«El hombro me lo recolocaron, pero no puedo ponerme el brazo para atrás y para vestirme y recolocarme el vestido veo las estrellas», confiesa Paquita Gómez, de 82 años.

Paquita, que vive desde hace 40 años en la calle Obispo Manuel de Santo Tomás, una vía sin salida que desemboca en el Camino del Colmenar, resbaló a final de mayo en el asfalto y casi cuatro meses después todavía padece las secuelas. «Me duele mucho, aunque no me han mandado rehabilitación», lamenta.

En su caso, vive casi en lo más alto de la calle, una pronunciada cuesta «que ni los taxistas quieren subirla». Y como explica, «la calle tengo que subirla y bajarla, qué remedio: hago la compra, tengo que ir al médico...».

La culpa la tiene sin duda el pésimo asfaltado de esta calle flanqueada en una de las esquinas, en la parte más baja, por el que fue un antiguo colegio y hoy es una vivienda particular. Como señala otra vecina, que prefiere no dar su nombre, el asfalto, costeado por los propios vecinos, puede datar de los años 80.

El resultado es una ensalada de grietas, baches y un tramo deshecho, que es el más resbaladizo. «Esto es una inseguridad tanto para los peatones como para los coches», comenta esta misma vecina.

Entrada a la calle Obispo Manuel de Santo Tomás. A. V.

Del mal estado del suelo dan fe José María Lobera y Miguel Campos, que viven en la barriada vecina de Monte Dorado y que acompañan a La Opinión. «Para cualquier persona que tenga que subir y bajar esta cuesta es muy peligrosa», subraya José María.

Por este motivo, la principal reivindicación de los vecinos es que, después de tanto tiempo, la calle cuente con un asfaltado digno, aunque Paquita Gómez se conforma con menos: «Tengo solicitada una baranda, como mínimo en el trozo que más resbala, para poder agarrarme por lo menos». Paquita cuenta que lo ha solicitado varias veces, «y en una de ellas me dijeron que estábamos en agosto y que era muy nerviosa, que esas cosas tardan».

Además, los vecinos también han solicitado más iluminación nocturna, pues ahora mismo cuentan con dos farolas y la parte alta de la calle «está oscura toda la noche», dice Miguel.

Los vecinos piden que se mejore la peligrosa incorporación de los coches a la Carretera del Colmenar en este punto. A. V.

Por otro lado, la otra vecina de la calle cuenta que en los laterales abundan mucho los matojos y que son los vecinos los que tienen que llamar al Ayuntamiento para que los corte, pues señalan que no hay mantenimiento periódico en esta escarpada calle.

Por otra parte, también preocupa la peligrosa incorporación de los coches al Camino del Colmenar. La calle está próxima a una curva, en parte tapada por una espesa vegetación que impide ver bien los coches que suben. Por eso los vecinos quisieran que el Ayuntamiento despejara la zona y que instalara un espejo justo enfrente de la vía. Paquita Gómez, por último, hace esta reflexión, dirigida a Francisco de la Torre: «Al alcalde le diría que estoy pagando todos mis impuestos. Desde el año 96 consta que pago el recibo del agua y del saneamiento pero en este calle no hay ninguna mejora».

El concejal de Málaga Este, Carlos Conde, contestó ayer a este diario que estudiará las demandas de los vecinos.