Una anécdota célebre que tuvo lugar en La Malagueta cuenta cómo un aficionado le preguntó al famoso Diego Fernández, más conocido como el Gafas de Málaga, si podía reconocer, justo en el tendido de enfrente, al granadino Luis Gómez, el Diamante Rubio, un afamado ‘claque’ de toreros.

El Gafas le respondió, literalmente: «Leche, si casi no te veo a ti, ¿cómo voy a ver al Diamante Rubio?».

La agudeza visual es un don que, como el cabello, escasea en el autor de estas líneas, que nunca ha tenido vista de águila. El pasado 14 de octubre, esta sección se daba una vuelta por Las Delicias y resaltaba la belleza natural de la rotonda que da la bienvenida al barrio.

La crónica comparaba la profusión de árboles y la presencia de dos discretas obras artísticas, relacionadas con el escultor de Las Delicias Antonio Leiva, con la estridente rotonda del Monumento al Turismo de Torremolinos, cima del horterismo en el mobiliario público europeo.

Con el fin de que saliera el mayor porcentaje de esta enorme rotonda, la foto que ilustraba la crónica estaba tomada al otro lado de la acera, desde la calle Ildefonso Marzo. Claro que, como amablemente informó el presidente de la federación vecinal Cívilis, Antonio Fuentes, un examen más cercano de la rotonda habría evidenciado que no era oro todo lo que relucía.

De hecho, las dos piezas artísticas de este espacio son un monolito a la Libertad, obra de Antonio Leiva, y un busto dedicado a este escultor, nacido en 1939 frente al antiguo Museo de Bellas Artes, hoy el Museo Picasso, y fallecido en 1998, antiguo discípulo de Francisco Palma Burgos.

Hizo el busto, en barro, una discípula suya, Isabel Batista, autora también del busto a José María Martín Carpena en el Parque Huelin.

Como informa Antonio Fuentes, Ana, la hermana del fallecido artista, ha alertado del estado de deterioro del busto. Por este motivo, los vecinos presentaron hace meses al distrito un proyecto de regeneración.

Además de la suciedad de las palomas y gaviotas, la obra se está erosionando poco a poco, con el agravante de presentar varios costurones -muy llamativos los de la zona entre el cabello y la frente y en la parte posterior-.

En 2005, en conversación con el autor de estas líneas, Isabel Batista mostraba su deseo de poder pasar alguna vez al bronce este homenaje a su maestro. Después de tantos años como símbolo de Las Delicias, hora sería de que el Ayuntamiento se planteara preservarlo para siempre en bronce. Eso sí que sería tener vista.