En el gran incendio forestal de Sierra Bermeja, estuvieron desplegados más de una decena de agentes de Medioambiente de Málaga y otras provincias trabajando hombro con hombro con los técnicos de extinción. En cada sector en los que se dividió el perímetro hubo diariamente dos o más agentes. Pepe Montes se encargó de su coordinación y fue destinado al sector cercano a Selwo y la finca de La Resinera, donde resultaron heridos dos bomberos forestales.

¿Cómo es el trabajo de un agente de medioambiente cuando se produce un incendio?

El incendio forestal es una función más de los agentes de Medioambiente, que tienen una carta de servicios muy grande, desde la vigilancia de los chiringuitos hasta vías pecuarias, espacios naturales y, por supuesto, los incendios forestales, en verano y en invierno. En el verano para los agentes de medioambiente es un objetivo prioritario la acción rápida de los incendios forestales. Nos hacen unas pruebas físicas para poder participar en el dispositivo, tenemos unos reconocimientos médicos y después nos habilitan. Hay varios niveles en los nombramientos. Está la brigada de investigación de incendios forestales y el otro se llama coordinador de demarcación. En el Infoca somos coordinadores de demarcación. Durante el verano en nuestro servicio estamos vigilando cuando aparece un incendio. Si el fuego es pequeñito, lo intentamos apagar, si no avisamos. Normalmente hacemos la dirección técnica de la extinción hasta que llega un técnico, la mayoría de las veces no hace falta que venga. Te dan unos medios aéreos y terrestres y tienes que establecer un plan de ataque. 

¿Cómo fue su experiencia en el incendio de Sierra Bermeja?

Yo me incorporo tarde porque estoy de vacaciones y no estoy en la península, estaba en Gran Canaria. Si hubiera estado en la península me vengo. El viernes me monto en el avión, le mando un WhatsApp al compañero que estaba coordinando y me incorporo el domingo al final porque los turnos estaban hechos. Cuando llegué por la mañana, como venían compañeros de todas las provincias y yo conocía el territorio, me encargaron que repartiera a los agentes. Después me fui a actuar en uno de los sectores. En cada sector actúa un técnico de extinción, que es el responsable de ese sector, uno o dos agentes de medioambiente, los técnicos de operaciones de la Agencia de Medioambiente y Agua y los bomberos forestales. Entonces me asignan un sector y un técnico que viene de Almería, en una zona por La Resinera, una finca de pino pinaster enorme. Una vez vimos que la zona era segura para poder entrar y trabajar, porque había mucho miedo y nos estábamos metiendo mucho para el monte, ordenamos a los retenes que entraran. Durante el transcurso del día tuvimos que cambiar la táctica porque no conseguíamos entrar por las fuertes pendientes, vigilando que a los compañeros no les entrara el fuego por detrás. Así estuvimos hasta por la noche cuando ya nos hicieron el relevo.

¿Cómo ha vivido este incendio de sexta generación? 

El incendio de sexta generación tiene unos comportamientos atmosféricos que pueden tener muchos problemas. Cuando llegué el domingo y vi determinadas zonas arder era como si estuvieran explotando bombas por detrás de mí. De buenas a primeras salía una gran masa de humo que subía de manera rápida y yo sabía que estaba ardiendo. Hay que estar muy atento a que aquello que explota transporta, a veces, pavesas que están incandescentes y que pueden caer. Si el viento las pone detrás de ti te pone en un gran peligro. Mi experiencia fue que se está produciendo un desastre que parece que te va a superar pero tienes que pensar que vas a ganar. De hecho, le fuimos ganando. Tienes que pensar en positivo: «eso está ardiendo, lo doy por perdido pero tengo que seguir actuando, tengo mi sector medio controlado y voy avanzando poquito a poco. Si apago 200 metros de frente, 200 metros que le he ganado». El espíritu era de que esto es una guerra, el enemigo es el fuego y le vamos a ganar con nuestro trabajo.

¿Es comparable este incendio con el de Barranco Blanco?

El de Barranco Blanco en una noche ardió casi todo lo que tenía que arder, fue muy rápido. De hecho, las pavesas iban metiendo fuego por delante del incendio. Ambos tienen la complejidad de grandes incendios pero son distintos porque el incendio de 2012 ardió mucho la primera noche y muy rápido, alimentado por el viento y por el paveseo, caían pavesas 500 y 600 metros por delante del fuego que provocaban otro incendio y se metió desde Alhaurín hasta Marbella y Ojén en muy poco tiempo. Además también tiene una gran diferencia y es que fue un incendio de interfaces. Los fuegos de interfaces son aquellos incendios forestales que afectan a sitios urbanos. Nosotros vivimos, sobre todo la Costa del Sol, en una zona donde se mezclan los espacios forestales y los urbanos, se mezclan como un puzle y eso complica mucho las tareas de extinción. En el incendio de 2012 esa era la característica principal y hay que priorizar las personas y las viviendas, de hecho hubo personas atrapadas que murieron. Este fuego ha sido más forestal excepto una parte de Estepona, que también tenía algo de interfaz pero no como el de 2012.

¿Ha visto cómo el éxodo rural ha provocado que el campo se abandone y se acumule mucho más combustible vegetal?

Es cierto que eso ocurre. No hay que irse muy lejos, si vas a Marruecos te encuentras que las características forestales son muy parecidas porque estábamos unidos y se separó por el Estrecho pero las características desde el punto de vista forestal son muy parecidas. Pero la gente que sigue viviendo allí tiene mucho ganado, el ganado, la cabra, cuando anda por el monte va comiendo y limpiando los caminos… Eso aquí era hace 40 y 50 años. Es verdad que cuanto más vida haya en el campo, más limpio estará. Lo que pasa es que muchos urbanitas cuando vuelven al campo quieren estar tranquilos, trabajar desde allí, pero no trabajar el campo. Es verdad que el perfil de alguien que está en el campo y lo limpia es el ideal pero aún así hay gente que está en el campo pero no hace bien las cosas. Hay que tener medidas preventivas que son obligadas en los terrenos forestales, que cada vivienda que esté en el campo tiene que tener 100 metros alrededor limpio y a veces no los tienen. Tienen que tener cortafuegos perimetrales en sus fincas. Hay muchas acciones preventivas obligatorias por la normativa que no se están cumpliendo y eso es, quizás, lo que habría que ver. Los que van a vivir al campo ahora no tienen el conocimiento de los anteriores con lo cual hay que explicarles cómo hay que hacerlo. Y en eso los agentes de medioambiente hacemos una labor de difusión, de información, de cómo hay que hacer las tareas preventivas para que cuando haya un incendio que se pueda defender o tu finca no se te queme. La sociedad ha cambiado, yo no sé si ahora volverá otra vez al medio rural igual que estábamos hace 40 años, lo dudo. Yo soy más de que haya líneas de subvenciones, de ayudas en las que los dueños de las fincas puedan hacer tareas preventivas. Y en los montes públicos también se ejecutan medidas preventivas pero a veces nos quedamos cortos.

El coordinador adjunto de agentes de Medioambiente de Málaga, Pepe Montes. L. O.

El 70% de la titularidad de los montes es privada, el 30% es pública. ¿Es difícil controlar todo el entorno?

La normativa obliga a las fincas particulares a tener un Plan de Incendios Forestales (PPI) y eso es obligatorio, no solamente tenerlo sino ejecutarlo. Tiene unas actuaciones que hay que hacer en cinco años y que el propio dueño de la finca establece cómo van a ser los plazos. En eso hemos avanzado pero no lo suficiente, todavía queda mucho por hacer. Los propietarios deben pensar en diseñar cuál es la estrategia para defender su finca. Una cosa muy normal es que a ambos lados de cada carril de los que están dentro de su finca haya unas fajas auxiliares, es decir, un terreno donde se ha reducido la vegetación y si hay árboles se separan, de tal manera que uno no le dé calor al otro en caso de incendio, y el matorral se limpia todo o casi todo. Eso se llaman discontinuidades verticales y horizontales. Las áreas cortafuegos, más los cortafuegos, más las edificaciones que tengan una zona alrededor limpia… si el incendio llega y la gente tiene esto hecho es más fácil que la finca se defienda. Es verdad que eso vale mucho dinero y ojalá haya líneas de subvención para que la Administración ayude a la ejecución de estas medidas en las fincas particulares. 

¿Ocurre que parte de esas fincas privadas son heredadas, ya no se trabajan y están en situación de abandono? 

Lo hay. Hay que pensar que hay dos tipos de finca. Es verdad que lo que más abunda sobre todo en el Valle del Genal son los minifundios, pequeñas fincas heredadas. Dentro de esas fincas hay de dos tipos. Una que son los castañares, que como son productivos y producen dinero, los particulares que lo han heredado, lo tienen muy limpio. Si te das una vuelta por el Valle del Genal, en muchos sitios te das cuenta que el fuego no ha pasado de allí porque como no hay vegetación en el suelo, lo mantienen lo podan… pero, ¿por qué? Porque es productivo y los dueños de sus fincas los mantienen. Las zonas que son improductivas los dueños las abandonan, te encuentras fincas que llevan años abandonadas. Los carriles se han cerrado ya de vegetación y no pueden ni acceder si quiera a ella. Están llenas de matorral. Ese abandono se da.

¿Hay suficientes agentes?

Hemos ido año a año teniendo menos agentes de Medioambiente, bien por jubilación o porque las últimas promociones era gente que tenían carreras universitarias y han promocionado a puestos superiores. Hemos pasado de ciento y pico que éramos, a unos 90 ahora. Estamos al 67% de cobertura de la provincia. Faltan agentes, en la zona del Genal y en toda la provincia. Es verdad que hay unidades que están más completas que otras pero la falta de agentes de Medioambiente es evidente, no puedo ocultar lo que es cierto. Somos pocos y lo peor es que con las siguientes promociones de los agentes que entren no se completará siquiera ni las jubilaciones que ha habido en los últimos años. Con el tema de la crisis no se permitía que hubiera oposiciones, solo para los cuerpos esenciales. Ojalá el Gobierno entendiera que, al igual que la Policía Nacional y la Guardia Civil, somos servicio esencial. Si eso desde la Administración central se hubiera considerado, las tasas de reposición no hubieran estado tan limitadas. La plantilla es muy antigua y es mucha experiencia la que estamos perdiendo de compañeros que se están jubilando y no hay gente nueva. Se ha pedido un estatuto básico, una ley básica que nos agrupe a todos [de todas las comunidades] y eso se está negociando en Madrid.

En este último año ha habido dos incendios relacionados con cultivos de marihuana en Jubrique y Genalguacil, ¿hay un problema en Sierra Bermeja y en los montes de Málaga con estas plantaciones ilegales?

El problema de la droga se da, no solamente en los montes, también en las ciudades… La droga es un negocio ilegal que da mucho dinero y la gente, imaginación al poder en aquello que da dinero. Y se está dando lo mismo que en ciudades, se están buscando sitios como los que has dicho, y no es la primera vez. De vez en cuando, un compañero te dice «pues en tal sitio cuando llegamos mira lo que nos hemos encontrado». Se lo comunicas a la Guardia Civil. Se están dando plantaciones de marihuana, pero ahora y antes. Lo que pasa es que se están perfeccionado y están utilizando motores que provocan chispas… pero para usarlos habría que tener la zona limpia. Esto ha ocurrido, no de ahora, y en más sitios. Eso es más habitual de lo que podemos esperar.