«Mi primera sinfonía es un resumen de todas las cosas que escribía en el autobús de línea, yendo al Colegio del Palo. Me pasaba todo el trayecto escribiendo. Siempre he sido rarito», confiesa con una sonrisa Francisco José Martín Jaime. La primera sinfonía, por cierto, comenzó a esbozarla cuando sólo tenía 11 años.

Este malagueño que hoy tiene 50 años y que es catedrático de Dirección de Orquesta en el Conservatorio Superior de Música de Málaga y jefe del Departamento de Composición y Dirección de Orquesta, llegó a convertirse en el titular de dirección de orquesta más joven de España y de él dijo su maestro, el famoso director Antoni Ros-Marbá, con quien se formó en Barcelona, que era el mejor alumno que había tenido nunca.

A la batuta en el Requiem de Mozart, en la Catedral de Málaga en 2018. L.O.

Profesor, pianista, director de orquesta, fundador de la Orquesta Clásica de Málaga y compositor, esta última faceta le valió en 1997 el premio Reina Sofía de Composición; de hecho, fue el primer andaluz en ganarlo. Su amplia obra ha podido escucharse hasta la fecha en escenarios de España, Italia, Alemania, Austria, Hungría, Eslovenia, Rusia, Estados Unidos y Japón, entre otros países.

La espiral de las vanguardias

Su música, por cierto, emplea el dodecafonismo pero con un rasgo importante: «El resultado sonoro no tiene que ser desagradable, algo que se puede conseguir perfectamente», argumenta.

A este respecto, el compositor malagueño recuerda sus tiempos de adolescente, cuando estudiaba en Barcelona «y sin saber qué era la posmodernidad, estaba con un grupo de amigos que éramos la punta de lanza de la posmodernidad. Llegamos a la conclusión de que en la modernidad hay un gran fallo en la búsqueda de la novedad, en lugar de la búsqueda de la originalidad, lo que hace que se pierdan oportunidades de hacer cosas». A su juicio, «las vanguardias musicales del siglo XX han seguido una especie de espiral autodestructiva en la que un mismo compositor no puede repetirse y eso es una estupidez».

Pero no todo ha sido música en la vida de este malagueño todoterreno porque, durante 15 años también ejerció de piloto y trabajó en una academia de aviación. De esa experiencia le quedan 1.500 horas de vuelo. «El miedo a volar se te quita en cuanto pilotas el avión», bromea.

El músico malagueño, en sus tiempos de piloto de aviación. L.O.

La óperas y el libro

‘Aterrizado’ de lleno en la música desde hace años, fue durante un paseo por el Hyde Park de Londres, en 2016, cuando le vino el fogonazo para dar un cambio de rumbo a su primera ópera, ‘Medea’, con la que llevaba trabajando desde una década atrás. «Me di cuenta de que fallaba el libreto de Séneca y borré todo para hacer yo mismo el libreto», explica.

El malagueño calcula que le queda «un año o año y medio de trabajo» para completarla, pero al mismo tiempo, ya se ha puesto manos a la obra con la segunda ópera, que cuando se estrene será única en el mundo por muchos aspectos, que prefiere no desvelar para no dar pistas.

En los últimos tiempos ha simultaneado la batuta con la escritura para publicar ‘Introducción a la Fenomenología de la Música’, un libro que ha sido número 1 en Amazon en el apartado de Dirección de Orquesta y el número 4 en Música.

Como explica, la Fenomenología de Husserl apenas se ha aplicado en la Música y en España se trata de un libro pionero que también puede usarse como libro de texto.

El compositor malagueño, en un momento de la charla con La Opinión. A.V.

Si el filósofo alemán animaba a acercarse a los fenómenos de la vida como quien contempla un cuadro, en la Música ese acercamiento permitiría captar la esencia de la obra.

«El intérprete, sea instrumentista o sea un director de orquesta, tiene la obligación moral de intentar, con los medios a su disposición, acercar el resultado sonoro lo más aproximado posible a la idea del compositor», destaca.

Y para el público que escucha la pieza, aplicar esta visión filosófica del mundo a la obra «será como si cuando uno va a ver un cuadro no ve solo la imagen sino que analiza la técnica con la que está hecha, los brochazos, los pigmentos, la distribución de colores, la estructuras... podemos enriquecernos mucho más como público», argumenta.

Un paso más para este músico y creador que cuando le preguntan a qué suena su música da este sensato consejo: «Es mejor oírla que tratar de explicarla con palabras».