Pese a su innegable despegue cultural, de la mano de los museos y de la rehabilitación del Centro Histórico (demoliciones y triquiñuelas urbanísticas aparte), la realidad es que Málaga no es un dechado de monumentos como puedan serlo Granada, Córdoba, Toledo, Sevilla o Barcelona.

La carestía monumental la suplimos con estos equipamientos culturales, la apertura del puerto a la ciudad -en teoría, como padecieron en sus carnes unos dibujantes hace unos días por no consumir en el Muelle Uno-, la acertada peatonalización del Centro y la conversión de éste en un lugar atractivo, a la moda de otros ‘parques temáticos’ europeos sin apenas vecinos.

Por eso, llama la atención una importante ausencia en el plano de Málaga que se reparte a los visitantes en las oficinas de información y que también puede consultarse, por ejemplo, a la altura del Sagrario y la Catedral, en un panel de calle Santa María.

En este plano municipal aparecen en relieve los edificios más relevantes, pero notarán que entre el Ayuntamiento y el antiguo edificio de Correos, el actual Rectorado de la UMA, falta de su domicilio el Banco de España. En su lugar los turistas se encuentran con una parcela vacía.

Lo dicho, no andamos sobrados de monumentos pero sobre todo, no reflejar este edificio es olvidar parte de nuestra historia.

En la avenida de Cervantes se eligieron estos terrenos recuperados para la ciudad para que plantara sus reales la Málaga institucional con tres edificios de enorme importancia: el Ayuntamiento, el Banco de España y la sede central de Correos, cada uno con un estilo arquitectónico propio. Los tres edificios fueron popularmente conocidos en Málaga como el ABC, en atención a sus iniciales.

Llama la atención esta carencia cuando el Banco de España, en todas las capitales españolas siempre fue un inmueble notable y lo mismo pasa aquí. En el caso que nos ocupa, se trata además de una de las escasas muestras institucionales de la fugaz II República, pues fue diseñado por el arquitecto José Yarnoz y levantado entre 1933 y 1936.

Si hubiera alguna duda de su carácter monumental, en la edición de 1992 de la Guía Histórico-Artística de Málaga, dirigida por Rosario Camacho, ya aparece como uno de los edificios reseñables. La catedrática de Historia del Arte resalta el pórtico hexástilo de orden corintio y el interior, en el que tan bien se integran lo clásico con el art decó.

Prescindir del Banco de España es sencillamente incomprensible, además de un lujo innecesario para Málaga.