A Gregoria Salazar, de 84 años, las ratas se le han colado en casa en dos ocasiones en los últimos meses. «La rata corría de un lado a otro y le dije al que fumigaba: tú no te vas de aquí hasta que no la eches», comenta.

Esa fue la primera incursión, la segunda, explica, se le coló por la ventana, «y le dije a la chica que cerrara todas las puertas y dejara abierta la puerta de la casa y salió la rata. Menos mal porque si no, me muero», confiesa.

Gregoria vive en la calle Camino de Guadalmar a la Loma y recibe la visita periódica del fumigador porque se encarga de limpiar un mesón contiguo. «Mi hija lo tiene contratado y si Gregoria nos dice que hay ratas o cucarachas lo mandamos para allá», explica Francisca Fuentes, vecina y amiga de Gregoria.

Como comenta Francisco Moreno, vecino de San Julián, son muchas las personas del barrio que han notado el aumento de las ratas y que le han transmitido su preocupación en los últimos tiempos.

En el caso del Camino del Guadalmar a la Loma, una calle amplia con una mediana ajardinada y jalonada por ficus, el vecino muestra a La Opinión cómo las raíces de los árboles han levantado la cubierta de la mediana -con planchas de césped artificial-. «Esos agujeros son nidos de ratas, de ahí salen», precisa y como destaca, la mediana está levantada ya por muchos sitios.

Aliviadero del aeropuerto, por San Julián. A. V.

La acequia abandonada

Otro punto con ratas, apunta Francisca Fuentes, es un cañaveral a pocos metros de donde vive, en la esquina con la calle Londres. «De esas cañas vi salir ratas», explica. Antonio Guardeño, vecino del barrio, también habla con este diario para comentar que las cañas proliferan porque sobrevive el tramo sin conexión de una acequia abandonada. «Eso está lleno de ratas», destaca.

Tanto Francisca Fuentes como Francisco Moreno subrayan que la basura junto a los contenedores es un foco de alimentos para las ratas. Pero hay más: «Cada vez hay más gatos callejeros que son alimentados y las ratas se comen el pienso que les dejan». Como los gatos están tan bien alimentados, no cazan ratas, apunta Francisco.

Este vecino también señala otro foco de roedores y gatos callejeros: el aliviadero de aguas pluviales del aeropuerto, una corriente que cuando cruza San Julián, a la altura de la calle Rimsky Korsakov, aparece tomada por los matorrales. Se trata de un aliviadero que termina en la playa de la Cizaña. «En el arroyo las ratas están como Pedro por su casa», lamenta.

Cañaveral cerca de las viviendas donde también hay ratas. A. V.

Respuesta del Ayuntamiento

La concejala de Sostenibilidad Medioambiental, Gemma del Corral, respondió ayer a los vecinos que en junio del año pasado hubo una queja de este tipo en el Camino de Guadalmar a la Loma y se realizó un tratamiento raticida.

A este respecto la concejala aprovechó para hacer un llamamiento a los vecinos con el fin de que trasladen las quejas a través del teléfono de atención ciudadana 010. «Y nosotros, inmediatamente, mandamos a los profesionales, es decir el Servicio de Control de Plagas que es bastante eficaz y rápido cuando se acude a él», subrayó.