El penúltimo día del año del confinamiento (el pasado), la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo se sumó a los cien años de la muerte de Benito Pérez Galdós con la obra colectiva ‘Galdós en su centenario. Desde Málaga’, un libro estupendo coordinado por Elías de Mateo y Francisco Ruiz Noguera.

En él se desvela que el escritor malagueño con quien más intercambio epistolar mantuvo fue Arturo Reyes y fue este autor quien le propuso a Galdós en 1907 apoyar el proyecto de una nueva librería en Málaga, por entonces, una ciudad bastante escasa de librerías, de libros y sobre todo de lectores.

Es imposible aventurar qué habría escrito don Benito -nuestro Dickens o Flaubert español-de haber conocido el cíclico percance que padece el grupo escultórico que homenajea a su colega Arturo Reyes, en un extremo del Parque. Quizás se lo tomara con sorna e indagara en la mentalidad prehistórica del autor o autores.

Porque lo cierto es que, durante muchos meses, coincidiendo con la pandemia, nuestros bípedos de manos prensiles, esos malaguitas que, como quien dice, anteayer descendieron de los árboles, dejaron en paz el grupo escultórico.

La tranquilidad se extendió durante muchos meses, pero parece que el levantamiento de las restricciones también ha supuesto levantar la veda de las esculturas públicas, de ahí que volvamos a encontrar manca la figura femenina que acompaña el busto del escultor.

Esta crónica ha dado cuenta en los últimos años de este garrulo ritual que, o bien es practicado por zangolotinos de distinto pelaje o bien un único majarón de alcance interestelar atesora en su casa todas las manos que ha ido robando de la escultura.

Cualquiera de las dos posibilidades nos indica los límites de la educación general básica en España pero también la necesidad de que exista alguna asignatura que enseñe los rudimentos del civismo, para aplacar a las fieras.

Como alguna vez hemos comentado, nuestro Ayuntamiento ha optado por tener moldes de la mano extraviada de un material menos noble que el mármol original, dado que las acciones vandálicas no cesan contra la personificación de una de las muchas mujeres de la obra literaria de Arturo Reyes.

El hecho de que el grupo escultórico se encuentre en el extremo del Parque, tan ‘a mano’ de cualquier espécimen con dos dedos de luces, es la causa de la continua sustracción. Habrá que ponerle una verja y un foso con leones para que los majarones de pro se lo piensen antes de actuar.