El paso de los años, y van 91, no ha logrado aminorar la simpatía y cercanía de Pepe Luque Navajas, un malagueño joven de espíritu, de la cosecha de 1930. «Nací con Alfonso XIII siendo Rey», comenta con una sonrisa de asombro. La casa de Málaga donde vive, ‘La Gotera’, lleva el mismo nombre que el antiguo huerto que su abuelo materno, el ingeniero agrónomo Antonio Navajas Ruiz, tenía en Torremolinos, en ‘Villa Pepita’, la famosa ‘Casa de los Navajas’, un palacete neomudéjar de 1925 que su familia cedió hace lustros al Ayuntamiento de Torremolinos.

La figura de su abuelo materno, ingeniero de la Casa Larios, marcó la vida de Pepe Luque porque con el estallido de la Guerra Civil, fue detenido en varias ocasiones y en una de ellas se escapó de la cárcel y apareció en la casa de los padres del pequeño Pepe en la plaza del Obispo -el abogado José Luque Prolongo y Pepa Navajas Pareja-. «Esta tarde tenemos que irnos en barco o no llego a mañana», anunció su abuelo a la familia.

De forma apresurada, marcharon en un mercante, primero rumbo a Génova y luego a Santiago de Chile, donde vivían unos familiares del padre de Pepe. «En Chile estuvimos un año, yo tenía seis años. El mundo se me había cambiado totalmente. Quedé impresionado pero me fui acoplando. En Santiago hice la primera comunión», recuerda.

Pepe Luque muestra las fotos de su primera comunión en Santiago de Chile y de las milicias universitarias en Alcazarquivir. Álex Zea

El regreso a Málaga fue inesperadamente duro para él, como comprobó al entrar en el Colegio de San Agustín, donde llamó la atención por su acento ‘de fuera’. Con el paso de los cursos, y pese a que alguno repitió por el roce con algún profesor, fue ganando confianza. «Empecé a sentirme yo», confiesa. De esos años recuerda al profesor Joaquín Bozano, que tanto le apoyó. También, «y no puedo hablar más que gloria bendita de él», dice, el padre Andrés Pérez de Toledo, que le introdujo en la Filosofía, a la postre una de sus grandes pasiones, como demuestra enseñando uno de los libros que más le han marcado en la vida: la ‘Historia de Filosofía’ de Julián Marías.

Tanto le gustó el mundo del pensamiento, que mientras estudiaba Derecho en Granada, «de forma subrepticia me iba a la Facultad de Filosofía y Letras de oyente», sonríe. En sus estudios de Derecho, quien le marco «y me hizo abogado y constitucionalista», recalca, fue el famoso catedrático de Derecho Político Luis Sánchez Agesta.

Además de esta carrera, Pepe Luque completó la de Ciencias Sociales, «porque siempre me he sentido muy interesado por el pueblo, por lo popular».

Después de hacer las milicias universitarias -el último tramo, en el Protectorado Español en Marruecos, en Alcazarquivir- en 1957 jura como abogado y un año más tarde contrae matrimonio y pone en marcha la que sería una de las peñas flamencas más prestigiosas de España.

Nace la Peña Juan Breva

Como explica, su afición por el flamenco nació cuando a la muerte de su abuelo materno descubrió que tenía una gran colección de discos de cantaores antiguos. Ya en sus tiempos en Granada mantuvo amistad con el aloreño Pepe Navarro, en torno a la antigua Peña La Platería. «Cuando frecuenté La Platería me dije: Esto es lo que hay que hacer en Málaga».

Pepe Navarro y Pepe Luque entraron en contacto con aficionados malagueños al flamenco y el primer jueves de octubre de 1958, en el Pasaje de Chinitas, tuvo lugar la primera reunión constituyente de la Peña Juan Breva, un nombre propuesto por su primer presidente, el archivero municipal Francisco Bejarano, quien además encargó a Pepe Luque la redacción de los estatutos. 

Un joven Pepe Luque, con el azulejo que ensalza, con un acróstico, la Peña Juan Breva. Archivo Pepe Luque

La primera sede de la peña fue la Casa Luna de calle Granada y como subraya, desde el comienzo tuvo la intención de incorporar aficionados de todos los sectores sociales, «para que aquello no fuera clasista». Así, entre los socios de la peña había obreros de la Escuela Franco, trabajadores de Renfe, médicos,abogados y por supuesto también aficionadas. «Era una peña abierta», subraya.

Hasta tal punto era abierta, que cuando durante un tiempo se trasladó la sede al Círculo Mercantil de calle Larios, «hubo un cisma, gente de la peña se retrajo y se plantó diciendo que eso era de señoritos». Así que volvieron a Casa Luna, después de que el propio abogado malagueño consiguiera ajustar los horarios con la asociación de canaricultores, pues coincidían en la taberna aficionados al flamenco y a la cría de canarios a la misma hora. «Ese primer cisma se salvó», comenta.

Pepe Luque quiere subrayar que el éxito fulgurante de la Peña Juan Breva hay que enmarcarlo «en un momento de renacimiento en Málaga y euforia colectiva que coincide con la época de Paco García Grana». Precisamente, a finales de los 60 se incorporó a la junta de gobierno del Colegio de Abogados de Málaga, con el exalcalde como decano.

El letrado malagueño, padrino de un nuevo abogado. Archivo Pepe Luque

El abogado presidió la peña en cuatro ocasiones, en total casi 20 años, la primera de ellas a lo largo de más de una década y resalta que fue un cometido «sencillísimo», consistente en «ir ordenando en la práctica la programática que ya se había creado en los estatutos».

De todos los artistas que han pasado por ella se queda con Ángel de Álora, «un cantaor de sentimiento que cantaba lo que fuera y te ponía los pelos de punta». Y de Camarón de la Isla recuerda que acudía a cantar con gusto a la peña, cuando estaba en calle Beatas, en el Callejón del Picaor, y algunas veces acudían a buscarlo del sitio en el que estaba contratado para que fuera a actuar.

En 1965, en una edición de cien ejemplares de Ángel Caffarena, publicó su estudio ‘Málaga en el cante’, reeditado en el 88, un trabajo en el que dio a conocer «que el cantaor más antiguo que se conoce, el gaditano ‘El Planeta’, había vivido en Málaga».

Pepe Luque disfruta hoy de cinco hijos, nueve nietos y cuatro biznietos (y uno más en camino) y ha tenido la satisfacción de ver cómo la Peña Juan Breva estrenaba flamante sede y Museo de Arte Flamenco. Un malagueño apasionado de la vida y siempre cabal.

El abogado y flamencólogo, en la Peña Juan Breva en un acto en 2010, con el desaparecido Antonio Garrido Moraga. Archivo Pepe Luque