Las comunidades energéticas son un modelo clave para lograr una transición energética sostenible y justa, cuyo despliegue en las redes de distribución traerá multitud de beneficios sociales, económicos y medioambientales.

Estos no solo afectarán a la comunidad y sus miembros, sino a toda la sociedad en su conjunto, ya que el despliegue a gran escala de este tipo de ecosistema energético favorecerá enormemente la reducción de emisiones de efecto invernadero, mejorará la eficiencia energética y dará mayor seguridad al suministro al ser un modelo energético que acerca la generación al consumo.

Asimismo, permitirá involucrar a un gran número de personas que, de otra manera, no tendrían un rol importante en la transición energética.

Y es que, una de las características principales de este modelo energético es que maximiza los beneficios en el entorno local —creación de puestos de trabajo a nivel local, cohesión social o mejora de las condiciones de vida, entre otros—, lo que facilita que los ciudadanos apuesten por este modelo energético y, como resultado, se acelere su transformación de consumidores energéticos pasivos a sujetos activos del sistema energético.

En definitiva, las comunidades energéticas son un modelo que se adapta perfectamente a las necesidades de la transición energética en la que nos encontramos inmersos.

Objetivo transversal

Existen muchas iniciativas de comunidades energéticas locales, sobre todo, basadas en el autoconsumo colectivo. Sin embargo, todavía es necesario avanzar tanto en la regulación como en el desarrollo tecnológico para conseguir sacar el máximo provecho a este nuevo modelo energético.

A nivel regulatorio, es importante contar con un marco legal coherente, homogeneizado y sin contradicciones ni vacíos legales. En el último año se han dado los primeros pasos con la introducción en la normativa española de las definiciones de Comunidades de Energías Renovables y Agregador Independiente.  

 Estos cambios regulatorios tienen que ir acompañados de desarrollos tecnológicos que habiliten la implementación de las actividades energéticas y modelos de negocio asociados.

En este tipo de ecosistema energético colaborativo, en el que se involucran multitud de recursos energéticos y actores, se deberán tratar e intercambiar un gran volumen de datos. En este sentido, la digitalización energética es uno de los retos principales que hay que abordar.

Es necesario analizar y dar valor a esos datos mediante el desarrollo de soluciones tecnológicas que permitan, entre otros aspectos, monitorizar y gestionar los recursos energéticos existentes de acuerdo a las características y necesidades de la comunidad y de su entorno, así como facilitar el intercambio de energía con agentes externos y entre los diferentes miembros de la comunidad.

Para dar respuesta a esta necesidad, en el Instituto Tecnológico de la Energía (ITE) trabajan en el desarrollo de diferentes soluciones tecnológicas encaminadas a explotar al máximo el potencial de este tipo de ecosistema energético.

En el ITE, apoyado por el Ivace, llevan más 25 años aportando soluciones tecnológicas basadas en cuatro líneas estratégicas como son la movilidad sostenible, almacenamiento energético, redes del futuro y economía circular y sostenibilidad.

«Nuestro objetivo se centra en mejorar la competitividad empresarial mediante la transferencia de conocimientos y tecnologías a la industria», manifiestan desde el Instituto.

En sus instalaciones cuentan con un piloto de digitalización energética, «GAMMA», puesto a disposición de las empresas mediante el que se pueden validar y testear estas y otras soluciones tecnológicas. Este proyecto piloto está financiado por IVACE y FEDER.

Concretamente, «GAMMA» consiste en la creación de un piloto digital que está a disposición de las empresas de la Comunitat Valenciana y en el cual pueden comprobar las ventajas de la digitalización de la energía a través de un gestor energético.  

«GAMMA» permite optimizar la gestión de los recursos energéticos en empresas. ED

 Los perfiles de posibles empresas beneficiarias serían aquellas del sector servicios, desarrolladoras de hardware, desarrolladoras de software y digitalización, ingeniería, movilidad sostenible, agregadores o distribuidoras eléctricas, industria electrointensiva, etc.

Además, el piloto contiene tecnologías existentes de apoyo a la gestión energética como sensórica, consumos de la propia instalación, autogeneración a través de energías renovables, almacenamiento eléctrico y nuevos tipos de consumos incipientes, como son las flotas de vehículos eléctricos.

«GAMMA» pretende mejorar y asegurar la competitividad de las empresas en el sector a través de un sistema que permite optimizar la gestión de los recursos energéticos y, del mismo modo, identificar medidas de mejora concretas sobre cualquier punto de la instalación del que se disponga de información directa o indirecta —inferida a través de otras variables— mediante la digitalización de los consumos energéticos.

 Otro ejemplo es el trabajo del ITE como coordinador de una red nacional de excelencia Cervera «HySGrid+», constituida por otros cuatro centros tecnológicos distribuidos por distintas comunidades autónomas, que tiene como finalidad desarrollar soluciones tecnológicas que impulsen el despliegue de comunidades energéticas locales y conseguir que estas puedan operar bajo premisas de balance neto positivo.

Por último, no solamente hay que abordar retos regulatorios y tecnológicos, sino también sociales.

En este sentido, es fundamental contar y promover mecanismos que involucren activamente a los ciudadanos, desde la creación hasta la puesta en marcha de las comunidades energéticas. Está demostrado que un enfoque bottom-up en este tipo de modelo energético es fundamental para lograr comunidades energéticas exitosas.

Cambios en la regulación, así como el desarrollo de soluciones tecnológicas orientadas a acercar la energía al ciudadano y habilitar su participación en la operación del sistema energético, pueden jugar un papel fundamental en la consecución de este objetivo.