Asegura un personaje de El Roto que somos el país con más banderas per cápita.

Ciertamente, el engrandecimiento artificial de las particularidades regionales, transformadas por los más interesados de la tribu en ‘hechos diferenciales’, nos ha deparado una inflación de banderas a juego con todo tipo de mitologías autonómicas.

Lo curioso es que la inmensa mayoría de estos hechos diferenciales no hundirían sus raíces en la Historia, sino en la encendida imaginación de los románticos del XIX.

El caso más paradigmático de empacho banderil lo tenemos en Cataluña, que ha pasado de ser la autonomía más pujante y moderna de España a convertirse en un reducto de carlistas (de Puigdemont) y otras banderías decimonónicas.

En Andalucía, afortunadamente, las aguas se templaron, aunque en la pugna por ver quién tenía la mitología más grande, socialistas y populares, en lugar de distanciarse de los rancios nacionalistas vascos y catalanes, lograron añadir a nuestro Estatuto la pincelada retrógrada de que éramos una «realidad nacional», cuando, ya metidos a pueblerinos cursis, podíamos haber sido una «unidad de destino en lo universal».

Pero, con la excepción del Estatuto, tanto se han calmado las aguas patrioteras, que en Andalucía en general y en Málaga en particular las banderas importan, en líneas generales, un pimiento -salvo que se trate de Antonio, nuestro actor más internacional-.

Y no se trata de una cuestión de cuatro particulares, porque en esta sección hemos dado sobrada cuenta estos años de una continua desidia institucional. Porque, como saben, son muchos los edificios de las distintas administraciones que cuelgan las banderas oficiales y allá que se las compongan: no las retiran hasta que no se han convertido en trapajos descoloridos castigados por el sol y voleados por el viento.

El pasado mes de mayo ya hablamos de la degradante situación de las banderas que ondeaban en la Oficina de Extranjería de la calle Mauricio Moro, sin duda la forma más rápida de que los extranjeros conozcan cómo tratamos por estos lares los símbolos europeos, nacionales, regionales y locales.

Esta misma semana, las cuatro banderas que venteaban en lo alto del edificio del Rectorado de la UMA, en la avenida de Cervantes, lucían sin complejos sus numerosos jirones, especialmente la bandera de Europa, que se veía bastante perjudicada. Este es el panorama en Málaga. Una cosa es pasarse tres pueblos y otra ni llegar.