Valdebebas, el nuevo desarrollo urbanístico que crece al norte de Madrid, sorprende por ser muy grande. También por ser muy blanco. Solo al final de lo que allí han dado en llamar como el «paseo marítimo» –una calle ancha situada frente a un descampado que algún día será un gran parque– hay un par de edificios marrones con fachadas de ladrillo visto. El resto son inmaculadas, como mucho de color beis.

«Es una de las sugerencias que se hizo», explica Fátima Iglesias, directora de comunicación de la junta de propietarios, sobre el pliego de condiciones estéticas entregado a promotores. Concretamente, Valdebebas pide que el 80% de cada fachada sea de color claro y el 20% restante de libre elección. «Son edificios caros, muy modernos y domotizados. La idea es que fueran más o menos uniformes. Pero es solo una recomendación».

En Valdebebas viven ya 15.000 vecinos, en su mayoría familias jóvenes, y se espera que sean 50.000 cuando esté terminado.

El patrón se repite fuera del barrio, tanto en el resto de la ciudad como en otras. En el norte (Bilbao, Vitoria, Barcelona) y en el sur (Málaga, Sevilla, Murcia, Valencia). Basta con dar una vuelta por las webs de dos de las principales promotoras de nuestro país, Neinor Homes y Vía Célere, para observar cómo la mayoría de promociones nuevas se hacen en color blanco, alejadas del ladrillo tradicional que se usó durante la burbuja inmobiliaria.

Aunque los motivos son variados -y van desde la búsqueda de una imagen lujosa a la falta de mano de obra en construcción-, lo que hay tras esta tendencia es una ola de nuevos materiales y tecnologías para revestir las fachadas. El blanco es el naranja de nuestro tiempo. «Son más modernas. Los productos son industriales y la manipulación se hace en taller», explica el arquitecto Jesús Zafra, autor del Ortiz de Zárate, un edificio blanco que se torna dorado cuando le da el sol y que está en Murcia. «¿Tú te imaginas una televisión de madera tallada? No. Te esperas una pantalla plana y no a un ebanista haciendo la caja, como antes. Estas fachadas son consecuencia de una demanda y una respuesta adecuada a su época», añade.

Algunos materiales llevan años entre nosotros. Es el caso del hormigón, donde lo novedoso es el proceso de prefabricación, pero también del Krion y el Dekton, productos de alta gama de dos empresas clásicas de baños y cocinas: las españolas Porcelanosa y Cosentino. Porcelanosa presentó el Krion en 2011 para usar en encimeras, bañeras y platos de ducha, pero también en exterior. Desde la empresa reconocen que el negocio de fachadas es aún residual respecto al de encimeras, pero el catálogo de edificios que lo usan crece cada día y no solo en España, también en el resto del mundo. Dekton, de Cosentino, es una versión para usar al descubierto del Silestone, habitual en encimeras.

En Mijas tiene proyectado un complejo de unifamiliares blancos ; en el barrio Martiricos de Málaga, dos rascacielos blancos

Blancos y curvados

«El Dekton es una evolución del Silestone. Tiene prestaciones para ponerlo en fachada. Todos estos materiales vienen de moldeados interiores, de las encimeras curvas de los 60», cuenta el arquitecto Julio Touza, cuyo estudio es responsable de varios de estos edificios. «El reto era sacarlos fuera, donde hay lluvia y se amarillean. Han conseguido componentes químicos que les aportan lo que faltaba. Tenían moldeabilidad y les faltaba durabilidad. El ladrillo tiene la ventaja de no necesitar mantenimiento y durar. Cuando estos materiales mejoran, bajan de precio y aparece mano de obra especializada, las fachadas se orientan a ellos».

César Frías Enciso es arquitecto y fundador de Morph Estudio. En la calle Doctor Esquerdo de Madrid levanta una torre blanca con curvas en la fachada. En la zona de Méndez Álvaro, frente a la nueva sede de Repsol, tiene otro gran edificio residencial con terrazas curvas que llama poderosamente la atención.

En Mijas tiene proyectado un complejo de unifamiliares blancos (Edén, de la promotora Kronos Homes); en el barrio Martiricos de Málaga, dos rascacielos blancos; en Sevilla ya crece el blanquísimo residencial Oasis y en Valdebebas firma dos edificios contiguos y blancos en forma de barco: Las Terrazas del Lago, ya terminado, y Zafiro, desde cuya obra nos explica por qué todas las fachadas son blancas y cuánto cuesta cada nuevo material.

«Esto lleva bastantes años. Unos diez. Durante la crisis apenas se construyó. Después, Vía Célere popularizó el blanco y negro», cuenta. «Antes los edificios no eran blancos porque construíamos con ladrillo caravista. Podían revestirse con un mortero de cal y monocapa, pero eso daba problemas de grietas y fisuras, envejecía mal. De ahí pasamos a un mayor empleo de prefabricados, fachadas ventiladas, cerámicas y de piedra. Tras la crisis, los productos nuevos, más técnicos y menos vinculados al barro, fueron una salida». Por orden, el más caro es el Krion de Porcelanosa: de 300 a 600 euros el metro cuadrado, si la curvatura es compleja. «El nombre genérico es solid surface [en español, superficie sólida]. Es como el Corian, de Dupont. Parece mentira pero es un 99% aluminio y un 1% resina. Es un material caro que solo se puede poner en edificios singulares», dice.

Terrazas del Lago, un edificio con la fachada de Krion. Alba Vigaray

«El Dekton es distinto, es piedra artificial. Es blanco pero admite tonos complejos y acabados como una piedra natural. Es más caro que el prefabricado pero no tanto como el Krion. Es fantástico. No admite curvas, pero permite piezas de tres metros y te lo traen cortadito. Lo usamos en Mijas», añade.

Si el Krion y el Dekton están en la parte alta de la tabla, en la media se encuentran los paneles de composite. «Es aluminio con tableros de resina por debajo. Es lo que estamos empleando aquí. Permite formas de arista», dice. Las enormes terrazas de varios de los pisos del edificio, que miran al futuro parque de Valdebebas, llevan una pieza de composite encima que impide la instalación de toldos. Pero el sol pega igual. En las Terrazas del Lago los vecinos han terminado poniendo sombrillas ante esta situación.

Los motivos son muchos, desde dar una imagen de lujo a la falta de mano de obra

Para obras con menos presupuesto -por ejemplo, la torre de Doctor Esquerdo o los pisos de Méndez Álvaro en Madrid- los arquitectos optan por el hormigón prefabricado o el GRC (Glass Reinforced Concrete u hormigón reforzado con vidrio). «Los prefabricados son más baratos y te sirven de estructura, porque la propia fachada resiste. Cuando usas soluciones de este tipo, haces moldes y de ahí sacas las piececitas». Las torres de Martiricos, en Málaga, también irán con hormigón prefabricado.

Los precios empiezan en unos 120 euros el metro cuadrado y se incrementan a medida que se complican las formas. Hay que tener en cuenta que, de media, construir un metro cuadrado cuesta 1.000 euros, así que el aumento porcentual no es tanto. Pero para aceptar ideas más caras «tiene que haber un promotor que gobierne sus números y se salga de la hoja de excel».

No más ladrillo

«En residencial se usa el prefabricado de hormigón por su capacidad de ser moldeado, por permitir distintos ángulos y por su solidez», añade Touza. «En los últimos años hemos tratado de convencer a nuestros clientes de que el prefabricado era un buen elemento. Ahora, al hacer terrazas, con una sola pieza que levantas con una grúa resuelves cuatro trabajos. Antes, para instalar una barandilla, tenías que ponerla, pintarla por los dos lados y taladrar. El hormigón viene acabado por ambas caras: lo enganchas y has terminado. Nos ha permitido hacer arquitectura ordenada, vistosa y eficaz». La irrupción de nuevos materiales industriales ha desplazado al ladrillo como material favorito para acabar las fachadas, aunque eso no significa que haya dejado de usarse, porque sigue siendo necesario para las capas interiores. «Más que una bajada, las fábricas de ladrillo caravista notan un estancamiento de las ventas. El crecimiento no es tan alto como en el resto de materiales cerámicos», apunta Elena Santiago, secretaria general de Hispalyt, la asociación nacional de fabricantes de ladrillos. «Pero mantienen la compostura, quizá por el mercado internacional ». Para Frías, normativas como la de Valdebebas y su 80% de colores claros solo denotan una cosa: que se quiere huir de él.

«Si quieres hacer una imagen nueva puedes hacerla con ladrillo y formas, pero lo normal es ir a un material más tecnológico. Por otro lado, en España todo lo que tiene color suena a vivienda social. El blanco estará de moda siempre. Aunque los promotores sí que te dicen: no me pongas blanco y negro, está muy visto. En los entrepaños hay un poquito más de variedad. Puedes poner cerámica, madera, basalto, Alucobond [paneles de aluminio] o piedra natural», continúa el arquitecto. «Al final, el 99% de las promociones buscan algo tranquilo. Solo nos piden color y que demos algo de vida cuando hacemos residencias de estudiantes».

Zafra, el arquitecto del Ortiz de Zárate en Murcia, anota que las fachadas curvas y el blanco están inspiradas en la arquitectura de los años 30 y en Le Corbusier. Desde la promotora para la que trabajó, Profusa, admiten que el diseño de la fachada es ya una condición importante para que la gente compre una casa. «Se lleva el blanco», dice Ángel Cañavate, arquitecto de la firma. «Quizá es porque se siente más lujoso o de mejor calidad».

A los motivos anteriores, se añade uno más: la falta de mano de obra especializada en poner ladrillos. «Gente hay mucha. Pero que sea capaz de colocar las cosas bien no existe», admite Julio Vicente, el jefe de obra del edificio blanco de composite en Valdebebas. «No los mimamos en los buenos tiempos y ahora nos hacen falta». El sector ha pasado de emplear a 2,5 millones en 2008 a 1,2 en 2020 y la mano de obra ha envejecido. En 2008, el 40% de los trabajadores de la construcción eran menores de 40 años. Hoy son más del 70%, según datos oficiales.

«Es uno de los temas que más preocupa. La crisis anterior expulsó a una masa de gente joven. Ahora, la gente histórica del sector se jubila», afirma Touza. «Hay un problema que hace que busquemos materiales que dependan menos de la manualidad y más de la fabricación en taller». Cómo envejecerán todos estos edificios blancos es algo que solo el tiempo dirá.

Las fachadas con volumen, defiende Frías, envejecen mucho mejor que las planas porque «el clima enfatiza su geometría», las formas y gestos que ya tiene el edificio. Los arquitectos que usan los nuevos materiales defienden que son tan avanzados que el sol no los decolorará y que, si la contaminación los pone negros, siempre se podrán limpiar (es lo que sucede con el Krion y el GRC) o repintar (en el de los prefabricados).

Mientras tanto, resulta interesante observar proyectos de lujo y constatar que ya no emplean el blanco, sino distintos chapados de piedra, madera o metal.