En el verano de 2003 el malagueño José Vázquez, de 86 años, contaba para esta misma sección, Mirando Atrás, cómo era la vida en la Colonia obrera de Santa Inés, donde vino al mundo en 1917.

«Entré a trabajar en la fábrica con ocho o nueve años», recordaba. La fábrica era la de ladrillos y tejas de Santa Inés y José explicaba que muchos de esos ladrillos que salieron de su trabajo fueron a parar a los edificios de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 y al Protectorado español en Marruecos.

José Vázquez, de 86 años, vecino de la colonia y antiguo trabajador, en 2003 delante de la portada de la fábrica en la que entró de niño. Arciniega

La fábrica y su colonia, el trabajo y la vida de José y de cientos de malagueños, han sido recordados en una placa que desde hace unos días luce en la fachada de la preciosa biblioteca municipal José María Hinojosa, uno de los edificios más bonitos de la colonia.

La placa, inaugurada hace unos días por la concejala de Cultura Noelia Losada, forma parte del programa ‘Málaga hace Historia’, que realza edificios ligados a personajes y lugares de Málaga y reza: «La Colonia de Santa Inés, barrio obrero de gran valor arquitectónico de principios del siglo XX, fue hogar de los trabajadores de la reconocida fábrica de ladrillos, tejas y cerámica».

En el Camino de Ronda, una vez dejada atrás la Cuesta del Espino (el Camino de Antequera), aprovechando que no faltaba la arcilla en unos terrenos entre el arroyo de las Cañas y el de Teatinos, en la década de 1870 Francisco Viana Cárdenas montó una fábrica de ladrillo que como destaca el profesor de la UMA Francisco Rodríguez Marín, alcanzó su máxima producción en 1881 y llegó a emplear a 170 trabajadores. Además, producía 20.000 ladrillos al día.

El tejar en el plano de Málaga y sus alrededores de 1899. L.O.

Tan bien marchaba que, según data la Gerencia de Urbanismo, a finales de ese siglo se construyó la primera fase de la colonia obrera en la actual calle Navarro Ledesma y las vías del entorno. En el plano de 1899 de Málaga y sus contornos, de Emilio de la Cerda, la zona aparece señalada como el ‘Tejar de Viana Cárdenas’.

Por cierto que el nombre de Santa Inés parece que viene por el nombre de su esposa Inés Uribe.

De este industrial, José Vázquez se hacía eco de recuerdos familiares para destacar su talante paternalista con los trabajadores y cómo en alguna ocasión intercedió ante la Guardia Civil en defensa de ellos.

Modesto Escobar

Pero lo cierto es que cuando este vecino entró a trabajar en la fábrica, ya había cambiado de manos: desde 1924 era propiedad del torroxeño Modesto Escobar Acosta, en unos tiempos en los que la producción alcanzaba ya los 30.000 ladrillos diarios.

Salvador Márquez Galindo, en un trabajo para la revista ‘Isla de Arriarán’ sobre este empresario y político destaca que la Colonia de Santa Inés fue su proyecto «más ambicioso» y en el que además llevó a la práctica «sus ideales políticos y sus programas de desarrollo social; garantizando así el bienestar de los trabajadores».

Modesto Escobar amplió la fábrica, trajo maquinaria del Reino Unido, construyó nuevos hornos y en 1927 levantó la famosa portada de la fábrica, que todavía se conserva.

Además, en esa década amplió la colonia y construyó una escuela, un dispensario (la mencionada biblioteca de nuestros días), una capilla y un depósito de agua con forma de torre circular con almenas que sigue en pie. De Modesto Escobar recordaba José Vázquez que era «un hombre muy agradable pero severillo».

De sus tiempos de trabajo en la fábrica José Vázquez contaba cómo se encargaba de recoger la arcilla, que era transportada en burro desde ‘la charca’ (la Laguna de la Barrera) hasta una pila donde había que amasarla con los pies y los brazos. «Todo el mundo terminaba hecho polvo con los resfriados», recordaba José, pues a veces había que trabajar a tres grados bajo cero al aire libre y retirar la escarcha con las manos.

La 'charca', la Laguna de la Barrera, en una foto de 2001. Carlos Criado

Tras amasar la arcilla había que trasportarla en las llamadas ‘vagonas’ hasta el horno. Y para combatir el frío y el contacto continuo con la arcilla, se frotaba los muslos con orujo.

Tras la muerte del industrial, asesinado en el arranque de la Guerra Civil por el bando republicano, sus hijos se hicieron cargo del negocio. Como informa Francisco Rodríguez Marín, en 1971 empleaba a 107 trabajadores y en los años ochenta asumió la gestión de la fábrica la cooperativa Coceinsa, hasta que cerró de forma definitiva en 1993.

Dos años más tarde, una promotora demolía la chimenea principal, para consternación de los vecinos.

Del paradójico ‘boom del ladrillo’ se salvó la chimenea segunda, que por lo menos ha quedado preservada alrededor de un bloque en la calle Juana de Castro.

Juan Carlos Rey, presidente vecinal y sobrino de Manuel Bautista Ávila, en 2006, cuando el Ayuntamiento dedicó la principal plaza del barrio a su tío. Arciniega

El camino de entrada a la desaparecida fábrica, una vez traspasada su preciosa portada, recuerda desde hace unos tres lustros al estudiante de Magisterio y comandante republicano, Manuel Bautista Ávila, que salvó la vida a una veintena de personas de la Colonia de Santa Inés y que falleció durante la contienda. Su sobrino, Juan Manuel Rey, contó en esta misma sección en 2006 la labor humanitaria de su tío.

La Colonia de Santa Inés, Arquitectura e Historia doblemente reconocidas.