponíamos del dinero suficiente para adquirir entradas del segundo piso o gallinero. Teníamos poco dinero y pocas opciones, y el cine era el único recurso barato.

De vez en cuando, en el salón de la Económica, impartían conferencias personalidades del mundo de la poesía, de las artes plásticas, de la literatura, de técnicos que presentaban proyectos a realizar… De estos últimos recuerdo uno que abarrotó el salón de actos. Fue el del ingeniero de Caminos don Julián Dorao, sobre el río Guadalmedina.

colas y policía en la económica

Las exposiciones de pintura

Sin embargo, entre las actividades organizadas por la Sociedad Económica del País (sociedad fundada en 1776), figuraba una que resultaba gratis para todos los malagueños: las exposiciones de pintura. La sede estaba, y sigue estando, en el mismo centro de la ciudad –la plaza de la Constitución- y las visitas eran gratuitas. No había que pagar nada para acceder a las dos salas de la planta baja.

Yo creo que el movimiento pictórico malagueño nació en la Económica. Muchos jóvenes dotados para el dibujo y la pintura se formaron contemplando la cantidad y variedad de lo que se exponía en las dos salas.

Tanto significó para los primerizos la Económica, que cuando se iniciaron en el arte de la pintura se reunían a diario en el zaguán de la misma para charlar. Como asientos utilizaban unos enormes baúles que formaban parte de la decoración, así que alguien decidió darle al grupo el nombre de Peña de los Baúles.

Exposición en la Económica en 2017. Gregorio Torres

Dos casos insólitos

Una exposición, como otra de las muchas celebradas, dio lugar sin embargo a algo insólito, como fue provocar desde el segundo día de su apertura ¡colas! para visitarla.

No había ocurrido nunca en Málaga y después de sesenta o setenta años no se ha repetido el fenómeno. Fue tal el éxito de la muestra, que durante la dos semanas que estuvo abierta, la policía, no recuerdo si la municipal (ahora Local) o la Armada (ahora Policía Nacional) tuvo que intervenir para poner orden, o sea, dejar entrar a los aspirantes o visitar la exposición a medida que fueran abandonándola los que estaban en el interior.

Mis lectores (alguno de mi edad lo recordará) se preguntarán qué tenía aquella exposición de pintura que atrajo el interés de los malagueños, especialmente jóvenes. No recuerdo cuántos cuadros estaban colgados en las salas de la Económica; sí me acuerdo de la temática: la mujer. Pero con la particularidad de que todas las figuras femeninas estaban desnudas.

En aquellos años estaban prohibidos los desnudos femeninos. El inesperado espectáculo gratuito y sin castigo atrajo la atención. El boca a boca funcionó de tal manera que multitud de jóvenes y menos jóvenes lucharon a brazo partido por contemplar un espectáculo que se les ofrecía por primera sin posibles reprimendas.

¡Ah! Se me olvidaba: el pintor de los citados desnudos se llamaba George Owen Wynne, pero firmaba sus obras como Apperley. Nació en 1884 y pasó largas temporadas en Granada. Murió en 1960. Desconozco si vendió algún cuadro en la exposición de Málaga.

Otro acontecimiento

Por aquellos años, en la misma Económica, hubo otra exposición que registró numerosísimas visitas, el doble o el cuádruple de lo ha habitual. Y no fue por los desnudos de Apperley: se expuso solamente una obra.

No me atrevo asegurar si el autor del Cristo crucificado fue Gregorio Prieto o Benito Prieto. Era un Cristo en la cruz maltratado, lacerado, torturado… como nunca otro artista lo había imaginado. Era impresionante, y el artista, además, iluminó la sala de manera que la imagen fuera más sangrienta, espeluznante.

No la expuso para su venta sino para dar su versión de Cristo en la cruz. Creo que la expuso en varias ciudades españolas, y aunque he intentado saber su destino final no lo he logrado; tal vez esté en una iglesia, en un convento o fue adquirido por un particular.

Malos tiempos

La historia de la Económica seguramente estará recogida en algún libro o publicación. Son muchos los años que han pasado desde su fundación. No voy a adentrarme en el pasado. Yo solo me centro en la época que he conocido. Mis memorias de Málaga no se remontan más allá de parte del siglo XX, y de lo sucedido en el siglo XXI, que, como es presente, no necesita comentario alguno por mi parte. Yo evoco un pasado no muy lejano pero que conozco porque lo he vivido.

Lo que con toda seguridad no es del dominio público, y que ni siquiera los actuales responsables de la sociedad conozcan, es lo que me contó un ex presidente de la entidad.

La Económica, como tantas otras asociaciones culturales, recreativas, deportivas… tuvo sus períodos de crisis, de falta de ingresos por la bajas de socios al fallecer, aportaciones o subvenciones de organismos oficiales, donaciones que no llegaban… Mantener un mínimo de obligaciones resultaba muy difícil.

Y casi textualmente me dijo: «Mira, Guillermo, la situación es mala. La salvan los socios de toda la vida que no se dan de baja porque por tres pesetas mensuales tienen en el mismo centro de la ciudad teléfono y urinario».

En Málaga todavía no había ni teléfonos ni urinarios públicos, y por tres pesetas al mes se podían disfrutar de dos importantes servicios. Los teléfonos eran gratis porque todavía la Telefónica no había puesto en práctica el pago por los minutos de uso… y entonces, como ahora, no había ni hay servicios públicos.

Solo estaba ‘Villa Pipí’ - el único urinario público - en la Alameda Principal, que cerró… como cerró La Cosmopolita, la cafetería más famosa de Málaga durante un largo periodo de tiempo.