La coincidencia espacio temporal del boom del ladrillo y de dirigentes políticos con un sentido del espacio público bastante excéntrico ha llenado la Costa del Sol de rotondas en las que se ha potenciado el concepto merdellón de la existencia. El resultado son algunas rotondas que parecen salidas de alguna dictadura del Asia Central.

Quizás la mayor personificación de todo este caudal de horterismo en el mobiliario público ha sido la popularmente conocida como ‘columna de la guarra’ -con perdón- en la entrada a Torremolinos.

Como saben, se trata de un ‘Monumento al Turista’, obsequio del polémico constructor Rafael Gómez ‘Sandokán’, que quiso ofrecer a este antiguo barrio de Málaga un gazpacho de estilos arquitectónicos, sin despreciar ni el barroco ni el micénico, por eso de que la figura femenina que remata -nunca mejor dicho- la columna está sustentada por una pareja de delfines con ganas de saltar del artefacto y surcar de nuevo los mares, al fin libres.

En los años del despilfarro tampoco hubo contención estética por parte de algunos alcaldes costasoleños, seguramente primos lejanos de Akenatón.

Una rotonda mejor aprovechada, sin necesidad de plantar un horror cósmico como el Monumento al Turista o unos olivos centenarios que cuesten riñón y medio es la que podemos disfrutar a la entrada de la barriada de Las Delicias, en la Carretera de Cádiz.

El Ayuntamiento de Málaga hace años que extendió la moda hollywoodiense de anunciar muchos barrios de Málaga con letras de cine y en la rotonda donde están plantadas las letras gigantes del barrio, en la calle Ildefonso Marzo, ha aunado el homenaje de los vecinos con una profusión de Naturaleza que ya lo quisieran muchos parques de Málaga.

El homenaje vecinal hace referencia a que en esta rotonda se encuentra el busto del escultor malagueño Antonio Leiva, nacido en 1939 y fallecido en 1998, vecino del barrio y discípulo de Francisco Palma Burgos. El busto lo realizó Isabel Batista, discípula de Antonio Leiva y autora también del busto que recuerda a José María Martín Carpena en el Parque Huelin.

Además en la rotonda está la última obra de Antonio Leiva, un monolito a la Libertad con las efigies de Torrijos, María Zambrano y Blas Infante. Las dos obras están arropadas por un gran ficus, yucas, varios cipreses y palmeras y por otras especies. El resultado es una gran isla verde en mitad del tráfico. Mucho más hermoso y discreta que algunas rotondas que se pasaron tres pueblos. Y algunos delfines.