La serie británica de televisión ‘Sí, ministro’, emitida entre 1980 y 1984, desgranaba con humor las andanzas de un nuevo ministro de Asuntos Administrativos que era continuamente torpedeado por sus subordinados, para que ningún proyecto cuajara y así no les complicara la vida.

La serie tuvo el mérito de contar con humor cómo tantas administraciones funcionan de aquella manera, con proyectos que avanzan a trompicones una vez sorteado el ‘fuego amigo’ y a la espera de las andanadas de la oposición.

Estas reflexiones bien pueden acompañar a todo aquel que se adentre por lo más inhóspito del parque periurbano de La Virreina. Hace 11 años, el autor de estas líneas, acompañado por varios vecinos, constató en un amplio reportaje que el parque en ciernes estaba para el arrastre y era lo más parecido a un estercolero o, siendo benevolentes, a una exposición de muebles destrozados.

Ha pasado el tiempo y, afortunadamente, el estado catastrófico del parque ha desaparecido. En su lugar, nos encontramos con una zona verde muy bien cuidada, sobre todo en el paseo principal que casi sale de los pies del caserón rehabilitado de La Virreina.

Vista de Málaga desde uno de los cerros del parque. A.V.

Los senderos están muy bien marcados y sólo se aprecia algún resto de basura en el arroyo que serpentea por el parque, pero se ve que en su mayoría son restos que el viento se llevó de algún cumpleaños celebrado en los alrededores -hay algunos globos dorados con números gigantes-.

Y al pie de una torreta de alta tensión, un grupo de cavernícolas ha celebrado un botellón y a continuación ha espurreado vasos y botellas.

Lo más preocupante llega cuando el paseante deja los senderos practicables y se acerca a la zona más próxima a la autovía.

Pertrechos abandonados de las obras de Fomento, esta semana. A.V.

Allí se topará con el mismo paisaje ‘administrativo’ que en 2010. Once años después, todavía duerme el sueño de los justos y se desintegra lentamente en la Naturaleza, al ritmo de las estaciones, un auténtico ‘parque temático’ del apático Ministerio del Fomento.

Se trata de objetos abandonados de las obras del enlace de La Virreina con la Ronda Este: grandes separadores, tuberías de distinto tamaño, restos variados (y desmenuzados) de hierro y plástico y un encauzamiento gigante de hormigón que parece la atracción de feria del cilindro en el que el público trataba de imitar a los hámster en su rueda, perdiendo el pie.

En el tiempo transcurrido, en todo este tiempo ninguna administración se ha molestado en recoger la ‘basura ministerial’, ¿para qué? Es el tesoro mejor guardado y más sonrojante del parque periurbano.