Málaga ha saldado esta semana una de sus cuentas pendientes con la memoria de las víctimas de la Guerra Civil. La familia del comandante Joaquín García-Morato, un aviador franquista considerado por los suyos como el gran héroe del aire, exhumó en junio sus restos mortales, que reposaban desde 1971 en la iglesia del Carmen, en la capilla de la Hermandad de la Misericordia, de la que el Ejército del Aire es Hermano Mayor Honorario. Acudieron tres de sus nietas, el sacerdote dijo un responso para finalizar con la exhumación. Todo muy discreto, en la intimidad y con el plácet del Obispado. Este movimiento de la familia ha sido aplaudido por el alcalde, Francisco de la Torre, el presidente de la Asociación contra el Silencio y el Olvido y por la Recuperación de la Memoria Histórica, el profesor Pedro Moreno Brenes, y el portavoz del PSOE, Daniel Pérez.

El alcalde respeta la decisión de la familia, Moreno Brenes la aplaude y habla de «altura de miras». No en vano, sus familiares han intentado evitar un espectáculo parecido al de la exhumación de Franco o al contencioso establecido en torno a los restos del general genocida Queipo de Llano, enterrado en la basílica sevillana de La Macarena. «La familia ha entendido que era lo más razonable. Agradezco su altura de miras. Entiendo la división entre la posición de la familia, que quiere tener a sus deudos en la mejor situación y, en otro plano, que hay que hacer las cosas conforme a ley y, por tanto, no se pueden herir sensibilidades gratuitamente, porque García-Morato fue un militar de Franco, que se sublevó contra la República e incumplió su juramento de la Constitución. Es una buena ocasión para que la familia de Queipo de Llano, que está en la Macarena, tenga también altura de miras». Criticó, además, que aún no se haya cambiado el nombre de la avenida García-Morato, «el Ayuntamiento tiene la obligación de cumplir la ley».

Daniel Pérez, por su parte, aseveró que la familia había sido más diligente que el Ayuntamiento, que mantiene la avenida «a este aviador franquista y a Carlos Haya». El Consistorio, en su opinión, estaría incumpliendo la Ley de Memoria Histórica.

Había un acuerdo de la Comisión de Memoria Democrática de Málaga de febrero de 2020 para trasladar al Obispado los pactos plenarios de 2018 en los que se pedía, entre otras cosas, el traslado de sus restos. Todo el mundo ve aquí un antecedente claro para el traslado de Queipo de Llano. En todos los frentes hay cierta sensación de alivio por la sensatez de la familia. Pese a todo, el equipo de gobierno se negó el pasado jueves, en la Comisión de Derechos Sociales y Cultura, a quitarle su nombre a la avenida que va al aeropuerto, muy transitada, por cierto. Lo mismo ocurrió con el también aviador franquista Carlos Haya, ya aprobado el cambio de denominación por el de Camino de Antequera, sin que se haya dado.

Los restos de García-Morato, en Málaga. BIBLIOTECA DE DEFENSA

Pero ¿quién fue el comandante Joaquín-García-Morato? La cosa va por barrios. En la Fundación Nacional Francisco Franco, se dice que nació en Melilla en 1904 y se le considera «el máximo as de la aviación española» . A los dieciséis años ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y, como alférez, fue destinado a Marruecos. En 1924, perdió a su padre en acción de guerra en ese país y, en 1925, solicitó hacer el curso de piloto, tras lo que se sumó al Grupo de Melilla, tomando parte en numerosas acciones. En 1927, terminó el curso de piloto de hidroaviones. Perdió en 1929 a su hermano en un accidente de aviación, y él mismo tuvo un grave percance el 24 de octubre de 1928, del que tardó en recuperarse.

En 1930 fue profesor de la Escuela de Transformación de Guadalajara y al año siguiente pasó a ser profesor de la Escuela de Pilotos de Alcalá de Henares. El alzamiento rebelde le sorprendió en una exhibición aérea en Inglaterra, regresando a España e incorporándose al Ejército Nacional a principios de agosto. Realizó misiones de caza en Andalucía. Participó en la batalla del Jarama, por la que ganó la Cruz Laureada de San Fernando a título individual. Al final de la contienda, según esta fundación, había derribado 40 aviones enemigos comprobados y 12 probables, había realizado más de 1.000 horas de vuelo, participado en 511 misiones de guerra y luchado en más de 140 combates aéreos. Escribió varios libros, entre ellos ‘Guerra en el aire’, prologado por Franco.

Murió tan solo tres días después de acabar la Guerra Civil y fue enterrado en San Miguel, para ser trasladados sus restos a la iglesia del Carmen del Perchel en el año 1971

Murió el 4 de abril de 1939 en una exhibición aérea en Griñón, Madrid. Tenía 36 años. El ataúd con sus restos mortales recorrió España, dice la fundación, para acabar en Málaga, donde fue enterrado en San Miguel. En la ciudad se le tributaron grandes honores, como atestigua una de las imágenes de este reportaje. Estaba casado y tenía cuatro hijas. Franco lo nombró Conde de Jarama en 1950. Estuvo en ese cementerio hasta el 71, cuando se trasladaron sus restos a la capilla de la Misericordia por mediación de un hermano mayor. Ahora, es la familia la que, con discreción absoluta, ha movido papeles para llevarse los restos a un lugar indeterminado.

Las asociaciones para la recuperación de la Memoria Histórica destacan, por su parte, las enormes sombras de su biografía, como por ejemplo el sanguinario bombardeo de Jaén, atribuido en un principio a pilotos germanos, aunque hoy se conoce que fueron aviadores españoles los que lo ejecutaron (pilotaban seis bombarderos Junckers como los de la Legión Cóndor). Las crónicas hablan de 150 muertos. Se cree que García-Morato estaba al frente de la escuadrilla de cazas que custodiaba a los bombarderos (dejaron caer 76 proyectiles en una ciudad sin objetivos militares), según eldiario.es. También critican su participación en el bombardeo de Antequera.

Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía, consideró en 2017 lamentable que Defensa lo definiera en su web como héroe, cuando «fue responsable de la muerte de miles de civiles en Andalucía». Señaló a Ideal de Jaén que este reconocimiento es un «incumplimiento flagrante» de las leyes de Memoria Histórica y Democrática.