Jueves, 11:37 de la mañana, Carmen sale del establecimiento de Barbarela en Trinidad Grund pletórica, ligera y por su propio pie. Tras ella sale su hija, notablemente afectada con lágrimas de felicidad en la cara. La salud de Carmen llevaba años empeorando hasta el punto de ser totalmente dependiente para llevar una vida normal. Según ella, “veía borroso”, pero ninguno de los muchos doctores y especialistas que había visitado había sabido darle un diagnóstico concreto. Tras una revisión en Barbarela, Carmen fue diagnosticada de visión doble.

Ésta es solo una de las muchas historias que ocurren en el día a día de Barbarela, una óptica que presta servicios y aplica técnicas que van mucho más allá de una sencilla graduación de la vista, cuenta con un centro de terapia visual donde ayudan a sus pacientes a corregir problemas relacionados con la visión desde sus primeros meses de vida. Conscientes también de la importancia de sentirse bien por fuera, en Barbarela van más allá: dispone de un departamento de asesoramiento de imagen para que salud y estética vayan de la mano.

Lorena y Ángela, a la cabeza de Barbarela, practican esta filosofía de empresa heredada de sus antepasados: si bien fueron sus padres, Daniel Fernández y María Dolores Entrambasaguas ópticos de profesión, los que abrieron la primera tienda con nombre Barbarela en Cruz de Humilladero, la profesión es una tradición familiar que se remonta a 1917, cuando su bisabuelo Eloy Entrambasaguas compra a una familia francesa la óptica de la que era empleado. Diez años después, Eloy adquirirá un local en el número 1 de calle Larios, que ha estado funcionando como óptica durante casi 100 años y que heredaría su abuelo, también llamado Eloy Entrambasaguas.