No cabe duda de que, antes de la crisis, nuestro ámbito de actividad, y concretamente en el segmento residencial, había construido unas bases sólidas con las que enfrentarse cualquier desafío y afrontar con optimismo un futuro de crecimiento. Sin embargo, a pesar de este trabajo previo que han realizado todas las compañías de nuestro sector, es necesario señalar que el impacto de la crisis no ha sido uniforme, sino que ha variado en función del tipo de la demanda.

El ejemplo más claro es la doble vertiente entre los compradores extranjeros y los locales. Mientras que las operaciones realizadas por los compradores nacionales se han mantenido, e incluso incrementado, durante los últimos meses, los clientes internacionales se han mantenido en periodo de hibernación, a la espera de que se facilitase la movilidad entre países y se estabilizaran algo más las previsiones de futuro de la economía global tras la pandemia.

En este contexto, el ámbito más afectado ha sido el de la segunda residencia, especialmente relevante en las zonas costeras del este y el sur peninsular. Estas zonas, con Málaga a la cabeza, cuentan con un gran atractivo para los visitantes extranjeros, especialmente europeos, puesto que ofrecen las ventajas de un clima de sol y calor, combinado con unas costas excelentes, una gran seguridad y uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Además, el hecho de contar con una de las redes de fibra óptica más extensas del continente, superando incluso a países como Alemania, Italia o Francia, también permite que puedan teletrabajar con las mismas facilidades, o incluso más, que en su país de origen.

Ventajas del sector inmobiliario español

Todas estas ventajas habían convertido al segmento de la segunda residencia español en uno de los destinos de inversión más atractivos dentro del sector inmobiliario europeo hasta finales de 2019 e inicios de 2020. Sin embargo, la incertidumbre sanitaria y económica y las restricciones de movilidad han mantenido durante algo más de un año la demanda internacional en standby, sin concretar un gran número de operaciones a pesar de un interés que se ha mantenido.

Sin embargo, durante este último verano, la reducción de las limitaciones de movilidad y de las restricciones en comercios y locales de ocio, así como de la asistencia a las playas y piscinas, han vuelto a reactivar la excelente demanda internacional con la que contábamos antes de la pandemia. En este contexto, tenemos que ser conscientes de que el sector de la segunda residencia puede vivir una segunda juventud y reimpulsar, todavía más, la recuperación y crecimiento del sector inmobiliario en general.

Para lograr potenciar este objetivo desde las promotoras tenemos que ser muy conscientes de las necesidades y de las peticiones de los usuarios internacionales al buscar una vivienda en nuestras zonas costeras, como Málaga. Ya no solo es suficiente contar con una buena ubicación respecto a las playas, sino que también es necesario ofrecer una situación que esté próxima y bien conectada con los grandes núcleos urbanos y, por ende, a su oferta de ocio y servicios.

Pero la ubicación no lo es todo. El interior de la vivienda también tiene que adaptarse. Además de las necesidades tradicionales de las segundas residencias, como piscinas o terrazas donde disfrutar del tiempo de la costa, también ha ganado todavía más importancia el aprovechamiento de la luz natural y el hecho de contar con espacios para trabajar o estudiar. Como he adelantado antes, España ofrece todas las facilidades para que un ciudadano extranjero pueda teletrabajar desde su segunda residencia, por lo que las viviendas tienen que adaptarse a esta realizad y ofrecer un espacio exclusivo para este fin. Por supuesto, incluir una estancia para este fin puede suponer un incremento del precio o una reducción de dormitorios y ahí es donde entran en juego las zonas comunes.

Las promotoras tenemos que ser conscientes que este tipo de servicios son cada vez más reclamados por nuestros clientes. La incorporación, por ejemplo, de una sala de estudio o coworking donde los vecinos puedan acudir a trabajar sin salir del edificio, pero separando los espacios laborales y de ocio, se ha vuelto casi imprescindible. De la misma forma, se pueden incorporar servicios de peluquería, deportivos o incluso una sala de cine a disposición de todos los vecinos. Entre las zonas comunes más destacadas también está la sala social-gourmet, con la que celebrar grandes reuniones con amigos y familiares sin necesidad de hacerlo en casa.

Otra zona común que es de gran utilidad, especialmente para los ciudadanos extranjeros, es la Guest House, un espacio compartido entre todos los vecinos y que se puede reservar para acoger a invitados preservando una mayor intimidad que haciéndolo en el propio hogar.

En definitiva, España cuenta con todos los ingredientes para que el segmento de la segunda residencia sea un acelerador que lleve al sector inmobiliario a consolidarse a la cabeza de Europa y en cotas más altas que antes de la crisis. Por este motivo, la inversión y las decisiones de producto que tomen los promotores en ciudades como Málaga serán claves para ver cuan lejos podemos llegar en los próximos años.

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