Si en la primera parte del Quijote, el Caballero de la Triste Figura y su escudero reciben tundas de todos colores, en la versión del misterioso Alonso Fernández de Avellaneda -un libro muy divertido y bien escrito, pero lógicamente vapuleado por haber plagiado a Cervantes- las tundas a la pareja se multiplican, hasta el punto de que una de las palabras más repetidas es ‘mojicón’ (en el castellano antiguo original, ‘moxicón’) que según la RAE es el golpe que se da en la cara con la mano. Resumiendo: en el Quijote de Avellaneda llueven los guantazos.

Al autor de estas líneas no le cabe duda de que, si fuera posible trasladar a la famosa pareja a nuestros días, un lugar donde Don Quijote y Sancho volverían a caerse con todo el equipo, de haber mudado a Rocinante y el rucio por sendos patines eléctricos, sería un tramo del carril bici que pasa por delante del Cottolengo, muy cerca del Parque Huelin.

Allí no llueven los mojicones sino los saleazos, mayormente de los usuarios del patinete, porque los ciclistas se limitan a dar un bote cuando se topan con el accidente orográfico, pues se trata de una grieta de lado a lado que no se la salta el galgo corredor de don Alonso Quijano.

Lo vivió en sus carnes un padre de familia malagueño el pasado viernes por la tarde. Se trata de un usuario experimentado de patinete eléctrico, que no sale sin su casco ni su chaqueta reflectante y que tiene limitado el cacharro a 25 km/hora.

En esta ocasión, utilizó este carril bici que frecuenta poco para hacer un mandado, con tan mala suerte que cuando llegó a la fatídica grieta, que ya tiraba a falla tectónica, la rueda delantera se enganchó, el patinete se encabritó hacia delante y el jinete salió despedido alrededor de seis metros y cayó de lado.

Advertida la Policía Local, registró el golpetazo como accidente de tráfico al tratarse de un vehículo a motor. En cuanto al conductor, que llevaba gafas de sol, con el impacto le produjeron un hematoma en un ojo; además, sufrió abrasión en la mejilla y el latigazo que sintió en el cuello se ha transformado en visitas al fisioterapeuta y baja laboral.

La policía, por cierto, tuvo el detalle de cubrir con arena la aviesa grieta. En cuanto a la víctima, hará una reclamación patrimonial al Ayuntamiento, aunque su mayor intención con este gesto es que la ‘falla’ se tape y de paso, que el Consistorio repase bien nuestra inconexa red de carriles bici. En contra de su voluntad, un usuario de patinete eléctrico voló por los cielos de Huelin a lomos de Clavileño con quijotescas consecuencias.