Pese a que en la Málaga musulmana en cuestión de árboles la procesión iba por dentro, es decir, que abundaban más en los patios de las casas y no contaban propiamente con parques o jardines públicos, eso no significa que no hubiera por las calles.

Árboles por supuesto que abundaban y suponemos que en algunos casos se trataba de ejemplares notables, porque cuando llegaron los cristianos dieron nombres a algunas calles como la calle Parra, la calle Granado (en singular, la actual calle Fresca), la calle del Ciprés o la del Naranjo.

Como destaca la historiadora María Victoria García Ruiz en su excelente trabajo ‘Málaga en 1487: el legado musulmán’, además de estos árboles y parras, en los documentos de los Repartimientos aparecen registrados higueras, morales y olivos.

En suma, vegetación mediterránea sin el exotismo que arribaría en los siglos siguientes, gracias a los jardines de aclimatación y esa ‘feria de muestras perpetua’ que supuso la finca de La Concepción y más tarde el Parque de Málaga.

En este paseo secular por los árboles habría que viajar a 1902, según los ratos recopilados por Ctesifonte Souviron en su monumental obra ‘De La Caleta al cielo’. Fue el año en que el abuelo materno de Ángeles Rubio-Argüelles Alessandri pidió permiso al Ayuntamiento para construir tres hotelitos en el actual arranque del Paseo Sancha, en la acera de los pares (acera sur). Fueron Villa Rosa, Villa Carmen y Villa Carlota y los levantó para él y su familia.

Los tres chalés desaparecieron en los años 70. En el de en medio, Villa Carmen, se casaron Edgar Neville y Ángeles Rubio Argüelles y allí nacieron sus dos hijos.

De Villa Rosa, la primera de las casas, nos ha quedado el famoso ‘árbol de Reding’, en realidad el árbol del Paseo de Sancha, un majestuoso ejemplar de ficus probablemente plantado en ese arranque del siglo XX por el abuelo de Ángeles Rubio-Argüelles.

Como contó La Opinión, en septiembre de 2019 un rayo alcanzó el árbol y desgajó parte del ejemplar, que dañó varios coches aparcados debajo.

Quienes admiramos estos árboles centenarios de nuestras calles ya nos temíamos una inevitable decadencia, pero se ve que ‘el rayo que no cesa’ no ha sido suficiente para este ficus, pues desde hace meses puede apreciarse cómo en el gigantesco ‘muñón’ han surgido con fuerza unos esperanzadores ‘brotes verdes’ reales y no los del Ministerio de Economía. En suma, que el árbol de la familia Alessandri tiene cuerda para rato.