El mes de agosto, como era de esperar, ha dado continuidad a la significativa dinámica de crecimiento que viene experimentando Málaga desde la pasada primavera, y que le ha llevado a situarse ya en niveles de empleo y paro muy próximos a los de antes de la pandemia, aunque sin olvidar, lógicamente, que todavía hay varios miles de trabajadores incluidos en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) por parte de sus empresas. También queda la incógnita de saber, por supuesto, cuánta de esa actividad se mantendrá ahora que comienza septiembre y se acaba la temporada alta turística de verano, que ha estado muy sostenida este año por el turismo nacional.

Los últimos datos conocidos hace unos días revelan que desde el mes de febrero, tras seis meses de bajada consecutiva del desempleo, la cifra de parados en la provincia ha caído en más de 58.000 personas, dejando la cifra total a cierre de agosto en 146.198 personas. La provincia malagueña es la segunda provincia española que más paro ha rebajado en este periodo tras Barcelona (-82.000 desempleados).

Cabe recordar además que en febrero de 2020, justo antes de que la pandemia estallara hace ahora 18 meses, había 153.000 parados en Málaga, con lo que por primera vez se está por debajo de la cifra preCovid. Eso sí, si nos fijamos en agosto de 2019, es decir, el último verano de actividad normalizada, la cifra de parados era de 135.658, con lo que ahora hay 10.450 más que entonces.

En materia de empleo, los datos de afiliación a la Seguridad Social también reflejan un claro ascenso. La provincia ha enlazado un semestre de crecimiento que le ha permitido generar más de 54.800 empleos desde febrero y rozar los 646.000 afiliados a la Seguridad Social. Málaga está también la segunda provincia española que más empleo ha creado en los últimos seis meses, aunque en esta ocasión tras Baleares (que ha ganado casi 150.000 afiliados entre marzo y agosto).

A nivel de empleo, Málaga presenta actualmente su cifra mensual más alta desde que arrancó la pandemia y ligeramente por encima de la cifra de agosto de 2019, el último verano de normalidad. El récord absoluto de afiliación lo marca el mes de julio de hace dos años, cuando hubo casi 648.000 cotizantes.

Eso sí, hay que mencionar que aún hay en la provincia unos 10.147 trabajadores dentro de los ERTE. Estas personas, aunque siguen dadas de alta en la Seguridad Social, tienen su jornada laboral suspendida y están cobrando su sueldo (en parte o al completo) del Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE). La cifra de afectados por ERTE es la más baja de toda la pandemia (llegó a haber más de 125.000 malagueños en estos expedientes en la primavera del pasado año, cuando toda la actividad no esencial estuvo restringida).

Las consecuencias de la pandemia, en todo caso, siguen golpeando a un mercado laboral que desde siempre se ha caracterizado por estar muy dominado por la temporalidad y por los trabajos a tiempo parcial. Los sindicatos critican que, en realidad, muchos trabajadores se ven obligados a encadenar un contrato tras otro rotando para cubrir lo que, en realidad, son los mismos puestos de trabajo. Pues bien, esta contratación temporal sigue siendo muy inferior a la de la época preCovid.

En concreto, hasta agosto se han firmado 424.624 contratos en la provincia, un 23% menos que en el mismo periodo del año 2019. Pues, mientras la cifra de contratos indefinidos está muy pareja (35.329 de ahora frente a las 37.850 de entonces), la de contratos temporales es la que concentra el mayor bajón (se ha descendido de 512.026 a 302.544, es decir, un 27% menos), según los datos del SEPE.

La secretaria de Empleo y Formación de CCOO de Málaga, María José Prados, valora la bajada el paro y la recuperación del empleo, pero recuerda que los datos «quedan empañados por la temporalidad y la precariedad que se registra en la contratación, donde el colectivo de las mujeres son las más castigadas por esta situación». A su juicio, la economía malagueña crece de nuevo y puede asumir una «necesaria» subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) «para dar una mayor estabilidad y calidad en el empleo de la población trabajadora».

La secretaria general de UGT Andalucía, Carmen Castilla, alaba el crecimiento del turismo y hostelería, pero dice que «tiene que ir acompañado de una reforma profunda de las condiciones laborales del sector servicios, que es el que engloba la mayor tasa de temporalidad, parcialidad y precarización». Castilla afirma «no entender cómo pueden decir algunos empresarios que no se suba el SMI».

Por su parte, la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM) destaca la necesidad de renovar los ERTE, algo que se abordará este mes de septiembre, y ve la subida de SMI planteada por el Gobierno central como un «riesgo para la competitividad» y para la recuperación del mercado de trabajo.